Lawrence Lessig
Lawrence Lessig .

Si la batalla se pierde, el control de la cultura quedará en manos de las grandes corporaciones, las empresas del entretenimiento y producción cultural, opina Lessig.

Su discurso se va haciendo cada día más pesimista y más urgente, su llamada a las armas para luchar por unas leyes de copyright y derechos de autor más flexibles son cada día más acuciantes porque “es duro pensar que en 10 años habrá sólo cinco compañías que controlen cómo la cultura puede ser creada”.

Lessig congregó con su discurso electrificante y reconcentrado a varias decenas de personas en el Centro de Cultura Comtemporàia de Barcelona (CCCB), dentro de las jornadas Copyfight.

Desde abogados a programadores, pasando por profesores de derecho, periodistas… resulta difícil resistirse al discurso de Lessig, especialmente cuando ilustra con ejemplos los excesos de la propiedad intelectual, como el del escritor J. D. Lassica, que no consiguió la autorización de ninguna productora de cine para usar unos pequeños clips de segundos de duración de algunas películas para incluirlos en una grabación casera que sólo vería su familia.

“Hemos presenciado un cambio en la tecnología que reduce el coste de crear e incrementa las posibilidades de la creatividad”, sin embargo, “se ha producido una tremenda reacción [de las empresas de entretenimiento] para detener esta creatividad”, dice Lessig.

Así fue en su momento con la imprenta, y así ocurre con las tecnologías digitales. La diferencia fundamental es que el universo digital convierte a los ciudadanos en potenciales autores, creadores, participantes de la cultura.

 “Lo que está en juego en el actual debate [sobre la propiedad intelectual] es la oportunidad que da la tecnología para reducir radicalmente el coste de distribuir el conocimiento”.

Antes de la tecnología digital el copyright mantenía el equilibrio entre la protección de los autores y el acceso a la cultura de los ciudadanos, pero las nuevas tecnologías han roto ese equilibrio, y las empresas de entretenimiento, las discográficas, las productoras de cine, etcétera han conseguido que las leyes de copyright “extiendan sus límites hasta un punto impensable”, critica Lesig.

El panorama es cada vez más sombrío, como demuestra la reciente decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos sobre la red de intercambio de ficheros Grokster, opina Lessig, una sentencia que coloca una espada de Damocles sobre los innovadores porque “creará incertidumbre sobre la [legalidad de la ] tecnología”.

Una decisión como esta “hará que cientos de innovadores tengan que gastar su dinero en los tribunales defendiendo los usos legítimos de su tecnología”, dice Lessig.

El panorama es sombrío, y urgente para los batalladores del copyleft, y Lessig lo deja claro, “hay que elegir las batallas correctas, aquellas que muestran que esto es una lucha por la creatividad”.

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