Agua del grifo
Una mujer llena las manos con agua del grifo. Dmitriy Shironosov

Según la Federación Europea de Aguas Envasadas (EFBW), España es el quinto país de la UE que más agua embotellada consume, solo precedido por Italia, Alemania, Bélgica y Portugal, nada menos que 10 millones de botellas al día, 132 litros de agua mineral por persona al año.

Esto, aunque varía según la comunidad autónoma en la que residamos, significa que, según un estudio de la OCU de 2017, un 46% de la población española asegura beber solo agua embotellada, frente a un 56%, que asegura preferir la del grifo y no consumir de forma habitual agua embotellada.

Los motivos por los que la gente se decide a beber agua embotellada son principalmente dos: el sabor y/o porque piensan que es más sana al estar libre de químicos. Pero, ¿es realmente así? ¿Qué tipo de agua es más recomendable beber? Analicemos las ventajas o inconvenientes de consumir un tipo de agua u otro.

¿Qué agua es más sana?

Afortunadamente, podemos afirmar que tanto el agua embotellada como el agua del grifo pasan controles tan exhaustivos que es igual de sano consumir una u otra. Según el Ministerio de Sanidad, el 99,5% del agua de las tuberías del nuestro país es apta para el consumo y, cuando no lo es, se corta el suministro.

Es decir, que, salvo contadas excepciones, podemos consumir agua del grifo sin temor a intoxicarnos, y lo mismo ocurre con el agua embotellada, que, al considerarse un alimento, está sometida a estrictos protocolos de control.

En este apartado entran en juego los argumentos de unos defensores de uno y otro sector que, aseguran, como es lógico, que el agua que ellos recomiendan es la más sana.

El sector del agua embotellada

Argumentan que esta no necesita ser tratada, pues es apta por el consumo desde su origen y está libre de microbios. Además, siempre tiene la misma composición. Según ANEABE (Asociación Nacional de Empresas de Aguas de Bebida Envasadas), "dos litros de agua mineral natural al día aportan minerales esenciales y oligoelementos ayudando al organismo a satisfacer las necesidades diarias de forma saludable".

El agua del grifo, en cambio, puede provenir de embalases, ríos, pozos, etc. lo que, además de hacer variar su composición, la hace estar más expuesta a patógenos y debe ser potabilizada con productos químicos para que sea apta el consumo. Además, afirman que el cloro con el que se potabiliza puede llegar a ser perjudicial para la salud.

Los defensores del agua del grifo

Desmienten estos mitos asegurando que el cloro presente en el agua que consumimos está presente en cantidades tan ínfimas que no existe riesgo para la salud y que las posibilidades de intoxicación por microorganismos son menos probables en el agua corriente debido a que deben pasar por más controles sanitarios que la embotellada: un control sanitario por parte del ministerio, un control técnico a cargo de los ayuntamientos y otro realizado por el gestor del servicio.

Por otro lado, alegan que son mucho más peligrosas las sustancias que pueden liberar las botellas de plástico en el agua embotellada, que en grandes cantidades pueden convertirse en disruptores endocrinos, como aseguró un estudio llevado a cabo por el Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada.

Ventajas de beber agua del grifo

2.000 millones de personas en el mundo no tienen acceso al agua corriente, por lo que disponer de ella es todo un lujo que no está al alcance de todos. Entre las ventajas que tiene consumir agua corriente, destacan:

  • El precio. Según el Ministerio de Sanidad, el precio del agua embotellada ronda los 21 céntimos por litro de media si lo compramos en un supermercado, mientras que pagamos unos 1,57 euros por cada mil litros de agua del grifo, 0,0015 céntimos por litro, prácticamente gratis. Es decir, que pagamos 140 veces más cara el agua embotellada que el agua del grifo. Al cabo de un año, una familia podría ahorrarse varios cientos de euros optando por esta última.
  • Es ecológica. El agua del grifo no tiene impacto medioambiental. Para AEOPAS (Asociación Española de Operadores de Abastecimiento), no podremos llevar a cabo una política real sobre el cambio climático si no ponemos en valor el agua del grifo y dejamos de beber de forma masiva agua embotellada. Y no le falta razón, pues para producir un litro de agua embotellada se necesitan unas 300 veces más energía que para un litro de agua del grifo.

    Por no hablar del impacto para el medio ambiente de los 10 millones de botellas de plástico al día que consumimos en España solo en agua. De ellas, no se recicla ni la mitad, a pesar de ser reciclables y de que existe el compromiso por parte de las empresas embotelladoras de reciclar el 95% en 2030.

Por esto motivos, diversas asociaciones y organismos como la OCU, Greenpeace, AEOPAS —a través de su campaña PROGRIFO— y la UE recomiendan el consumo de agua del grifo frente a la embotellada. Esta última instó el año pasado a los países miembros a endurecer los requisitos de calidad y a tomar diversas mediadas —como instalar más fuentes en calles y edificios públicos, etc.— para que los ciudadanos opten por el consumo de agua más sostenible.

Ventajas de beber agua embotellada

El mercado del agua embotellada mueve en España unos 1.000 millones de euros, una cifra nada desdeñable que no deja de crecer y a la que los productores, lógicamente, no quieren renunciar. Intereses económicos aparte, lo cierto es que el consumo de agua embotellada también tiene beneficios:

  • Su sabor. En España no hay un problema con la sanidad del agua, pero en algunas partes de nuestro país, sí con el sabor. Y es que, por mucho que nos enseñaran en el colegio que el agua no tiene sabor, no es cierto. Esto ocurre, sobre todo, en aguas duras (las que contienen más cantidad de cal), que tienen un sabor que puede no ser del agrado de muchos. Por eso, no es casualidad que en zonas donde el agua tiene más cal, como Murcia, Valencia o Canarias, el consumo de agua embotellada sea mayor que en regiones como Madrid, donde, según el Canal de Isabel II, el 96% de la población asegura consumir agua del grifo diariamente.

    El consumo de agua embotellada garantiza que el agua que bebamos tenga buen sabor, tanto por la menor cantidad de cal como por la ausencia de cloro. Sin embargo, eso no significa que el agua dura sea menos sana. Es más, el reconocido nutricionista Julio Basulto, gran defensor del agua del grifo, asegura que puede ser incluso más sana.
  • Es más recomendable en algunos colectivos. Aunque la cal o el cloro en sí no supongan una amenaza para la salud en general, hay colectivos en los que puede estar más recomendado —según la OMS— el consumo de determinadas aguas minerales, como personas con tendencia a los cálculos renales o personas inmunodeprimidas debido a que en este tipo de aguas tienen menor carga microbiana y a la aparición de bacterias resistentes al cloro.
  • Es la más recomendada en países donde el suministro no es seguro. En Europa y el resto de países occidentales, el suministro es seguro, pero no es siempre así en otros países con menos controles sanitarios. En estos casos, sobre todo para la población turista, lo más recomendable es beber agua embotellada.
  • Es necesaria en caso de emergencia. En caso de emergencias, catástrofes naturales, riadas, etc. es necesario disponer de agua embotellada para garantizar el suministro y evitar posibles contaminaciones, pues a menudo las redes se rompen y el agua se contamina con facilidad.

En conclusión, tanto el agua embotellada como la del grifo son saludables en España por lo que, por motivos económicos y ecológicos, lo mas recomendable sería consumir agua del grifo y dejar el agua embotellada para cuando sea estrictamente necesario. Pero por supuesto, el consumidor tiene la última palabra.