Luciana Lamorgese, titular del Ministerio del Interior.
Luciana Lamorgese, titular del Ministerio del Interior. Fabio Frustaci/EFE

El Gobierno de coalición entre el Movimiento 5 Estrellas y el Partido Democrático, encabezado de nuevo por Giuseppe Conte, ha jurado este jueves sus cargos con la mirada puesta en acercar Italia de nuevo a Europa y romper con algunas políticas de la antigua coalición de los antisistema y la Liga de Matteo Salvini.

Entre los nombres que más expectativas han despertado está el de Luciana Lamorgese, una abogada independiente que estará al frente del Ministerio del Interior, el puesto desde el que Salvini dirigió durante 14 meses, con mano de hierro y polémica, la gestión de la inmigración y la seguridad bajo las consignas de "primero los italianos" y "puertos cerrados".

Lamorgese, de 65 años, es una de las solo siete mujeres que integrarán el Ejecutivo de 21 ministros (más el jefe de gabinete de Conte) y la única de todos los miembros del Gobierno de perfil técnico, no adscrita a ninguno de los partidos que forman la coalición.

Tendrá a su cargo toda la cuestión de la inmigración, que Salvini convirtió en su caballo de batalla en Europa y en un escaparate para alimentar su popularidad, aunque a fin de cuentas ha quedado fuera del Gobierno y promete una oposición sin piedad.

La nueva ministra del Interior ha desempeñado distintos cargos en la administración, el último de ellos el de prefecta (delegada del Gobierno) en Milán, desde 2017 hasta octubre de 2018.

Ha lidiado con distintas sensibilidades políticas, fue también prefecta de Venecia entre 2010 y 2013, y jefa de gabinete de los predecesores de Salvini en Interior: Marco Minniti (PD) y Angelino Alfano (Alternativa Popular).

Comentan que nadie ha hablado mal de ella, la califican de dialogante, resiliente y capaz de poner a todo el mundo de acuerdo, cualidades que pueden ser clave para enfrentarse a una previsible fuerte oposición, por ejemplo cuando se aborde la modificación de los dos decretos de seguridad de Salvini para eliminar las partes más polémicas e inconstitucionales, como se declara en el programa del nuevo Gobierno.

Desde su puesto de jefa de gabinete en Interior, asistió a los desembarcos masivos de inmigrantes que tuvieron lugar desde 2013 -181.000 personas en 2016-, se encargó de gestionar los incentivos a los ayuntamientos que se ofrecían a ayudar a los solicitantes de asilo y la creación del primer centro de acogida.

Nombrada prefecta de Milán en enero de 2017, desde ese cargo anuló una serie de ordenanzas antiinmigración emitidas por algunos municipios de la región dirigidos por la ultraderechista Liga.

"Vemos alcaldes que no siempre hacen su parte y les digo que es importante aceptar la diversidad, que es una riqueza, y actuar en favor de la integración", dijo entonces.

Y opinó que "el proceso de integración es necesario para evitar los fenómenos de radicalización". "El acogimiento debe ser equilibrado y sostenible y si todos hacen su parte no habrá problemas", señaló.

Sus cualidades, apreciadas por muchas instituciones, como Cáritas, que la considera una persona equilibrada, hacen pensar que abordará el fenómeno de la inmigración y las ONG de salvamento con prudencia, sin eslóganes y lejos del "Italia para los italianos" de Salvini.

El jefe de la Liga, ya descabalgado del Gobierno, mantiene su frenética actividad en las redes sociales para advertir contra cualquier cambio en el terreno de la inmigración.

"Esperamos que nadie tenga la intención de desmantelar el trabajo realizado sobre el tema de la inmigración. No sería un inconveniente para Salvini sino un problema para Italia", afirmó este jueves el líder de la Liga.

Y en su Facebook también advirtió:"¿Hablan de una nueva ley de inmigración? Ya huelo dinero, negocios. 10 barcos de ONG están ahora en el Mediterráneo... Lucharemos no solo en el Parlamento, sino en las calles y todos los alcaldes y gobernadores de la Liga dirán que no al negocio de inmigración ilegal".