Miguel Bosé y su expareja, Nacho Palau, hacen las paces por el bien de sus hijos

Miguel Bosé y Nacho Palau, en 2004.
Miguel Bosé y Nacho Palau, en 2004.
GTRES

El orgullo, las rencillas, las disputas, todo eso que muchas personas sacan a la luz cuando su amor se vuelve examor son el pan nuestro de cada día. Peor si hay hijos de por medio, lo más lógico, por el bien de ellos, es hacer las paces y mirar por su futuro.

Eso mismo han debido pensar Miguel Bosé y su expareja, Nacho Palau, que han llegado a un acuerdo durante el verano para que ambos puedan disfrutar de la compañía de sus cuatro pequeños.

Y es que, desde que en octubre de 2018 Palau, la pareja del cantante durante 26 años, le demandase para defender "sus derechos y los de sus hijos menores", la hermética relación que habían llevado saltó por los aires.

Un cuarto de siglo juntos que se desmoronaba y que ponía bajo lupa las dificultades de ambos para ponerse de acuerdo en torno a la educación y custodia de sus cuatro vástagos, todos ellos concebidos mediante una madre de alquiler en Estados Unidos (a fines del presente 2019 se celebrará el juicio donde se reclama la doble filiación de los cuatro pequeños).

De hecho, lo hicieron de tal forma que ambos tienen dos hijos biológicos: Tadeo y Diego nacieron de un vientre de alquiler inseminado con el material genético de Miguel Bosé, mientras que Ivo y Telmo lo hicieron a partir de una muestra de Nacho Palau.

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Esto produjo que los cuatro pequeños, que se habían criado juntos, tuvieran que separarse, marchándose Tadeo y Diego con el cantante a México mientras que Ivo y Telmo se quedaron en España con el escultor.

Ha sido para que se produjera el reencuentro y los pequeños no acusasen la ausencia de sus hermanos que durante la temporada estival Bosé y Palau han acordado que sus cuatro hijos pasen juntos una semana en cada una de sus casas.

Estas medidas sobre el régimen de visitas de los hermanos ha provocado que el verano de los cuatro niños haya bebido de dos estilos de vida totalmente diferentes: uno más cercan a la vida que llevaban y otro mucho más telúrico y silvestre.

Con Miguel Bosé, que aterrizó con sus hijos a finales de junio en Madrid, los jóvenes han vivido en la casa que el músico, de 63 años, tiene en la exclusiva urbanización de Somosaguas, en el municipio de Pozuelo de Alarcón, y que les ha recordado la vida familiar que solían llevar.

Sin embargo, con el artista plástico, Tadeo, Diego, Ivo y Telmo se han relajado y han disfrutado de un estilo de vida más sosegado. Han estado en Chelva, pequeña localidad valenciana de 1.500 habitantes donde actualmente reside el escultor, de 50 años, y en la que se las ha visto montar en bici y pasear por el monte.

Según una fuente próxima le ha contado al diario El País, "al principio hubo muchos abrazos y muchas ganas de contarse todo lo que no habían podido durante este tiempo".

Sin embargo, la edad pudo con todo ese cariño que se guardaban pues, al fin y al cabo, siguen siendo niños: "Unas veces se adoraban y otras se peleaban como pasa con todos los hermanos".

Actualmente, los procedimientos judiciales de separación siguen abiertos, toda vez que la más que probable causa de la separación fuera el traslado de Miguel Bosé primero a Panamá (donde nació) y luego a México en 2015 tras ser investigado por Hacienda.

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