Ana Julia Quezada
Ana Julia Quezada, trasladada a la Audiencia Provincial de Almería. Ricardo García / EFE

"Ángel (Cruz), te quiero mucho, yo quiero a Gabriel, mi perro está dentro (del coche)", afirmó Ana Julia Quezada en el momento de ser detenida y esposada el 11 de marzo del año pasado, según la Guardia Civil.

Así lo han manifestado dos guardias civiles de la Unidad Central Operativa (UCO) que realizaron un dispositivo de vigilancia, control, reportaje fotográfico y detención de la acusada, que han explicado que lo primero que manifestó Quezada cuando le leyeron sus derechos al ser arrestada fue simplemente: "Muy bien".

Dicho día, han añadido, la acusada de matar al niño Gabriel dejó a Ángel Cruz, padre del menor, en Las Negras, en Níjar (Almería), y después se fue en su vehículo a la finca de éste en Rodalquilar, también en Níjar, en donde estaba enterrado el niño.

Además, Quezada habló consigo misma mientras introducía al pequeño en el maletero de su vehículo: "Ahora a llevárselo de aquí", según ha manifestado el teniente de la Guardia Civil que instruyó las diligencias del caso en referencia a las grabaciones realizadas en el interior del coche.

"Ana, no vas a ir a la cárcel"

El teniente, que ya intervino en la sesión de este miércoles, ha ratificado el contenido de las transcripciones de dichas grabaciones y ha reiterado que la acusada se arengaba diciendo en voz alta: "Ana, no vas a ir a la cárcel".

Junto a un agente que pertenece al grupo de Homicidios de la Policía Judicial de la Comandancia de Almería, que también fue comisionado para poder tomar declaración a diferentes testigos en Burgos, han explicado que los micrófonos no grababan de forma permanente.

Al contrario, uno de los micrófonos se activó cuando se introdujo el cuerpo en el maletero y grabó la primera secuencia de palabras, y posteriormente cuando cerró el portón la acusada, se registró un sonido "compatible" con la limpieza de las zapatillas de la acusada y el resto de frases manifestadas.

El agente que fue a Burgos ha dicho que el padre de Judith, hija de la acusada, le indicó que mientras estaba casado con Quezada tuvo dos episodios de fiebres "muy altas" y que los médicos no pudieron determinar el motivo, estando ingresado dos o tres días en cada ocasión.

Señaló este testigo que en un viaje corto a Madrid, se empezó a sentir "muy mal", que no sabía cómo había llegado a su casa y que tras conocer lo que había ocurrido con otras parejas de la acusada, pensó que ésta podría tener algo que ver, porque tras terminar su relación con ella no ha vuelto a tener otro episodio de este tipo.