Taza de té
Taza de té GTRES

Si el plástico se ha convertido en uno de los problemas medioambientales más en boga últimamente, los microplásticos amenazan con seguir el mismo camino pero, en este caso, con efectos directos sobre la salud.

Aunque por ahora no están demostrados sus efectos -ingerir plástico, a priori, no suena muy bien-, cada vez son más los estudios que alertan sobre los millones de particulas de plástico que ingerimos. Se habla de unos 100.000 al año por persona, según un informe de este pasado verano.

Se trata de partículas microscópicas y no visibles, pero presentes en muchos productos. Una de las vías de contaminación más habituales viene del mar: la acumulación de plásticos en los acuiferos y en el pescado acaba también en nuestros platos.

Pero la lista de productos es preocupantemente larga y el último en sumarse han sido las bolsitas de té. Así lo alertan investigadores de la McGill University, que han analizado bolsitas de té de cuatro de las marcas más populares del Reino Unido con resultados no muy positivos: en contacto con agua caliente, una sola bolsa desprende más de 10.000 millones de párticulas de microplástico.

Una cifra que, además de asustar por sí sola, resulta alarmantemente superior a la detectada en otros productos. Los efectos sobre los insectos expuestos a esta concentración de microplásticos en agua tampoco invitan al optimismo: sobreviven pero presentan anomalías anatómicas y en su comportamiento. Sobre posibles efectos en humanos, recuerdan los investigadores, no hay datos suficientes como para llegar a ninguna conclusión.

La buena noticia es que son varias las compañías de té que ya han comenzado a apostar por bolsas libres de plástico. Un proceso que, seguramente, este estudio obligue a acelerar.