Margaret Atwood
La escritora Margaret Atwood, autora de 'El cuento de la criada'. GTRES

Cuando Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939) publicó, en 1985, su novela El cuento de la criada, no podía imaginar que más de treinta años después se habría convertido en un fenómeno mundial. La culpa la tiene, sin duda, la adaptación de su distopía literaria a una exitosa serie de título homónimo (disponible en HBO), que lleva ya tres temporadas -y hay una cuarta confirmada- acumulando premios y alabanzas.

En la cresta de la ola de la popularidad, Atwood ha decidido aprovechar la corriente para darle continuación a su historia. La secuela, Los testamentos (editada en España por Salamandra), llegó a las librerías la semana pasada con máxima expectación (y una multitudinaria rueda de prensa en Londres, además de numerosas entrevistas en medios de todo el planeta). Incluso antes de su lanzamiento, la productora MGM y la plataforma Hulu anunciaban que esta nueva novela también se convertirá en una serie de televisión.

Falta conocer detalles como si se continuará la ficción protagonizada por Elisabeth Moss (¿con o sin ella?) o será una historia independiente, así como la fecha de rodaje. La autora canadiense participó en la primera traslación y se espera que también lo haga en esta, que podría incluso mantener el mismo showrunner y se desarrollará, como el libro, 15 años después.

El universo de Gilead, esa teocracia autoritaria ficticia que pone patas arriba los derechos y libertades de las mujeres (y de sus hijos) en un Estados Unidos que podría ser el actual, ha conquistado a la audiencia -y los lectores, pues una cosa lleva a la otra- porque conecta con las reivindicaciones de los movimientos feministas actuales (#MeToo en Hollywood, el #8M).

Apela directamente a emociones como el miedo y el odio y nadie diría que es fácil de digerir. Cada suceso que afecta a Defred/Offred, su protagonista, es otro puñetazo en el estómago y a veces resulta imposible escapar de la sensación de claustrofobia que provoca.

Hacia dónde va el mundo

Lo que Margaret Atwood ha querido contar en esta secuela es, en sus propias palabras, "cómo se derrumban" los gobiernos opresivos. Para ello, esta vez se ha servido de tres puntos de vista: el de tía Lydia, pieza clave del sistema; "desde dentro", la perspectiva de la hija de una familia influyente del régimen; y cómo lo vive, "desde fuera", una joven canadiense, el país que acoge a los refugiados. De este modo, la escritora ha buscado huir de la "repetición".

Ante la pregunta de por qué tenía que escribir una continuación tanto tiempo después, responde sin dudarlo que ha sentido que el mundo "avanzaba hacía allí", como explicó en la presentación en la Biblioteca Británica el jueves pasado. Empezó Los testamentos en 2015; Donald Trump ganó las elecciones estadounidenses en 2016.

Aun así, ella "espera y desea" que su cruel dictadura de ficción "sea una distopía", que jamás se haga realidad y se quede en las páginas de sus libros. Por eso esta segunda parte deja opción a la esperanza analizando "qué hace que caigan" los opresores que, en su opinión, "no suelen durar mucho". Ojalá que Atwood sí que nos dure y, después de los 80 años que cumplirá en noviembre, vengan unos cuantos más.

Candidata al Booker Prize

Días antes de editarse, la secuela de El cuento de la criada ya apuntaba a premio: Los testamentos es una de las obras candidatas al prestigioso Booker, por el que compite con autores como Salman Rushdie (Quichotte). El ganador, que se conocerá el 14 de octubre, se llevará 55.000 euros. Atwood ya lo logró en el año 2000 con El asesino ciego.