La escala Saffir-Simpson, creada en 1969 por Hervert Saffir y el director del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, Bob Simpson, mide la intensidad del viento de los huracanes y los posibles daños que puede ocasionar.

Tiene una clasificación de 1 a 5 basada en la velocidad del viento de un huracán. Si alcanzan la categoría 3, se consideran huracanes importantes y significativos debido a la pérdida potencial de vidas humanas y daños materiales. 

Según la NASA, el último huracán registrado, el huracán Dorian, tiene una categoría 5 y ha golpeado con fuerza en las Islas Ábaco, en Las Bahamas.

Categorías de la 1 a la 5

La categoría 1 se reserva para vientos entre 118 y 153 Kilómetros por hora. Produce daños mínimos en vegetación y casas móviles que no estén bien sujetas, pero se destuye total o parcialmente en tendido eléctrico y hay daños menores en los muelles.

En la categoría 2 los vientos alcanzarían entre los 154 y 177 kilómetros por hora. Se categorizan como vientos muy peligrosos por los daños considerables que podrían causar: las casas bien construidas podrían sufrir daños importantes en los techos y revestimientos, los árboles con raíces poco profundas serán arrancados o desarraigados y bloquearán numerosas carreteras. También se podría esperar una pérdida de energía casi total que podrían durar de días a semanas.

La categoría 3 agruparía vientos de entre 178 y 208 kolómetros por hora. Los daños serían devastadores: destrucción o eliminación de techos en casa bien cosntruidas, árboles arrancados y no disponibilidad de electricidad y agua durante varios días o semanas después de que pase la tormenta.

En la penúltima categoría, la 4,  los vientos alcanzarían intensidades elevadas, de entre 209 y 251 kilómetros por hora. Además de los daños aumentados de la categoría 3, los cortes de energía duraría semanas o posiblemente meses y la mayor parte del área sería inhabitable durante el mismo tiempo.

La categoría 5 es la última y más catastrófica. Los vientos ya superarían los 252 kilómetros por hora. Se destruiría un alto porcentaje de viviendas, los árboles caídos y los postes de energía aislarían las áreas residenciales y los cortes de energía durarían meses. También será inhabitable el área de paso del huracán por varias semanas o meses.