Los vecinos se quejan de que no pueden ni entrar a sus casas y los comerciantes, de que los clientes pasan de largo. La calle Cerrajeros, entre Mesones y Salamanca, estaba ayer cortada por un extremo, llena de tubos, máquinas y herramientas por el otro, y levantada en canal de cabo a rabo. Para entrar en las viviendas, una mísera, y peligrosa, pasarela de madera.

«No podemos ni entrar a nuestras casas», se quejaba una de las vecinas. «Y los clientes no se atreven a llegar a nuestras tiendas», lamentaba un comerciante.

Desde que hace dos semanas comenzaran a renovar las calzadas en el entorno de la plaza Bib Rambla, el tránsito por esa zona del casco histórico se ha vuelto cada vez más insoportable.

Los comercios, llegadas las rebajas, empezaron a tirar los precios para captar a unos clientes que bastante tienen con atravesar las callejuelas sin tropezarse y caer en una zanja.

Las obras afectan a 17 calles del centro histórico (en varias fases) y durarán todo el verano. Cuando acaben, las vías tendrán la misma solería, y sin aceras.