José Manuel Caballol, de la entidad Hogar Sí: "El sinhogarismo podría erradicarse en dos legislaturas"

José Manuel Caballol, director general de la entidad Hogar Sí.
José Manuel Caballol, director general de la entidad Hogar Sí.
HOGARSI.ORG

Con motivo este jueves del Día Mundial del Sinhogarismo, José Manuel Caballol, director general de Hogar Sí, habla con este diario de un problema que afecta a unas 31.000 personas en España, de las soluciones que podrían aplicarse, de Housing First, que cumple cinco años, y de la campaña La noche sin hogar el próximo 7 de diciembre.

La entidad, creada en 1998 y a la que Caballol pertenece desde esos inicios, importó Housing First en 2014, un programa llevado a cabo con éxito en otros países a la hora de hacer frente al sinhogarismo. En España, la reciente encuesta del INE de centros que atienden a personas sin hogar apuntaba a la existencia de 20.000 camas en ellos, lo que deja a 11.000 sin ninguna cobertura de alojamiento cada noche.

"El mismo estudio señala además que más del 60% de quienes trabajan en esos centros son voluntarios, religiosos o alumnos de prácticas, con solo un 25% de profesionales a tiempo completo. Y, de ese cuarto, más del 70% son profesionales auxiliares, es decir, dirigidos a la limpieza, la comida, etc. No son asistentes sociales, ni psicólogos, ni terapeutas…", denuncia el responsable de Hogar Sí.

¿Qué valoración hace de estos cinco años?

Muy buena. Hemos pasado de 28 viviendas a más de 300. Hemos logrado que más de 300 personas que estaban afectadas por sinhogarismo ya no lo estén y el 95% sigue en sus pisos desde que entró. Es un 10% más que la media de todos los proyectos a nivel internacional. Y todos han mejorado en salud, relaciones familiares, discriminación, adicciones...

¿Hay gente que ha prosperado?

Alguna persona ha sido capaz de tener una salida autónoma pero estos procesos son muy lentos. La media de años que llevaban en la calle las personas que están en el programa era de diez. Y todas tienen en el momento de entrar una adicción activa, un problema de salud mental o una discapacidad. Dos de esas condiciones o algunos incluso las tres. En estos años, entre diez y veinte personas han fallecido en sus viviendas. Ahí hemos tenido historias de familias que nos han agradecido inmensamente el tener una casa donde poder ir a recoger las cosas de sus hijos.

¿Qué perfil presentan?

Tenemos un 20% de mujeres y un 80% de hombres pero lo hemos forzado porque es la representación del porcentaje de hombres y mujeres que hay afectados por el sinhogarismo según cualquier estudio, a nivel estatal e incluso internacional. A partir de ahí te puedes encontrar con gente de índole muy diversa en cuanto a trayectoria vital. Tenemos una variabilidad grande de edades y procedencias.

¿Con la crisis se han visto cambios en el problema de los sin techo y en la gente que se queda en la calle?

No de forma tan espectacular como uno pudiera imaginar. Uno no se convierte en una persona afectada por el sinhogarismo porque le desahucien o porque se quede sin trabajo. Detrás de eso hay un proceso y a veces es largo. A uno le desahucian y va a casa de familiares o consigue que un amigo le ayude durante una temporada. Si mantiene su trabajo es posible que encuentre una solución a su problema de la vivienda. Si lo pierde sigue resolviendo el tema con esa red social que ha montado. La crisis sí ha creado una enorme cantera de personas con una vulnerabilidad muy grande, que a poco que además del desahucio y la pérdida de trabajo reciban otros dos o tres batacazos, en forma de muerte de un familiar, algún problema en la pareja o incluso algún elemento económico no esperado, pueden ser candidatas a acabar en la calle.

¿En caso de no tener recursos el programa cubre el alquiler y las necesidades básicas sin límite de tiempo?

Sí. No nos marcamos un plazo temporal. Ellos tienen que aportar al programa el 30% de los ingresos que tienen pero si tienen cero, nada. Lo que pasa es que es muy frecuente que en el momento que las personas tienen la vivienda sean capaces de conseguir enseguida algunos ingresos a los que tienen derecho: algunas prestaciones mínimas, alguna pensión no contributiva por su grado de discapacidad... Gestionar ese tipo de prestaciones en la calle es difícil y muchos terminaban sin cobrarlas. 

¿De dónde sale la financiación?

Fundamentalmente son fondos públicos. Tenemos hasta 60 financiadores porque lo desarrollamos en 17 municipios de 11 comunidades. Además ya hay Administraciones que quieren que esto sea un servicio público y lo sacan a concurso. Nos presentamos y gestionamos el contrato de las viviendas.

