El 20% de la población de Vigo está en crisis incluso cuando no hay recesión económica generalizada. Este porcentaje está por encima del dato provincial, donde es un 13%, y de la cifra gallega, del 15%. En la ciudad hay 59.600 personas que viven al límite de la pobreza, con unos ingresos mensuales por debajo del 50% del salario mínimo interprofesional.

Los servicios municipales son incapaces de hacer frente a todas las necesidades. Están pendientes centros de día y galescolas, pero sobre todo faltan el centro de emergencia social o el albergue municipal. Este centro, que además de contar con cerca de 50 camas tendrá servicio de lavandería y comedor, está diseñado pero aún no se sabe cuándo ni dónde se construirá.

A falta de infraestructuras municipales, el Concello está reforzando las dotaciones económicas a organismos que prestan ayuda social. En este sentido, la concejalía de Benestar Social ha invertido 495.000 euros en convenios con otras entidades.

Al programa Sereos, de atención a personas en riesgo de exclusión social en el Casco Vello, se destinan 28.000 euros. Además, hay una partida de 52.000 euros para financiar los gastos salariales de cuatro trabajadores. A través de este servicio se reparten al día una media de 200 bocadillos y se presta el servicio calor-café a transeúntes.

El convenio con Médicos do Mundo, para atención de drogodependientes, es de 68.000 euros. Con este mismo colectivo trabaja también Alborada; aquí la subvención es de 22.000 euros. Para temas de alcoholismo se ha firmado con Asvidal un acuerdo por valor de 11.000 euros.

Además, se ha renovado el convenio con el Comedor de la Esperanza, con una cuantía de 20.000 euros.

El convenio del Concello con Secretariado Gitano asciende a 105.000 euros. Con esta cifra se realizan programas de integración y educación. En total se benefician 50 familias gitanas de la ciudad, con una media de entre cinco y seis miembros en cada una. El Concello se ha adherido al plan autonómico por el que se buscan pisos para este colectivo en lugar de las chabolas. En Vigo hay cinco familias que «xa están preparadas para saír das chabolas e ir a vivir a un piso», según señaló la concejala de Benestar, María Méndez.

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