Baltasar
Imagen de archivo de un rey Baltasar con la cara pintada de negro. EFE

Esta semana se ha levantado una fuerte polémica en Canadá, después de que la revista Time difundidera una imagen del primer ministro, Justin Trudeau, con la cara pintada de negro en una fiesta de disfraces en 2001. Este hecho, el de pintarse la cara de negro, se conoce en los países anglosajones como blackface (también brownface) y está considerado como un gesto profundamente racista pero, ¿por qué?

Esta práctica tiene sus orígenes en el siglo XIX, cuando en representaciones teatrales, algunos actores se pintaban la cara de negro para representar a individuos de origen africano, normalmente exagerando sus rasgos o su forma de hablar. Uno de los motivos era la propia segregación: los negros no podían ser actores.

Del teatro se saltó al cine. La primera película sonora de la historia, El cantor de jazz (1927) estaba protagonizada por el actor Al Jonson, que interpretaba a un judío que se pintaba de negro para poder cantar jazz. Durante décadas, la costumbre de pintarse de negro para representar a individuos de origen africano fue común y habitual.

Pero con los años, esta práctica se ha ido desterrando, porque se considera que el blackface perpetúa estereotipos negativos y nació para que las personas de raza blanca se mofaran de los negros. En declaraciones a la BBC, Kehinde Andrews, profesor de Estudios Negros de la Universidad de Birmingham, afirma que "el blackface es una tradición fundamentada en el racismo, que consiste en gran parte en el miedo a los negros y en reírse de ellos".

En España

En España existen antecedentes de actores pintados de negro ya en las representaciones teatrales del Siglo de Oro, y a día de hoy es todavía muy habitual que en las miles de Cabalgatas de Reyes que se celebran en España, el rey Baltasar lo encarne una persona blanca pintada de negro. Más llamativo es el caso de la cabalgata de Alcoy, Alicante, que se celebra desde 1885 y en la que cientos de vecinos se puintan de negro.

Diversas organizaciones han denunciado esta práctica, como Es Racismo, que cree que es un "ejemplo de cosificación, humillación y despersonalización de personas afrodescendientes en España y tiene un trasfondo colonial. Es racismo".

El Ayuntamiento de Alcoy asegura que no hay ningún ánimo racista en esta tradición, pero para estas organizaciones, no comprender la dimensión histórica del blackface no es una excusa.