MAR FLORES
La modelo Mar Flores, en abril de 2019. GTRES

Cincuenta años, que se dicen pronto. Y más quisieran muchos llegar a esa edad tal y como se conserva Mar Flores, que ha ofrecido a la revista ¡Hola! una entrevista cargada de exclusivas, así como un reportaje fotográfico en el que la exmodelo se luce en bikini y deja claro su mensaje: no ha perdido un ápice de belleza.

Además, ella misma se ve inconmensurable. "Lo que más me gusta de este momento es que he encontrado mi sitio. Todo el mundo me respeta: mi exmarido, mis hijos, mi pareja, mis hijos...", dice orgullosa de la nueva edad de su rostro.

Flores ha sido madre cinco veces y es dueña de su propia empresa, pero ella misma sabe que le ha costado verse con la libertad de la que a día de hoy no está dispuesta a desprenderse por nada del mundo.

"Me aterraba llegar a los cincuenta... y ahora que los he cumplido digo: 'Uau, estoy mejor que nunca'. Es un regalo, pero trabajo cada día en sentirme mejor", asegura la actriz y diseñadora.

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Según ella, la madurez emocional le llegó "mucho antes de cumplir" cincuenta años: " Me llegó en el momento en que me divorcié, cuando tuve que empezar mi camino de nuevo, sola, con cinco hijos".

Una juventud hasta París

Flores no escatima en exclusivas, como cuando cuenta lo mal que lo pasó de joven. "Con catorce años no era el patito feo, sino el más horroroso: era la más alta de clase, medía 1,82 y estaba por desarrollar, no tenía amistades y me sentía excluída, no porque me hicieran el vacío, sino porque me sentía acomplejada", relata.

Pero esa chica ganó un concurso de belleza a los dieciséis años. El premio, un viaje a París. Y ya que fue, se quedó. Aunque quería ser "veterinaria o azafata de vuelo", aprendió "que ser valiente tiene su recompensa".

Claro que lo pasó mal. Tanto que lo primero que lo primero que aprendió en francés fue a pedir por favor media barra de pan "porque no me daba para comprar la baguette entera. Vivía al día".

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Pero comienza a despuntar. Y a los veinte años se casa con Carlo Costanzia di Costigliole. "Me parecía que había hecho todo en la vida y que seríamos felices para siempre. Hoy, con cincuenta, veo eso de manera tan extraña", rememora.

Tuvo a su primer hijo y dejó de viajar internacionalmente, así que comenzó su etapa con Emilio Aragón en televisión. "Empecé una segunda vida ya como madre. Nunca he echado de menos el mundo de la moda, porque en su momento lo disfruté", analiza sobre su decisión de asentarse en España y hacerse presentadora.

Los años más duros

Todo el país la conocía. Y eso, claro, le afectó. "En un momento dado, todo el mundo comienza a hablar de mi vida.No podía controlar lo que estaba pasando, me arrastraba la corriente, no podía llevar las riendas de mi propia vida, daba igual lo que hiciera", responde sobre aquellos años.

"Lo gestioné de forma lógica, decente y razonable, pero se distorsionó. Lo sufrí, me hicieron daño... pero lo superé", recuerda la exmodelo, al mismo tiempo que asegura sin tapujos que no tuvo "la madurez" para defenderse a la par que mantiene que "no hay nada que defender".

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Pero en ese laberinto aparece Javier Merino, al que conoce después de separarse de Carlo. "De la amistad surgió el amor. En ese momento yo no era capaz de difrenciar lo que se leía y se escribía de mí de quien yo era en realidad. Él, que me quería y lo veia desde fuera, me ayudó a salir de esa espiral", comenta apasionada.

Estaba tan afectada, cuenta, que sus padres sufrieron mucho porque "leían todo" y hasta sus hermanas se enfadaron con ella. Le afectó a nivel físico, recuerda, pues se puso mala y hubo de parar.

Un gran matrimonio y ahora, el presente

Se casa con Merino en 2001, después de tres años de noviazgo. Desde entonces, con él, cuatro hijos y 17 años de matrimonio: "Ha sido maravilloso, muy bonito ver un proyecto familiar que has creado porque has querido y con la persona que quieres".

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Pero un día termina. "No somos propiedad de nadie, aunque te cases. Por más que quieras amarrar a alguien a tu lado, no puedes. Si esa persona se quiere ir, se tiene que ir. Y si tú la quieres, tienes que dejar que se vaya", argumenta.

Fue una decisión que le costó superar, pensó que ahí acababa su vida, pero no. "Yo quise ser la supermamá, la superesposa, la superanfitriona, SuperWoman... Y no funcionó. Ahí paré, y trabajé con mis terapias, mis lecturas y mis yogas", comenta sobre su pasado reciente.

Hasta que conoce a Elías Sacal. De estos 50 años hasta ahora saca una lección Mar Flores: "No cambiaría nada. Conoces todo tipo de personas, vives todo tipo de experiencias, pasas por vicisitudes de todo tipo y el resultado es lo que soy hoy. Repudiar eso sería renegar de mí misma", finaliza.

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