Íñigo Losada
El investigador Íñigo Losada, uno de los autores del informe sobre océanos y criosfera de la ONU. JORGE PARÍS

El Informe sobre el océano y la criosfera en un clima en cambio de la ONU, presentado este miércoles, ha sido elaborado por más de un centenar de expertos de 36 países, entre ellos el investigador Íñigo Losada. Este informe, el primero específico sobre océanos y criosfera, se hizo público dos días antes de que este viernes los jóvenes españoles se sumen a la huelga global por el clima

Director de Investigación del Instituto de Hidráulica Ambiental de la Universidad de Cantabria y catedrático de Caminos, Canales y Puertos, Losada participó este jueves en una jornada organizada en Madrid por el Ministerio de Transición Ecológica. En ella compartió escenario con el profesor Javier Arístegui, el otro español que ha participado en el estudio, un estudio que alerta de que procesos como el aumento del nivel del mar por el deshielo se están produciendo a una velocidad mayor de la que se esperaba. 

¿Qué es lo que más le preocupa de las conclusiones del informe?
En informes anteriores teníamos un capítulo sobre costas, otro sobre océanos, pero nunca habíamos tenido esa visión integral de la interacción entre el océano y la criosfera y su relación con el clima. Lo más sorprendente es que, desde el punto de vista de los procesos no hemos encontrado nada que no hubiéramos identificado antes, pero sí hemos visto una aceleración de todos los cambios que se están produciendo. Nos está mandando el mensaje de que cada vez nos queda menos tiempo.

¿Destacaría alguna otra cuestión?
Esa es la principal, al margen de alguna específica sobre el aumento del nivel medio del mar, donde sí han aparecido algunos procesos nuevos, como el papel que juega la Antártida, que hasta ahora no estábamos considerándola adecuadamente. Eso nos ha llevado a ver que las proyecciones que habíamos hecho de dónde iba a estar el nivel del mar a fin de siglo las habíamos infraconsiderado y que es un poco peor de lo que esperábamos. 

¿Pero aún se pueden tomar medidas?
Al hablar del futuro hablamos de proyecciones y estas dependen de diferentes escenarios. En el informe hemos cogido uno muy favorable y otro muy desfavorable. Independientemente del proceso, con diferente horizonte temporal, hay una respuesta si se reducen las emisiones. Si mantenemos el calentamiento por debajo de los dos grados, algunos procesos se estabilizan a largo plazo y, a partir de 2050, las consecuencias de otros se reducen notablemente. Pero hay algunas sociedades que están llegando a límites de adaptación. La gente que vive en atolones o islas remotas que están en niveles por debajo de los dos metros lo tiene muy complicado.

¿Cuáles tendrían que ser esas medidas?
Primero, llegar a un acuerdo global e implementarlo en términos de mitigación. Las emisiones han seguido subiendo después del acuerdo de París. Necesitamos un compromiso y actuaciones concretas que permitan empezar a reducirlas. Eso pasa por una transformación económica, una economía verde, neutra en carbono. Con eso no resolveremos todos los problemas. Los que tendremos en los plazos más cortos requerirán adaptación, que tiene muchas casuísticas al ser un aspecto local y un tema de cuál es el riesgo que queremos asumir como sociedad.

Íñigo Losada

¿Es posible ser optimista?
Yo soy muy optimista porque hemos cambiado a mejor conceptualmente. La concienciación social, el rechazo del negacionismo, el papel que están jugando los jóvenes... son cambios radicales. Nadie pensaba hace quince años que íbamos a hablar de transición ecológica o de los vehículos eléctricos. La cuestión es si vamos a la velocidad necesaria para poder afrontar la problemática que se nos viene encima. La implementación de políticas de mitigación y adaptación requiere una urgencia que quizás no estábamos atendiendo de manera suficiente.

Mencionaba el negacionismo pero parece que aún hay voces a su favor, como la del presidente de EE UU, Donald Trump, o la del de Brasil, Jair Bolsonaro.
Yo no creo que nieguen el cambio climático. Simplemente no les interesa lo que supone combatirlo. Y una cosa son las opiniones del presidente Trump y otra la ciudadanía de EE UU, donde una parte muy importante está absolutamente comprometida. Creo que las reticencias se están venciendo y que cada vez hay más información que nos lleva a pensar que hay que actuar.

¿Van surgiendo problemas nuevos?
El cambio climático no es más que una presión adicional que sufre el planeta sobre muchas otras que estamos generando. Hay un caso muy concreto. Lo que vemos en la mayor parte de nuestra costa no es efecto del cambio climático, es efecto de la acción del hombre. La acción del cambio climático aumenta considerablemente los riesgos sobre la situación que tenemos ahora, pero nuestra costa ha sido totalmente transformada y eso ha llevado a que ahora seamos mucho menos resilentes al cambio climático que lo éramos en los años 60.

¿Qué efectos concretos sufrirá España?
El informe es global, tiene muy pocas referencias específicas, pero hay un conjunto de señales que en España también se están produciendo: aumento de la temperatura del océano, acidificación y aumento del nivel medio del mar. El estudio refleja que cotas del nivel medio del mar que inundan y erosionan la playa y que históricamente de promedio se venían alcanzando solo una vez cada cien años podríamos pasar a tenerlas una vez al año, en función de cuál sea nuestro nivel de emisiones. Eso quiere decir que, por ejemplo, los episodios de inundaciones en el Cantábrico de 2014, que se producen cada 40 o 50 años, en la mayor parte de nuestras costas podrían pasar a ser anuales.

Como las olas de calor...
Que cada vez serán más frecuentes. Hemos identificado que los eventos extremos van a ser cada vez más frecuentes. Pero también hemos visto que si somos muy exigentes en el nivel de reducción de las emisiones, la frecuencia se reduce considerablemente. Hay cuestiones que son irreversibles, el cambio climático ya está sucediendo, no podemos revertir los niveles a los que hemos llegado, pero sí podemos intentar pararlo, fomentar que algunos de los impactos no se produzcan o la recuperación de algunos de esos impactos. 

¿Qué opina de iniciativas como la huelga global del clima?
Hace quince años hablas de esto y la gente te dice que no va a salir a la calle. El nivel de concienciación, sobre todo en los jóvenes, es enorme. Son quienes van a sufrir las consecuencias. Pero quienes debemos resolverlo somos los que tenemos 50 o 60 años. Debemos sentar las bases para que ellos puedan vivir en un mundo en el que el riesgo no sea tan elevado.