¿Y quién aporta las casas?

Un pequeño porcentaje son públicas y las conseguimos mediante acuerdos de arrendamiento. También estamos firmando un convenio con La Caixa para la gestión de unas cuantas pero de bancos tenemos muy pocas. El resto son las que están en el mercado del alquiler y muchas pertenecen a particulares.

¿Qué respuesta reciben por parte de los arrendadores?

Estupenda. El programa Habitat lo hacemos en alianza con la Asociación Provivienda, expertos en gestionar casas para colectivos en situaciones vulnerables. Tienen un equipo de profesionales fantástico capaz de convencer a los propietarios de que la mejor opción para su vivienda es la que nosotros les proponemos. Ofrecemos una garantía de pago, hay unas organizaciones detrás y la gente tiene un aval, y un seguro multirriesgo para asegurarles que la casa se les devuelve en las mismas condiciones. Además les ayudamos con la mayor dificultad que tenemos y es que el arrendamiento cuando es para una entidad jurídica no está exento de impuestos y eso a gente acostumbrada a alquilar a particulares le echa para atrás porque no sabe cómo va. Provivienda pone a disposición de los propietarios una asesoría jurídica para ayudarles a hacer todo el papeleo que sea necesario con coste cero.

¿Han tenido problemas en las comunidades?

Alguno mínimo. En general son buenos vecinos. Provivienda también tiene un equipo de mediación. Se lo ofrecemos al dueño y a la comunidad y en caso de algún problema tratan de resolverlo.

¿Qué reclaman a las Administraciones?

Participamos en las reuniones que el presidente en funciones hizo en verano para la conformación de su programa y le planteamos las mismas propuestas que le hicimos de cara a las elecciones del 28 de abril. Le decimos que el sinhogarismo podría erradicarse con voluntad política en dos legislaturas en España, que hay ejemplos en Europa de países que se han tomado en serio esto, que han hecho de Housing First y del modelo de vivienda una política de Estado para erradicar el sinhogarismo y que gastando incluso menos dinero que el que estamos gastando ahora, pero bien invertido, seríamos capaces de darle un buen bocado en ocho años. Reclamamos al próximo presidente que lidere el proceso para que sea posible.

¿Con qué percepción salieron de esa reunión?

En octubre de 2018 tuvimos la posibilidad de tener un encuentro con él en Moncloa. Quedamos satisfechos. Después anunció una serie de compromisos del Gobierno que entendimos que iban muy en la dirección adecuada y estuvimos trabajando con su equipo durante unos meses para tratar de traducirlos a lo real, que es el presupuesto. Lo conseguimos, de hecho en el proyecto de presupuestos iban algunas medidas muy concretas. Pero las cuentas no salieron adelante. Y ahora estamos esperando. Lógicamente nuestro mínimo va a partir de lo que habíamos conseguido esté quien esté de presidente.

¿Las personas sin hogar son un colectivo olvidado?

Es palmario que no han estado al frente de la agenda política a lo largo de todos estos años. Si lo que se está proponiendo es gestionar que en invierno no pasen frío, que tengan un techo en el que cobijarse en alojamientos colectivos, un plato de comida y ropa para cambiarse no estamos dirigiendo la mirada hacia la solución del problema. Les pedimos a los políticos a nivel estatal que, aunque no tengan competencias en su atención directa, lideren un proceso que sea igual en Cataluña que en Andalucía porque la experiencia de las personas en la calle no entiende de territorios y a las Administraciones competentes, autonomías y ayuntamientos, que pasen de un sistema basado en el alberguismo a uno basado en viviendas esparcidas en entornos comunitarios normalizados que es al final lo que consigue la integración.

¿Por qué es necesaria La noche sin hogar?

Porque es necesario el apoyo ciudadano y la mejor manera de que la gente conozca este fenómeno es viviéndolo. Es la propuesta que hace The World’s Sleep Out y a la que nos hemos sumado. Los problemas son más fáciles de arreglar cuando los ciudadanos piensan que esos problemas deben arreglarse. El sinhogarismo afecta a pocas personas en proporción con otros problemas. Eso también es importante para saber que es solucionable. Pero no tienen capacidad de influencia. Normalmente están desarraigados de sus familias, no votan, no se unen para reclamar sus derechos... Creemos que puede ser un momento de prestar atención a la erradicación de este fenómeno que en el siglo XXI y en sociedades como las nuestras debería estar ya erradicado.

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