El 22% de los jóvenes que van a gimnasios toma drogas para muscularse

  • La vigorexia todavía no está considerada enfermedad.
  • Empuja a muchos jóvenes a inyectarse sustancias peligrosas por razones estéticas.
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Usuarios de un gimnasio, en una imagen de archivo.
Usuarios de un gimnasio, en una imagen de archivo.
RAFA MOLINA

«La anorexia estalló hace unos años como problema, se estableció como enfermedad y se atajó. Pero con la vigorexia no hay concienciación ni control, y ya se están dando las primeras muertes por este trastorno». La voz de alarma la da el subdirector de la carrera de Publicidad y Relaciones Públicas de la Universidad San Jorge de Zaragoza, el valenciano Carlos Fanjul.

Se trata de un trastorno que distorsiona la

percepción del propio
cuerpo y lleva a los que la padecen, la mayoría varones jóvenes, a realizar compulsivamente
ejercicios y consumir sustancias de todo tipo para aumentar su masa muscular. El consumo de
sustancias provoca desde deficiencias en hígado y páncreas hasta cáncer de mama, de próstata y, en último término, la muerte.

Precisamente, Fanjul centró su tesis doctoral en este problema, y realizó un trabajo de campo en cinco gimnasios de Valencia en 2007 con
195 encuestas. Los resultados arrojan que un
22% de los jóvenes de 16 a 25 años que van al gimnasio confiesa tomar sustancias
ilegales, y otro 20% se plantea hacerlo.

La llegada del
verano dispara el consumo. «Hay chavales que las toman desde mayo, y
repiten al año siguiente».
Tráfico en gimnasios y por la red

Internet y los gimnasios se han convertido en los principales proveedores de pastillas e inyecciones para muscularse en poco tiempo. Personas sin control sanitario ni conocimientos médicos prescriben sustancias que pueden resultar muy peligrosas. «Los gimnasios lo niegan, pero a veces lo hacen los propios monitores. Mi experiencia es que no se controla», dice Fanjul.
Músculo y drogas
Perfiles de vigoréxicos Uno es el del profesional controlado por un médico, y el otro el del chaval que busca un ‘cuerpo 10'.
Modelo El 29% de los usuarios de gimnasios valencianos quiere parecerse a un modelo culturista.
Precios Las drogas ilegales (pastillas o inyecciones) cuestan de 200 a 300 euros por ciclo, y se toman más o menos cada tres meses.

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