El músico y escritor Sergio Algora.
Sergio Algora y músicos de La Costa Brava. Archivo

Una triste noticia corre como la pólvora hoy en la escena independiente nacional: anoche murió en su casa Sergio Algora, vocalista de El Niño Gusano, una de las bandas más imaginativas del indie nacional.

Música deliciosamente imperfecta

Sergio Algora (1969-2008) escribió algunas de las más interesantes páginas de la historia del indie español en los noventa, con los cuatro discos que publicó bajo el nombre de El Niño Gusano, junto a Sergio Vinadé, Andrés Perruca, Mario Quesada y Paco Lahiguera.

Los años han puesto al grupo zaragozano en el sitio que le corresponde y toda su discográfica se ha reeditado , para disfrute de las nuevas generaciones. Un universo surrealista, absolutamente imprevisible, donde el encanto y la originalidad (no ha habido ni habrá nadie parecido a ellos en España) tenían más valor que la perfección o el virtuosismo técnico.

El Niño Gusano: "Pon tu mente al sol" (1996)

 

 

Algunos miembros de El Niño Gusano han sido o son parte actualmente de Tachenko , mientras que Sergio Algora continuó su carrera por separado, primero en Muy Poca Gente y, hasta ayer mismo, en las filas de La Costa Brava (este sábado tenían previsto un concierto en el Ceramic Festival).

Un último poema

Además de excelentes canciones, Algora deja tras de sí libros de relatos, muchos poemas e incluso una obra de teatro; muchos de sus últimos escritos se pueden leer en el blog publicaba en ClubCultura, de donde recogemos su tal vez último poema:

"Hombres pelados con cuchilla,
mujeres en el sacapuntas,
niños en la mina, planetas en el zoo, estrellas en el cortejo."

Dejé mi país para ser etíope por un año.
Dejé de dictar para subordinarme.

Etiopía estaba bajo la nieve.
La fiebre la había helado.

El matadero de la Adis Abeba estaba abandonado.
Los buitres habían construido allí una nueva ciudad.
Los niños, como heraldos, soplaban los cuernos
arrancados de las reses.
Los ancianos se convertían en pergaminos.

El ganado se reducía a cenizas.
Los adivinos contemplaban el humo
y las heces.
Los brujos traducían los poemas del premio Loewe.
Nos dábamos por el culo sin cesar,
tiritando en las chozas.

Cada nevada exterminaba una tribu.
Nos quedábamos con sus cuerpos y con sus enseres.

Parecía que un sueño invernal
iba a terminar con el hambre.

Llegaron los renos y Santa Claus
y cargaron en el trineo los leones famélicos
que se exhibían en el palacio presidencial.
Le dimos un león a la uno,
dos a la dos, tres a antena tres, cuatro a la cuatro,
cinco a la cinco, seis a la sexta, una jirafa a la once,
todo el oro de África a todos los santos,
el único clítoris mayor de dieciocho años
al único dios.

El entrenador de dios,
colocó el clítoris africano en el centro del campo
de un chochito blanco
y lo hizo debutar en el mundial.

Desde Calle 20 le damos nuestro más sentido adiós a Sergio Algora, agradecidos por los buenos momentos que nos ha hecho pasar.