Javier Nadal: "Las fundaciones complementan al Estado del Bienestar"

Javier Nadal, presidente de la Asociación Española de Fundaciones.
Javier Nadal, presidente de la Asociación Española de Fundaciones.
JORGE PARÍS

Javier Nadal es un firme defensor de la labor de las fundaciones, sector al que considera un complemento básico del Estado del Bienestar. Reivindica su importancia en la labor social y cultural y apuesta por volcarse en modernizarse para que las fundaciones estén a la vanguardia en la revolución digital.

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¿Qué es una fundación?

Una fundación es un impulso de generosidad. Surgen porque alguien ve un problema en su entorno y a partir de ahí moviliza recursos propios o ajenos para resolverlo.

¿Por qué son importantes?

Son importantes porque son la pieza que cierra el puzzle del Estado del Bienestar. Las fundaciones no compiten con la Administración por resolver problemas, pero sí es un complemento ideal de cooperación público-privada.

¿Complementan al sistema público de de salud?

El sistema de salud en España es ejemplar, pero es grande y complejo. En ocasiones surgen enfermedades raras que el sistema no la tiene catalogada y qué ocurre, pues que aparece una fundación con personas afectadas.

Se genera un germen que, finalmente, consiguen hacer visible esa enfermedad. Y el sistema de salud público acaba adoptando esas enfermedades raras. Cuando nos fijamos en las becas de posgrado, la mayoría son de fundaciones.

¿Cuántas fundaciones hay en España?

En España hay unas 8.500 fundaciones activas. ¿Qué actividad económica generan? Generan una actividad económica de 8.000 millones de euros, cerca del 0,9% del PIB.

Eso es lo que se puede contar en dinero pero junto a la actividad que realizan personas asalariadas hay miles de voluntarios. El valor real, por tanto, es mayor, alrededor de un 30% más que esos 8.000 millones.

¿Cuántos trabajadores tiene el sector de las fundaciones?

Hay 240.000 trabajadores empleados directamente en fundaciones. Y tiene una cosa muy interesante y es que durante la crisis fuimos de los pocos sectores que crearon puestos de trabajo.

Con la crisis hubo más necesidad y por tanto hubo más demanda, problemas por resolver, pero también más dificultades de financiación. Y en cambio fuimos capaces de atender a más beneficiarios. Eso se logró gracias a que vivimos de reservas acumuladas de la época anterior a la crisis. Pero eso tiene un límite.

¿El Estado les financia?

Poco. Nosotros no pedimos apenas dinero al Estado, la Administración nos aporta alrededor de un 15% de nuestro presupuesto. El resto son donaciones de personas o empresas.

¿Y qué le piden a la Administración Pública?

A la Administración lo que le pedimos es que nos mejore los incentivos fiscales. Actualmente tenemos una desgravación del 35%. En otros países de la Unión Europea, esos incentivos oscilan entre el 60 y el 70%. De esa forma, participarían más personas y empresas con las fundaciones. Eso, en definitiva, es crear, articular e impulsar a la sociedad civil.

¿Qué beneficio obtienen las empresas de apoyar o crear fundaciones?

Las empresas son una parte de la sociedad civil. El compromiso con la Responsabilidad Social Empresarial es evidente. Son un activo fundamental. El beneficio que saca una empresa apoyando a una fundación o creándola es el mismo que una persona física, es decir, la desgravación del 35%.

Nada más, salvo que su nombre esté ligado a una acción positiva. Pero en todo caso es una aportación de sus beneficios a una acción solidaria.

¿Ningún beneficio más?

También refuerzan su marca si tienen una fundación a su nombre. En muchas ocasiones las actividades de una fundación están ligadas a voluntarios que son trabajadores de una determinada empresa. Por lo tanto, aportan su trabajo físico, sus conocimientos y capacidad, y todo ello es enriquecedor para la sociedad, para la empresa y para sus propios trabajadores.

