Stylianos Messinezis ,la expareja sentimental de la expresa de ETA, Sara Majarena, a su salida de los juzgados de Valencia tras una de las sesiones del juicio en el que se le acusa de acuchillar presuntamente a la hija de ambos, en Valencia (España), a 10
Stylianos Messinezis ,la expareja sentimental de la expresa de ETA, Sara Majarena, a su salida de los juzgados de Valencia tras una de las sesiones del juicio en el que se le acusa de acuchillar presuntamente a la hija de ambos, en Valencia (España), a 10 Jorge Gil - Europa Press

La que fuera pareja de la expresa de ETA Sara Majarenas ha admitido este martes en la Audiencia de Valencia que acuchilló en enero de 2017 a la hija que tenían en común, de dos años y medio en aquel momento, porque sus entonces suegros le "presionaron" para que intentara matar a la niña, a la que asestó dos cuchilladas pero que pudo sobrevivir tras pasar más de un mes en el hospital.

El acusado, S.M., ha dicho estar arrepentido por ello mientras que la expresa de ETA, que ha declarado por videoconferencia desde el País Vasco, ha lamentado que este episodio ha sido "la pesadilla" de su vida y ha argumentado que su expareja quería hacerle "daño".

La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Valencia juzga desde este martes al acusado, nacido en Etiopía y de nacionalidad griega, por acuchillar por dos veces a la hija de ambos, a la vez que hablaba por teléfono con Majarenas -presa en la cárcel de Picassent por integración en banda terrorista- para hacerle saber que la menor "se estaba muriendo", pese a que finalmente no falleció.

En concreto, el procesado se encontraba el 15 de enero de 2017 en la vivienda en la que residía en la localidad valenciana de Benifaió junto a su hija, con la que convivía los fines de semana al encontrarse Majarenas interna en la Unidad de Madres del centro penitenciario de Picassent, donde vivía también la niña entre semana.

Según el relato de Fiscalía, el acusado estaba hablando por teléfono con Majarenas, recriminándole determinados aspectos sobre la relación con los padres de esta, cuando con ánimo de acabar con la vida de la menor y de menoscabar gravemente la integridad psicológica de su pareja, cogió dos cuchillos de la cocina -de unos 14 centímetros de hoja- y le asestó dos puñaladas a la niña, en la espalda y el costado, que retransmitió a su pareja.

A continuación, el acusado se dirigió hacia la Comisaría de la Policía Local de Benifaió y, de camino, llamó al padre de Majarenas para comunicarle que su nieta estaba supuestamente muerta y añadir: "Esto es un regalo a todos cuando celebráis que me odiáis, regalo de vuestro cumpleaños. Esto es, mi vida no me importa".

Al llegar a Comisaría, comunicó a la agente que se hallaba en el retén que había matado a su hija y fue inmediatamente detenido. Al llegar al domicilio, tras lograr abrir un agujero con un mazo, un agente se coló en la casa y sacó a la menor, que todavía estaba viva, que recibió inmediatamente atención sanitaria y que finalmente sobrevivió a las heridas.

PETICIÓN DE 30 AÑOS DE CÁRCEL

Por todo ello, tanto la Fiscalía como la acusación particular -la propia Sara Majarenas, en su representación y en la de su hija- solicitan penas de 30 años de prisión, prohibición de aproximarse a la exreclusa y la menor y de residir en el País Vasco por siete años, privación de la patria potestad y siete años más de libertad vigilada por asesinato en grado de tentativa y lesiones psíquicas, con las agravantes de parentesco y género. La defensa, por su parte, considera que solo existe un delito de lesiones y pide dos años de cárcel.

En la primera sesión del juicio, el agresor solo ha respondido a las preguntas de su defensa, en un interrogatorio en el que ha defendido que actuó de este modo porque sufría "amenazas" y "presiones" por parte de la familia de Majarenas. "Los familiares me presionaron para que cometiera este delito. Hasta hoy en día estoy pensando cómo lo he hecho. Me arrepentí en el momento", ha expuesto, al tiempo que ha reconocido los hechos, pero ha dicho no recordar "nada" de lo ocurrido.

Tanto el acusado como su letrado han tratado de relacionar esta agresión con las vinculaciones políticas de Majarenas y con su pertenencia a ETA. Por otro lado, el hombre también ha tratado de hacer ver al tribunal que su relación con la que entonces era su pareja "siempre fue muy bien y muy cariñosa" y ha incidido en que actuó movido porque "la quería pasionalmente".

Un amigo del agresor, que vivía con él en la casa en la que sucedió todo y que estaba durmiendo en una de las habitaciones y no se enteró de nada de lo ocurrido hasta que entraron los agentes de Guardia Civil y Policía, ha defendido también esta versión: "Él estaba muy afectado por el trato que le estaba haciendo la familia, me preguntaba si era buen padre. Él ha sido muy buen padre. Tuvo que tener algún ataque psíquico".

"IRA Y AGRESIVIDAD"

Por su parte, Majarenas, que ha declarado por videoconferencia como testigo, ha explicado que desde el principio de sus seis años de relación sentimental el acusado "tenía ataques de ira y agresividad y lo pagaba con silencios de uno o dos meses". "Luego eso se acababa con un perdón, yo le intentaba entender y hacerle ver que tenía que cambiar esa actitud. Esos episodios se fueron incrementando, casi todas las semanas. Notaba hostilidad y soberbia", ha manifestado.

La expresa de ETA ha detallado que él le llamó profiriéndole amenazas y seguidamente escuchó "un grito desgarrador" de su hija, que cree que se corresponde con el momento en el que su padre la estaba acuchillando. "Hubo un silencio. Decía algo de 'se está muriendo, se está muriendo'", ha relatado.

Además, ha argumentado que su expareja agredió de esta forma a la hija de ambos porque quería "hacerle daño" y ha negado que sus padres presionaran de ningún modo al agresor. "Estuvo viviendo en casa de mi padre, le ayudó en todo lo que pudo", ha defendido. Tanto el padre como la madre han coincidido con los argumentos de su hija y el padre ha recordado la llamada que le hizo su exyerno: "Me llamó y me dijo que había matado a la niña. Creo que me dijo que era mi regalo de cumpleaños".

También han declarado varios de los agentes que actuaron el día de los hechos. La agente que recibió en el retén al procesado ha recordado que este llegó "con las manos ensangrentadas" y dijo que había matado a su hija. Otro de los efectivos ha asegurado que el acusado no mostraba "ningún arrepentimiento" por lo que había hecho.

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