El Gobierno y los indígenas llegan a un acuerdo que pone fin a doce días de protestas en Ecuador

Manifestantes y agentes policiales celebran en Quito el acuerdo logrado entre el Gobierno y el movimiento indígena.
Manifestantes y agentes policiales celebran en Quito el acuerdo logrado entre el Gobierno y el movimiento indígena.
José Jácome / EFE
El Gobierno de Ecuador y el movimiento indígena llegaron este domingo por la noche a un acuerdo que pone fin a doce días ininterrumpidos de protestas que habían sumido al país latinoamericano en una de las mayores crisis de la última década.

El Gobierno de Ecuador y el movimiento indígena llegaron este domingo por la noche a un acuerdo que pone fin a doce días ininterrumpidos de protestas que habían sumido al país latinoamericano en una de las mayores crisis de la última década.

Con este acuerdo se establece un nuevo decreto que deja sin efecto el número 883, que contemplaba la controvertida eliminación de los subsidios al combustible, lo que permite instalar una comisión que elaborará un nuevo decreto y de la que formarán parte representantes gubernamentales e indígenas con la mediación de la ONU y la Conferencia Episcopal Ecuatoriana.

Arnauld Peral, de la representación de Naciones Unidas en Ecuador, confirmó que los líderes indígenas han accedido a desconvocar las protestas que comenzaron hace ya cerca de dos semanas contra el llamado 'paquetazo' del Gobierno, un ajuste económico exigido por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

"Con este acuerdo se terminan las movilizaciones y medidas de hecho en todo Ecuador. Nos comprometemos a restablecer la paz en todo Ecuador", manifestó Peral, que ha participado en el diálogo como mediador.

Al menos siete muertos

Peral constató que el país está en "una situación grave, dramática desde hace doce días. Ha habido muertos, heridos, personas que han perdido su empleo, su entorno, que han sufrido por sus familias, muchísima angustia. Ya llegó el momento de la paz, del acuerdo, el momento de mirar el futuro para Ecuador".

El mediador calificó al acuerdo de "fantástico y extraordinario paso adelante" para Ecuador, que ha vivido protestas, muchas de ellas violentas, que han dejado siete muertos, según la Defensoría del Pueblo.

El presidente del país, Lenín Moreno, dijo solemnemente que el acuerdo ha significado "sin duda alguna sacrificio de cada una de las partes porque eso es un acuerdo, el ceder de parte y parte".

Afirmó también que no existe "otro principio más maravilloso que la paz" y agradeció a los militares y policías porque sabe de la "sacrificada, esforzada labor que cumplen", porque muchos de ellos están también lesionados.

"Lucha y resistencia"

Por su parte, el presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie), Jaime Vargas, sostuvo que se debe respetar la Constitución, entre otros aspectos, en el campo de la consulta previa antes de acciones sobre sus territorios.

Y, en un resumen del proceso "de lucha y resistencia", enumeró que los indígenas han tenido más de 2.000 heridos, más de mil presos, alrededor de diez asesinados, alrededor de más de cien desaparecidos en el país", así como "tortura de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional".

En esa línea, pidió la renuncia de la ministra de Gobierno (Interior), María Paula Romo, y del titular de Defensa, Oswaldo Jarrín, pues "solo así el pueblo ecuatoriano tendrá paz y libertad y tendremos la oportunidad de seguir dialogando para construir proyectos participativos, que beneficien verdaderamente al país y al pueblo".

Fiesta en las calles

Tras conocerse el acuerdo, miles de ecuatorianos se lanzaron a las calles de Quito a festejar. Familias enteras, incluso con niños en pijama y con bebés en brazos, salieron a las calles en procesión, mientras en el parque del Arbolito, epicentro de los disturbios en la capital, miles de manifestantes gritaban insistentemente "¡Sí se puede, sí se puede!".

A la zona llegaban más y más gentes conforme transcurrían los minutos, concentrándose en las zonas de mayor iluminación y en ocasiones tratando de esquivar algunos cohetes que explotaban a baja altura y se desviaban de su trayectoria.

Atrás quedaba la batalla campal frente a las fuerzas de seguridad, con las que se batieron en esa misma zona entre las llamaradas de neumáticos ardiendo, barricadas y espesas cortinas de humo por el masivo uso de gas lacrimógeno.

En la zona, los manifestantes empezaron a recoger las barricadas que les sirvieron de protección, especialmente en los últimos días en que las protestas se tornaron mucho más violentas y con una fuerte represión policial.

Cientos de indígenas festejaban asimismo la "victoria de la lucha popular" en los exteriores de la Casa de la Cultura con bailes en los que portaban sus lanzas y hacían sonar tambores al grito de: "¡El pueblo unido, jamás será vencido!".

"¡Viva la unidad del pueblo organizado!", gritaban al tiempo que hacían sonar instrumentos ancestrales.

Por el norte de Quito, caravanas de automóviles avanzaban en medio de un ensordecedor y constante sonar del claxon que rompió el tenso silencio de las últimas horas en las que los ecuatorianos habían estado a la espera del inicio del diálogo.

Vídeos que circulan por redes sociales dejaban ver también a policías con sus equipos antidisturbios que estrechaban la mano de quienes hasta hace menos de una hora eran sus rivales, y que también seguían ataviados con máscaras antigás y escudos rudimentarios.

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