Rodaje de Los Muertos van deprisa
El director de fotografía discute con el cineasta sobre los planos que se van a captar. ARCHIVO

"Silencio y... acción". A las nueve de la mañana comienza un día habitual dentro del rodaje de Los muertos van deprisa, la ópera prima del cineasta Ángel de la Cruz, que se suspendió hace dos años por falta de presupuesto, y que protagonizan Neus Asensi, Chete Lera y Manuel Manquiña.

Nos vamos a aburrir un poquito cuando se vayan"

El pueblo de Rinlo (Lugo) ha acogido con cariño a estos vecinos tan particulares que se han apropiado del lugar con sus camiones, focos y grúas. Tanto es así que sus habitantes se sienten como parte integrante de esta película y, de hecho, veinte ciudadanos, incluidos el actual y el exalcalde, actúan como figurantes. Encontramos a María y José, un matrimonio que compatibiliza a la perfección su participación en el filme con su rutina diaria. "Nos vamos a aburrir un poquito cuando se vayan", comenta esta ama de casa.

Un pueblo 'secuestrado' por un rodaje

Como centro de operaciones, De la Cruz y su equipo han tomado prestado un bar de pescadores donde hay una improvisada mesa de motorización desde la que supervisan las secuencias que se filman. El aroma a café recién hecho ayuda a arrancar una mañana que se prevé larga e intensa. El día amanece nublado y las pocas gotas de lluvia que caen no preocupan a nadie. "Hemos vivido desde granizo, sol de verano, frío gélido, lluvia, nublado y a veces todo en el mismo día", nos comenta el director.

Está previsto que se filme en exteriores una de las escenas más importantes de la cinta: desmontar la emblemática figura que impide el paso del camión que conduce Asensi. Comienza el barullo y cada uno de los miembros del equipo prepara concienzudamente todo lo necesario para la toma. En pocos minutos, se construye un travelling sobre el que se harán los desplazamientos con la cámara. La maquilladora retoca a los actores y el microfonista se coloca pértiga en mano en un lugar adecuado para captar el sonido.

El director da las últimas instrucciones para la escena y todos se sitúan en sus puestos para comenzar a grabar. El ruido cesa, el tiempo se detiene y la auxiliar de cámara golpea la claqueta con el número de secuencia, plano y toma: ¡silencio, se rueda!