Pedro Sánchez y Pablo Casado
Pedro Sánchez y Pablo Casado, este martes en el Congreso ARCHIVO

Aunque a medio gas y con los ánimos por los suelos, el Congreso ha vuelto a vivir este miércoles otro día histórico. Por segunda vez en menos de siete meses, hoy ha vuelto a celebrarse allí la última sesión de control al Gobierno antes del final de la legislatura, de que el lunes que viene se disuelvan las Cortes y se convoquen de nuevo las elecciones. Como era de esperar, el 10-N ha estado en boca de todos en una sesión que ha empezado con un bronco intercambio entre Pedro Sánchez y Pablo Casado y que ha terminado con un discurso de final de legislatura en el que la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, ha aludido a la gran duda de cara a la nueva cita con las urnas, si los ciudadanos acudirán a ellas. "Las personas podemos equivocarnos, podemos también cansarnos y desfallecer, pero la democracia es más sabia, más constante y más sabia que las personas", ha dicho Batet.

"Hace veinte semanas fuimos elegidos para representar a los españoles y convertir en realidades políticas sus esperanzas y sus ilusiones. No lo hemos conseguido, y en unos días rendiremos cuentas ante los ciudadanos, les pediremos su voto y ellos decidirán quiénes volverán a ocupar estos escaños", ha dicho Batet, en un discurso en el que ha agradecido el trabajo de diputados y trabajadores de la Cámara y en el que ha pedido disculpas "por todos los errores que hayamos podido cometer".

La ocasión merecía semejante mea culpa, dado el enfado que se percibe entre los ciudadanos ante la incapacidad de los representantes políticos de ponerse de acuerdo para una investidura. A su llegada, Casado ha dicho que la repetición electoral es "inaceptable". Según el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, "la gente está hasta los bemoles de todos nosotros". Una señora hasta se ha molestado en acercarse a la puerta por donde entran los diputados al Congreso para espetarle al portavoz de Compromís, Joan Baldoví, que no pensaba ir a votar, y algún otro grito en ese sentido se ha oído en el patio del Congreso desde fuera.

Dentro, a pesar de todo, este miércoles la bronca política ya con un indisimulado tono electoral ha alternado con los cálculos que unos y otros hacen de lo que deparará a los partidos políticos la nueva convocatoria electoral. La conclusión de este miércoles puede anticipar lo que ya el PSOE da por descontado que se encontrará en la campaña electoral, todos contra Sánchez, a quien el resto de grupos ha seguido responsabilizando de la no investidura. "En junio, los responsables llevaban coleta, ahora llevan corbatas", ha advertido un diputado de izquierda. 

Bronca Sánchez-Casado

La dinámica se ha visto nada más empezar la sesión de control. El líder del PP ha hecho la primera pregunta al presidente en funciones y ambos se han enzarzado en un cruce de acusaciones que ha sido jaleado con tanto entusiasmo por sus respectiva bancadas que Batet ha tenido que llamar al orden dos veces y conminar a sus señorías a respetar los turnos de palabra.

Casado ha acusado a Sánchez de "incapacidad" y de "la inacción más soberbia" desde las elecciones del 28 de abril, cuando sin sumar al PSOE más que el diputado del Partido Regionalista de Cantabria, ha pretendido "ser proclamado presidente súbito, como los santos", ha dicho Casado, que ha advertido de que "las elecciones las carga el diablo". "Ha traicionado a todos y ha demostrado que no es de fiar", le ha espetado.

El presidente del Gobierno en funciones ha contestado al líder del PP con otra tanda de acusaciones, entre ellas, que "cuando están en la oposición no reconocen la legitimidad del PSOE para gobernar". Ha aludido a la "corrupción", al paso de dirigentes del PP por el Tribunal Supremo, "la injusticia social" y la "crispación como forma de hacer política" como los motivos por los que triunfó la moción de censura, el PSOE ganó las elecciones del 28-A y, como dijo este martes en una comparecencia en L muy critica en el Congreso por utilizar Moncloa para un mitin electoral, Sánchez ha reiterado que espera que el10-N "los españoles den una mayoría aún más rotunda" al PSOE.

La vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo, y la portavoz del PP en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, han continuado después con su propio enfrentamiento dialéctico mientras que fuera del hemiciclo, por los pasillos del Congreso sus señorías insistían en culpar al adversario de lo ocurrido en los últimos meses y semanas y en pronosticar qué puede pasar el 10-N.

Rivera, no a Sánchez

También para afinar estrategias de campaña. Ciudadanos ha dejado claro que Albert Rivera continuará con su "no a Sánchez" que, tras el espejismo de su oferta a última hora para una abstención condicionada y pactada con el PP, "es más necesario que nunca". Compensará así los derroteros de la campaña de Unidas Podemos que, por lo que se ha escuchado este miécoles, discurrirán por el discurso de que Sánchez estuvo dispuesto a pactar con Rivera, una vez más.

En el PP aún tienen dudas de si en la de Casado predominará el buen tono con el que ayer explicó su 'no' a Sánchez o el tono bronco de este miércoles en el Congreso. Mientras, PSOE y Unidas Podemos se frotan las manos por lo mismo: los dos esperan que el tono agresivo del otro les beneficie.

Sobre las culpas, salvo en el PSOE, este miércoles el perdedor en el Congreso de "la batalla del relato" era Sánchez, como ganador de las elecciones a quien correspondía haber hecho el mayor esfuerzo. Como el presidente ayer, su Gobierno ha seguido hoy echando balones fuera. Preguntada por su cuota de responsabilidad, la ministra de Hacienda en funciones, María Jesús Montero, ha respondido que la "incapacidad de hacer que Unidas Podemos se sentara a hablar del programa", no de la coalición de la que Sánchez pasó página de forma inflexible en julio. Montero ha apuntado a Pablo Iglesias al asegurar que su renuncia a ser ministro "nunca fue real" y eso no permitió un acuerdo. "Desde que supo que no estaba dentro del gobierno no facilitó que el Gobierno se pudiera constituir", ha asegurado.

Cálculos electorales

Los cálculos son otra cosa. Ciudadanos lucha contra todos los sondeos conocidos e insiste en que les va a ir "bien". Mientras, el PP admite sus dudas sobre la posibilidad de que su suma con Ciudadanos y Vox sea suficiente para trasladar al Gobierno central los acuerdos en Andalucía, Murcia o Madrid. Sobre todo, ahora que sigue descartada la unión en España Suma que los populares querrían probar al menos en el Senado.

Según para quien, Vox ha dejado de ser una amenaza o lo sigue siendo. No lo es para los partidos de centro derecha o para algunos de la izquierda, de donde radica su duda en que el PSOE sea capaz de aglutinar tanto voto como en el 28-A. Por el contrario, los socialistas no dan por extinguida la alerta ultra y que considera que la desmovilización de los electores es un mito de sus adversarios. Su mensaje del día después sigue siendo que a Sánchez, que era el único presidente posible, no se le ha dejado formar Gobierno.

Como dijo Batet al terminar el de nuevo último Pleno de la legislatura, los ciudadanos decidirán en unas semanas a quiénes vuelven a poner en los escaños y dirimirán el reparto de culpas. Eso sí, desde ya el PSOE puede contar con un voto menos que el 28-A, el de un compromisario de Compromís que, ante el miedo al avance de Vox, confesó Baldoví que había votado a Sánchez.