Inés Plana: "Nunca escribes la novela perfecta, te pasas toda la vida buscándola"

  • La periodista y escritora de novela negra publica su segundo libro tras un exitoso debut en 2018.
  • 'Antes mueren los que no aman' continúa la saga del teniente Tresser de la Guardia Civil.
La periodista y escritora de novela negra Inés Plana.
La periodista y escritora de novela negra Inés Plana.
JORGE PARÍS

El teniente Tresser ha vuelto. La escritora Inés Plana (Barbastro, 1959) acaba de publicar, tras un debut exitoso, la segunda novela de la saga de este atípico guardia civil. Se titula Antes mueren los que no aman (Espasa).

¿Ha sentido presión?

Exterior, ninguna. Al contrario, han respetado mis tiempos; los escritores no somos máquinas. Bastante he tenido yo con mi propia presión, porque si bien Morir no es lo que más duele era una trama compleja, en esta novela me he atrevido con cuatro tramas interconectadas, con cuatro escenarios. Ha sido un reto, una lucha contra los elementos dentro de ese proceso tan gozoso y divertido que es escribir.

Ha escrito el libro en dos años y medio, ¿ha hecho muchas correcciones?

Sí. En la fase final casi les vuelvo locos (a Espasa) pidiendo tantas pruebas de imprenta para que no quedara nadie en el aire. La corrección, como siempre, es dura. Yo escribo más bien por intuición y voy desgranando la historia con cierta autocensura para no pasarme de frenada o no quedarme corta, pero a la hora de la corrección es cuando formas realmente la novela.

¿Es posible quedarse satisfecha al cien por cien?

Nunca escribes la novela perfecta, te pasas toda la vida buscándola. Yo doy por terminada una novela cuando veo escrito lo que tenía en la cabeza. Es el momento en el que digo: "Ya está, lo que tenía hecho, para bien o para mal, lo tengo solucionado". Es ver que esa novela está a punto de pertenecer a los lectores, ya no te pertenece a ti.

El libro habla de la crisis. Otros escritores del género, como Márkaris, también lo han hecho.

Salvo alguna excepción, no he leído novela negra durante la escritura, porque me influye. Hubo incluso un libro que tuve que dejar... En Morir no es lo que más duele marcaba 2007 como principio del desastre y en este, que va desde finales de 2009 hasta principios de 2010, ya estamos inmersos en los años de plomo. Eso, de alguna manera, determina las vidas de muchos de los personajes.

El protagonista de sus novelas es el teniente Tresser de la Guardia Civil. ¿Cómo se ha asesorado para describir su trabajo?

El teniente me atrae literariamente, tiene muchas complejidades. Pero el cuerpo también. Tengo un asesor, Germán, un sargento que generosamente me orienta en todos los procedimientos y que me permite conocer mucho más la intrahistoria de la Guardia Civil, cómo son sus vidas, etc. Nos hemos amigos. Es importante para mí ir segura con lo que él me cuenta y yo interpreto, no olvidemos que es una fabulación. Siempre le pido que sea un poco flexible. Me ha costado entender el funcionamiento de la Guardia Civil, es muy burocrática y la relación con los mandos es muy jerárquica, de un respeto casi sagrado. A nivel literario tiene mucha enjundia.

¿Cómo lo conoció?

Por casualidades de la vida. No quería llamar al gabinete de prensa del cuerpo y decir: "Necesito un guardia civil". Quería que surgiera por cosas del destino. Y resulta que tenemos nexos comunes que me hablaron de él.

Aquí asoma también el CNI, un campo interesante.

El CNI siempre da mucho juego. Al tratarse de un servicio secreto se supone que tienen un poco de patente de corso, entre comillas, para hacer y deshacer. No están tan pegados a la orden judicial, aunque en la Audiencia Nacional tienen un magistrado para ellos. Me pareció interesante introducir un personaje del CNI, me lo he pasado muy bien con él. Y no digo más…

La periodista y escritora de novela negra Inés Plana.
La periodista y escritora de novela negra Inés Plana.

