Ana Julia Quezada, la única acusada por el asesinato del niño Gabriel Cruz en el juicio con jurado que se celebra en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Almería, se ha echado a llorar al inicio de la vista oral que preside la magistrada Alejandra Dodero a la entrada de los miembros del jurado, siete mujeres y dos hombres, que dictará su veredicto de culpabilidad o no culpabilidad.

Desprendida de la chaqueta azul con la que ha llegado a las 8:50h al Palacio de Justicia de Almería, la acusada ha tomado asiento junto a los letrados de su defensa Esteban Hernández Thiel y Beatriz Gámez, con los que ha intercambiado unas palabras antes de que rompiera a llorar conforme se ha ido llenando la sala.

La magistrada ha accedido a la petición de la defensa para que se le retiraran los grilletes de las muñecas después de que contestara afirmativamente a la pregunta de la magistrada sobre si iba a permanecer "en calma" en sala, ante lo que ha asentido. Por su parte, Hernández ha reiterado su postura sobre la afluencia de prensa en la sala, que ha permanecido unos minutos antes de dejar paso a los miembros del público.

Una vez que todas las partes han tomado asiento, la Letrada de la Administración de Justicia ha procedido a leer los escritos de acusación de la fiscalía y la acusación particular así como el escrito de la defensa, que en contra de las peticiones de prisión permanente revisable ve un posible delito de homicidio, por el que solicita un máximo de tres años de prisión.

Se retrasa un día su declaración

Ana Julia declarará este martes a primera hora ante el juzgado popular y no este lunes como estaba señalado en el calendario de sesiones fijado por Dodero. La jueza ha adoptado esta decisión debido a que la lectura de escritos de acusación y defensa, así como las exposiciones iniciales de las partes personadas en la causa, han concluido en torno a las 14.00 horas, lo que imposibilitaría que Quezada completase este lunes su declaración.

La fiscal Elena María Fernández, que acusa por un delito de asesinato y dos de lesiones psíquicas a la única acusada en el juicio, ha asegurado que Gabriel, de 8 años, "no tuvo opción de salir con vida" de la finca de Rodalquilar (Níjar, Almería), en la que murió el 27 de septiembre de 2018.

"Con claro ánimo de ocasionarle la muerte, de modo deliberado, consciente, a sangre fría y con absoluto desprecio a la vida", Ana Julia le dio "muerte de una forma tan repentina, inmediata e impredecible que anuló toda capacidad de reacción de este niño", ha sostenido la fiscal durante su intervención ante el jurado popular.

"Podía haberle salvado con una llamada"

La acusación particular que ejercen Ángel Cruz y Patricia Ramírez ha afirmado este lunes ante el jurado que Quezada mató a Gabriel Cruz "porque le estorbaba" y ha apuntado también un "móvil económico" ya que sabía que la abuela paterna del menor "tenía dinero". "El móvil es doble; por una parte, económico y, por otro, le incomodaba la relación de Gabriel con su padre, lo que le llevó a un total desprecio por la vida de un niño de ocho años y es absolutamente incomprensible", ha trasladado.

El letrado Francisco Torres, abogado que ejerce la acusación particular en la causa contra Quezada, ha reiterado que el pequeño estuvo "cerca de una hora con posibilidad de salvarse de haber habido una simple llamada". Durante su intervención en el inicio de la vista con jurado popular, ha mantenido que la muerte del menor no fue un accidente, como mantiene la defensa de la mujer. De haberlo sido —ha argumentado al respecto— pudo haber llamado al 061, a la Guardia Civil o a cualquier servicio de emergencias para socorrerlo, pero no lo hizo.

Por su parte, el letrado Esteban Hernández Thiel, letrado de la autora confesa del crimen, ha sostenido que si el pequeño falleció porque "todo estaba planeado" —como sostienen acusación particular y Fiscalía— "parece una chapuza enorme". "Matarle en la vivienda de su padre; quedarse allí con el revuelo mediático que se forma; seguir con ellos —con los familiares—... Un móvil que tiene poco sentido", ha mantenido ante los miembros del jurado, insistiendo en que su intención no era provocar lesiones al niño, ni añadir un sufrimiento añadido a los padres sino que "no se descubriese lo que había hecho" después.