Santo Ángel es una pedanía de Murcia de las de toda la vida. Allí, sus trabajadores no perdonan el almuerzo, las amas de casa charlan en el mercadillo y los mayores juegan a la petanca antes de ir por sus nietos al colegio.

Lejos del estrés de Murcia, esta pedanía llama la atención por su cordialidad. «Lola te importa quedarte con mi nieta que tengo que ir a comprar el conejo del arroz», le decía Carmen a su vecina, mientras su marido me pregunta «¿chaval por qué le haces tantas fotos a la calle?».

Una buena caminata

Gracias a Antonio, el marido de Carmen, conocemos la pedanía paso a paso. Así observamos, a primera vista que; Santo Ángel no tiene biblioteca, casi no hay contenedores para reciclar (sólo dos zonas), en la mayoría de las aceras no caben dos personas y el tráfico de camiones es muy denso en la calle principal y en una de sus salidas (la que une con la pedanía de Algezares).

Además, los vecinos tienen otras quejas. Dicen que el Ayuntamiento de Murcia pasa de los jardines de la localidad y que los árboles están llenos de polvo e insectos. «Parece que estamos en el culo del mundo. Aquí se abre una zanja para poner el alcantarillado y pasan semanas para que lo cierren», explicó algo mal humorado, Juan, un vecino de allí.

También se quejan de la falta de servicios, y a la mayoría le gustaría que las fiestas de allí fuesen más largas y mucho mejores. «Este año hemos tenido mejores fiestas que años anteriores gracias al pedáneo, pero deberían mejorarlas mucho para dar a conocer esto un poco más», explicó Rocío González, una vecina que reside en el centro del pueblo.

Pero no todo Santo Ángel es así. Lejos del centro y subiendo hacia el monte nos encontramos el otro lado de la moneda; el Verdolay.

Allí las aceras son muy anchas, hay aparcamiento de sobra, no pasan camiones y si ves gente en la calle es por que han sacado al perro a pasear o porque han salido a hacer deporte. «Vivir aquí es maravilloso. El único problema que tiene es que como somos muy pocos solemos ser punto de mira de los cacos», explicó Mario Soto, un vecino del Verdolay.

Pedanía dormitorio

En 1.960 Santo Ángel es incluido con la categoría de caserío en La Alberca, con 1.444 habitantes, destacándose ya una de las características del pueblo: ser un lugar donde los habitantes de la capital construyen segundas residencias, lo que se demuestra al constatarse la existencia de 547 casas, de las que sólo 382 estaban habitadas permanentemente. La actual Santo Ángel queda enclavado el Santuario de la Luz, importante yacimiento ibérico. De los trabajos arqueológicos se desprende que se llevaron a cabo actividades metalúrgicas en hierro y plomo.