¿En qué campos se centran las fundaciones fundamentalmente?

A todos los fines de interés general, pero fundamentalmente a la salud, la educación y la cultural son los principales. En estos tres campos hay mucha actividad por parte de las fundaciones.

¿Cómo se rigen las fundaciones, qué órganos de gobierno tienen?

El fundador marca los objetivos y reglas. Es obligatorio que exista un patronato, que sería el equivalente al consejo de administración de una empresa. La empresa tiene unos dueños, un capital, en cambio la fundación no tiene dueño, sólo la voluntad del fundador.

Y el patronato tiene la obligación de preservar esa voluntad y asegurarse de que con el dinero disponible se trabaja a favor de esa voluntad, de esa misión.

¿Una fundación no puede cambiar su misión?

No es fácil. Necesitaría que el protectorado lo autorizara. Hay fundaciones que proceden del pasado, de hace más de cien años. En su momento se creó para solucionar un problema que en la actualidad ya está solucionado.

Entonces, en esos casos, el protectorado tiene que interpretar qué haría el fundador, a qué destinaría el dinero el fundador. En todo caso, el dinero que se aportó en el momento de la fundación nunca vuelve al que lo aportó, pasaría a ser dinero público.

¿Qué diferencia hay entre una fundación y una asociación?

Una fundación es una institución fundada por una persona, con una dotación presupuestaria y definida para un fin. Su objetivo debe estar fijado en su fundación. En cambio, una asociación es un conjunto de personas que se reúnen para un objetivo pero su asamblea general puede cambiar el objetivo. En cambio, en la fundación perdura ese objetivo para siempre, aunque se vaya adaptando a los tiempos.

¿Las fundaciones compiten con las asociaciones?

No, para nada, somos como hermanos. De hecho, nosotros, la Asociación Española de Fundaciones (AEF) somos una asociación. Pero creo que la fundación es el mejor instrumento para preservar un objetivo, una misión. Se respeta la voluntad de un fundador. Esa es la gran diferencia entre una fundación y una asociación, pero ambas son muy importantes por la labor social que realizan.

¿Las fundaciones son transparentes o deberían serlo más?

Ambas cosas. Son transparentes, pero deberían serlo más. Están obligadas, todos los años, a hacer un plan de acción y a presentar unas cuentas que debe aprobar el protectorado. Teóricamente presentan unas cuentas que son públicas. Queremos que esas cuentas sean fácilmente accesibles. Pero eso no ocurre hoy en día porque el órgano regulador, que depende de la Administración, no lo permite.

También necesitamos que las fundaciones hagan un esfuerzo de comunicación para que la sociedad nos entienda mejor, que confíe en nosotros. Y para ello, entre otras cosas, necesitamos ser transparentes y aceptar posibles críticas en la gestión. La confianza es el principal activo de las fundaciones. Si la sociedad confía en nosotros, en las fundaciones, nos pondrán recursos para solucionar problemas.

Usted acaba de ser reelegido presidente de la AEF. ¿Cuáles son sus retos?

Me siento orgulloso de haber estado ya durante dos mandatos al frente de este colectivo que es extraordinario. Conocer a las entidades y a personas comprometidas que trabajan por los demás es una gran suerte. El objetivo es lograr que este sector se modernice.

El mundo está cambiando mucho. Las empresas del sector de la comunicación o tecnológico, que son las más cercanas a este cambio digital, han visto como el suelo se les movía y han reaccionado.

Pero hay otros sectores, que estaban como espectadores, y ahora ven que el tsunami les puede arrollar. En el sector de las fundaciones no podemos ser estatuas. Vivimos una transformación digital que acaba siendo una transformación global, de ideas, de todo.

No podemos ser el vagón de cola. Hay fundaciones centenarias, que tienen sistemas de funcionamiento que pueden resultar obsoletos. La AEF debe ser el Pepito Grillo del sector para que las fundaciones se actualicen y modernicen.

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