Muchos visitantes de la Expo intentan tirar del ingenio para ahorrarse largas esperas al sol a la puerta de los pabellones y llegan incluso a ofrecer dinero a los voluntarios para que hagan el trabajo por ellos. Otros, al saber que los voluntarios trabajan gratis, intentan dejarles una pequeña propina por los servicios prestados.

"Primero nos preguntan si cobramos y, cuando les decimos que no, nos dicen que nos pagan si les sacamos el fast pass mientras ellos visitan otras cosas", comentan una pareja de voluntarias de Ranillas, que destacan que es una práctica puntual.

Este tipo de encargos está fuera de las labores de los voluntarios, que así se lo hacen saber a los visitantes que intentan sobornarles. «Afortunadamente, la gente es muy educada y entiende que no podamos ayudarles», señalan.

La gente no se aclara con el nombre del fast pass

La pregunta que más escuchan los más de 600 voluntarios que hay cada día en el recinto de Ranillas está relacionada con el sistema de fast pass, un servicio al que los visitantes ya han dado más de un nombre insólito.

"No se aclaran y lo llaman de mil formas: fast food,  pai pai, pass pass, fass vas... al principio no lo entendía, pero ahora ya me he acostumbrado", dice otro voluntario.

Los voluntarios están unas seis horas al día en Ranillas y en este tiempo tienen que atender todo tipo de preguntas, desde la ubicación de los pabellones hasta otros servicios que no tienen nada que ver con la Expo.

«Muchos nos ven darnos crema solar de la que nos facilita la Expo y quieren saber si la regalan en algún sitio. Otros preguntan por cibercafés o sitios para conectarse a Internet y alguno incluso nos pide ayuda para volver al hotel», señalan.

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