Jamón ibérico, con cava
Jamón ibérico y cava, un gran maridaje. leonardo vazquez

El jamón, el ibérico, es uno de los productos españoles más apreciados dentro y fuera de nuestras fronteras. Y por eso comer jamón del bueno, el pata negra, cada vez nos cuesta más. Todo el mundo, también China, ha descubierto la delicia que es.

De manera que si vamos a cortar un poco de buen jamón o tenemos un sobre de jamón al vacío (recuerda abrirlo con tiempo), habrá que disfrutarlo plenamente. En eso tiene mucho que ver el maridaje. ¿Con qué bebida debemos acompañar unas lonchas o lascas de jamón ibérico?

Dos consejos iniciales. Uno es obvio, pero conviene recordarlo: olvidémonos de refrescos y bebidas azucaradas. El otro: no por tratarse de carne (curada, pero carne de cerdo al fin y al cabo) debemos pensar en un vino tinto.

La elección más clásica apunta al fino. Este vino generoso, uno de los grandes desconocidos para la mitad de los bebedores de vino de este país, aparece como un compañero ideal para el jamón ibérico.

El fino, ya sea del Marco de Jerez o de Montilla-Moriles, aporta aromas que acompañan muy bien por su suavidad, por su tono ligeramente salado y por su baja acidez. Elaborado con Palomino o Pedro Ximénez, las notas dulces de la grasa del ibérico suavizan el toque amargo de estos vinos.

Pero hay otras formas de maridar el buen jamón y los sumilleres más rompedores dicen que incluso mejores. Es el caso del cava, que se ha convertido en la última tendencia para acompañar al buen jamón ibérico.

El del cava es un maridaje por contraste. El toque espumoso ayuda a resaltar el sabor del ibérico. Pero, como decíamos al principio, de azúcar nada. Para que la experiencia gastronomica sea la mejor, se recomienda acompañar el jamón con un cava bajo en azúcares.

Es el caso del Brut o de algún otro cava con incluso más tiempo de crianza. El Brut sería el más recomendable para maridar con un jamón de cebo y para un ibérico de bellota, un cava con más crianza (finalmente, más seco).