Desperdicio alimentario
Desperdicio alimentario. EFE

Lácteos caducados, frutas y verduras estropeadas o salsas abiertas durante demasiado tiempo son algunos de los productos que acaban formando parte de los residuos de las familias de buena parte del planeta. El desperdicio alimentario es en la actualidad uno de los grandes problemas mundiales y nacionales, si bien la mayor parte de los hogares españoles (91,6%) afirma que no suele tirar comida a la basura.

Esta cifra, extraída del informe sobre hábitos de aprovechamiento alimentario de la Asociación de Empresas de Gran Consumo (Aecoc) y presentada este jueves, contrasta con los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, que revelan que el desperdicio en los domicilios españoles se incrementó un 8,9% en 2018 y rozó los 1.340 millones de kilos/litros.

Esta discrepancia entre los datos oficiales del Ministerio y el informe obedece, de acuerdo con la directora de comunicación de la Aecoc, Nuria de Pedraza, a la reticencia de los españoles a reconocer que tira alimentos a la basura. El estudio, a partir de mil entrevistas a responsables de compra en los hogares en mayo pasado, ha arrojado que solo el 7,7% de los encuestados admitió desperdiciar comida con frecuencia.

"Lo que sucede es que a la gente le cuesta reconocer que efectivamente está tirando alimentos. A nadie le gusta confesar que no hace una gestión 100% eficiente de los alimentos en su casa. En el fondo, es algo que nos pasa prácticamente a todos", detalla a 20minutos.

El informe muestra cómo frutas y verduras son, con diferencia, los alimentos que se desaprovechan de forma más habitual. El 62,7% de los hogares españoles admite tirar con asiduidad este tipo de productos, por un 17,8% que termina desperdiciando el pan y la bollería y un 15,8% que se deshace de las salsas. Tan solo el 6,3% afirma que acaba prescindiendo de carnes y pescados.

Los jóvenes, los que más comida tiran

Los jóvenes de entre 25 y 34 años son los que reconocen más abiertamente tirar alimentos, con un porcentaje que se sitúa en el 11,7%. De acuerdo con De Pedraza, el hecho de que sea esta franja de edad la que más comida desaprovecha obedece a su "estilo de vida", con el que resulta más difícil llevar a cabo una buena planificación y es más habitual la aparición de imprevistos.

"Tú, por ejemplo, has hecho ya la compra y calculas que vas a cenar o comer en casa, pero te surge cualquier otro plan. El alimento que ya has comprado, en muchas ocasiones, acaba en el cubo de la basura", explica.

Uno de los motivos fundamentales que arguyen los jóvenes para explicar su desperdicio de productos alimenticios es el desconocimiento de recetas de cocina de aprovechamiento -un problema para el 22,1% de los millenials-, que les permitan reutilizar los restos de comida y convertir las 'sobras' en un plato apetecible.

Mala planificación y corta vida útil

La mala planificación en las compras y la brevedad de la vida útil de muchos alimentos son las principales causas que esgrimen los consumidores para justificar el desperdicio de comida, seguidas de la ignorancia de recetas de aprovechamiento y de espacio para almacenarla.

No obstante, apunta la directora de la AECOC, resulta "significativo" que el 5% del total de los encuestados confiesa que tira alimentos porque son baratos y, dado su escaso precio, "no merece la pena conservarlos".

Perjuicio económico y medioambiental

Detrás de este desaprovechamiento de comida, se encuentra lógicamente un desperdicio económico, pero también un grave perjuicio para el medio ambiente, debido al elevado coste en recursos naturales que la producción de alimentos supone.

"Hay un impacto medio ambiental muy importante. Si esos alimentos se consumen, es una utilización lógica; pero, si un producto se va a la basura, estamos derrochando recursos para fabricar algo que nadie va a llegar a consumir", recalca De Pedraza.

La producción de alimentos exige, por ejemplo, un gran consumo de agua y, en el caso de que el alimento no llegue a consumirse y se destruya, se generan residuos con una repercusión medioambiental "muy negativa".

Además, la directora de comunicación de la AECOC cuestiona la moralidad de desperdiciar comida: "Hay que tener en cuenta que el alimento es un bien al que muchas personas no tienen acceso. En una sociedad como la que tenemos, que una persona tire comida, desde el punto de vista ético, no parece razonable".

Donación y reutilización, la alternativa

No obstante, en la AECOC son optimistas y consideran que la sociedad va tomando conciencia poco a poco de los perjuicios de desperdiciar alimentos, puesto que dos de cada tres hogares afirma que tira menos comida que hace unos años. A esto, asegura De Pedraza, han contribuido las campañas de sensibilización que las administraciones públicas y las organizaciones han puesto en marcha para cambiar los hábitos de la población.

Para luchar contra este desperdicio alimentario, De Pedraza sugiere diferentes medidas que ya llevadas a la práctica en mayor o menor grado, entre las que se encuentra la donación de productos que no llegan a comercializarse pero que son aptos para el consumo humano.

Asimismo, propone que, en el caso de que los productos no puedan destinarse a la alimentación humano, se suministren a animales o, en su defecto, se empleen para elaboración de compost o transformación energética.