La costumbre no es nueva. Ya Quevedo, en su obra La vida del Buscón Don Pablos, dice que el padre del protagonista era barbero pero quería que le llamaran tundidor de mejillas y sastre de barbas.

Las empresas contentan a sus empleados dándoles importancia con la nomenclatura
La pomposidad en las designaciones impregna nuestro mundo laboral y todo el mundo quiere tener un título que suene importantísimo. Nos puede la vanidad.El problema es que esto
no es únicamente un esnobismo inofensivo.

En muchas ocasiones origina confusión, malentendidos, celos profesionales y toda una amplia gama de conflictos.

Lo que esconden

Falsos ascensos: Las empresas contentan a sus empleados dándoles importancia con la nomenclatura, pero sin aumentar ni sueldos ni poder. Lo hacen mediante el aumento de vicepresidencias y la subdivisión de la empresa en secciones que, por pequeñas que sean, pueden aceptar un director de sección. En otras ocasiones simplemente inventan nombres rimbombantes que no responden a una labor específica dentro del organigrama de la empresa. Los empleados que prefieren el respeto al dinero aceptan este trueque y, de alguna manera, renuncian a sus derechos de ascenso o reconocimiento.

Indefinición: El hecho de que haya demasiados directores dentro de una empresa produce enfrentamientos y pugnas por las demarcaciones de influencia, que acaban no quedando claras. Muchos empleados de grandes empresas conocen la posición en ella de su jefe directo, pero no de otros muchos jefes de otras secciones. La gente no sabe cómo dirigirse a cada uno y se cometen faltas contra el protocolo cuando se llama a alguien por el nombre que realmente corresponde a su labor.

Despiste para el cliente: Los vicepresidentes de hoy ya no son como los de antes. Cuando tratamos con uno de ellos, no sabemos realmente su grado de importancia. Pueden ser empleados de nivel medio con un título hinchado. El cliente cree que le está atendiendo alguien con mucho poder y se siente halagado. Por el contrario, si lo que el cliente quiere es reclamar, el alto título de su interlocutor hace que se cohíba en su presencia. La empresa siempre es la que gana.