Aborda la trata de mujeres, ¿cómo se ha documentado?

Lo básico para no encontrar historias concretas que me pudieran influir. Pero solo con saber que en España la prostitución factura seis millones de euros al día y que casi el 30% de las mujeres son menores… La situación legal de la prostitución es extraña. Es delito pero no, se persigue al proxeneta pero las mujeres están indefensas. En el caso del personaje de Luba, por ejemplo, lo de no tener familia le favoreció. Sin ser truculenta ni escabrosa, porque quería ahorrármelo, he puesto atención en esto porque me preocupa. Quería mostrar la devastación que puede suponer para una mujer el hecho de que la secuestren y la prostituyan.

Sus personajes están muy solos, son desconfiados.

Tresser era más solitario en la primera novela y ahora ha evolucionado, porque tiene que buscar a la niña. Me atrae mucho la soledad de los personajes, sin ser necesariamente seres solitarios. Pero sí que están en su propia soledad, tanto dentro de la maldad como dentro de otras vidas que están a punto de romperse, precisamente por esa desconfianza o por ese sentido de la deslealtad, de la traición.

¿Le cuesta construir las relaciones entre personas?

Muchísimo. Aunque una de las cosas con las que más disfruto es la creación de personajes, el inventarme vidas. En la novela he hecho un trabajo inmenso, que no tiene la mayor importancia porque va en mi equipaje de escritora. Me suelen decir que en mis libros lo de menos es el crimen. Me siento orgullosa del trabajo, es la parte que más pedazo de alma se lleva.

Alguno de sus personajes tiene que gestionar una muerte que no esperaba, ¿nos podría pasar a cualquiera?

Nos puede pasar. Nos levantamos cada mañana, salimos a la calle y es una sorpresa lo que el día nos deparará. Puede suceder que ocurra algo que te sobrepase, que sea más fuerte que tú y que no puedas controlarlo. A la hora de enfrentarnos a una muerte ajena, sea accidental o no, el impacto emocional es tan enorme que no te podría decir ahora ni cómo reaccionaría yo misma. Somos imprevisibles ante la tragedia.

¿Aragón estará presente en todas sus novelas?

Si puedo, sí. Me preguntan si ambientaré allí un libro o un escenario, pero ya llegará, es una cosa que tengo que respirar y sentir. En la primera novela hice un homenaje al vino Somontano y esta vez he hecho un festín gastronómico. Son cosas muy mías, Aragón es mi tierra y les estoy muy agradecida por todo el cariño que me han dado. Siempre que pueda poner una longaniza, una chireta o un tinto, aprovecharé. Ya que están comiendo…

También se ha fijado en Galicia, que tiene un ecosistema especial.

Es un ecosistema con vida propia y que de alguna manera singulariza el carácter gallego. Y también lo que puede suceder cuando uno está mucho tiempo fuera de un sitio con un sentido de la identidad tan potente. Cuando vuelves como hijo pródigo no siempre encuentras el cariño que pensabas y a veces te puedes sentir un intruso en tu propia tierra. Pero me interesaba mucho Galicia por el paisaje, que también determina la psicología de los gallegos, esa ambigüedad que tienen y que no es un tópico. A Galicia la tengo en el alma. Me ha gustado crear ese mundo en un lugar imaginario, porque Cieña no existe.

¿Hay algún lugar que le guste especialmente para escribir?

Frente al ordenador, sola en casa y sin gente alrededor. Nunca escribiría en trenes o aeropuertos, me pone muy nerviosa.

¿Piensa ya en el tercer libro?

De esta novela quedé muy exhausta, muy bloqueada. Pero ya empiezan a entrar imágenes de la tercera historia, que voy a empezar a escribir en pocos días. Cuando tenga una base por la que empezar, lo haré. No sé vivir sin escribir, lo necesito.

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