Los geriátricos de Vizcaya se quedan sin personal en las vacaciones de verano

  • Las 148 residencias vizcaínas recurren a inexpertos e inmigrantes en estas fechas.
  • Sufren falta de empleados al ser trabajos desgradables, mal pagados...
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Las residencias de ancianos se están quedando sin trabajadores en verano. Ningún profesional cualificado quiere trabajar en este sector, así que en estas fechas deben echar mano a empleados inexpertos e inmigrantes para suplir las vacaciones de su plantilla.

Así lo denuncia CCOO. «Incluso hay geriátricos que no encuentran a nadie, así que los empleados que quedan tienen que hacer el doble de trabajo», protesta Iñigo Garduño, asesor de la Federación de Sanidad del sindicato.

Esto, inevitablemente, empeora la atención a los residentes. El problema es más grave en las residencias privadas, donde las condiciones laborales son peores. En Vizcaya hay 148 geriátricos, y sólo 28 son públicos, según datos de la Diputación. Cuidar ancianos, muchos de ellos dependientes, es algo que casi nadie quiere hacer. Son trabajos muy físicos, que incluyen la limpieza e higiene personal del residente.

A eso hay que sumar que estas personas trabajan de noche, en festivos, domingos... y por sueldos raspaditos. Un empleado de residencia cobra 1.140 euros brutos al mes. La gran mayoría de estos asalariados son mujeres.

«Al final, estas trabajadoras terminan cogiendo afecto a los residentes, y les atienden correctamente aunque eso implique una sobrecarga de trabajo», lamenta Iñigo Garduño.

En el fondo, hay un problema de déficit de recursos para la tercera edad. En Vizcaya viven 217.363 personas mayores de 65 años, y sólo hay 8.464 plazas de residencia de ancianos, según datos del Imserso. Es decir, los geriátricos sólo cubren al 3,89% de esa población.

Gran rotación de empleadas

Hoy día, la ley no exige ninguna cualificación para trabajar en un geriátrico. «Es un trabajo que deberían hacer enfermeras, pero hay pocas, y se las quitan de las manos», explica Iñigo Garduño. Los trabajadores cambian a menudo de centro.

«Las condiciones son muy malas, así que a poco que en otra empresa dan un poquito más, la trabajadora cambia a otra residencia», añade. Según su experiencia, las condiciones laborales son peores cuanto más pequeño es el geriátrico.

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