Alberto Chicote se enfrenta a un restaurante 'fantasmal': "Si lo ve Stephen King, dos novelas le caen"

El chef madrileño Alberto Chicote, en 'Pesadilla en la cocina'.
El chef madrileño Alberto Chicote, en 'Pesadilla en la cocina'.
ATRESMEDIA

La tercera entrega de Pesadilla en la cocina, el programa dirigido por el chef Alberto Chicote, se desarrolló este jueves en un restaurante de la localidad de Plasencia (Extremadura), El Jardín del Pensador.

El local, tal y como explicó el servicio, adquirió "mala fama" con el tiempo. Este, bajo la opinión del cocinero de La Sexta, parecía "un restaurante abandonado": "A ver si sale algún fantasma, si lo ve Stephen King, dos novelas le caen", reaccionó tras la primera impresión.

Feli, el dueño, empezó en el negocio cinco años atrás. Compró una parte del local y comenzó a regentarlo solo, pero, para su asombro, esta decisión le acarreó tener que hacer frente a una elevada cantidad de deudas. "Me arrepiento. No soy feliz, lo llevo fatal, no vivo. No tengo para ir al cine o para ayudar a mis hijos. Cuando llegan los proveedores me quedo sin nada", explicó el jefe del restaurante a Chicote.

La poca firmeza de Feli a la hora de mandar a sus trabajadores y la desorganización del personal dentro y fuera de la cocina sorprendieron a Chicote: "El propietario está tan gris como la cocina. Vamos, que este jardín está abonado para que crezcan los problemas", opinó el chef madrileño, que al ver la situación se puso manos a la obra para salvar el negocio.

Pero la convivencia con los empleados de El Jardín del Pensador se volvió más complicada de lo que se esperaba: la cocina estaba limpia "solo porque había pasado Sanidad", los cocineros no atendían a las comandas, la comida se servía fría o cruda a los clientes y la calabaza siempre sin pelar. "La piel es para que el cliente se entretenga", se justificó Chema, el cocinero, a lo que respondió Chicote: "O igual saca un dominó, para que se entretengan más". 

Finalmente, el presentador consiguió, tras varias trifulcas, que el servicio se organizara. También conoció a la madre de Feli y descubrió algunos detalles sobre su pasado. Este vivió una juventud complicada al ser, durante años, adicto a la heroína. "Perdón, mamá", se disculpó emocionado.

Tras la emotiva conversación, Feli aseguró que iba a sacar a flote el local, que experimentó una renovación de su imagen. "Es muy reconfortante saber que quien está al frente de este negocio va a hacer todo lo posible por sacarlo adelante", evaluó el chef tras poner fin a un nuevo reto.

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