Médicos Sin Fronteras
David Noguera, presidente de Médicos Sin Fronteras España. MSF

Los 160 inmigrantes que el Open Arms salvó en el Mediterráneo pisan ya tierra firme. Los últimos 83 lo hicieron este martes, después de que un fiscal italiano ordenase su desembarco en la isla de Lampedusa al comprobar él mismo la grave situación que se vivía a bordo tras 19 días en alta mar. La pesadilla ha finalizado para ellos pero no muy lejos hay otras 356 personas que aún se encuentran bloqueadas en un buque sin que se les permita desembarcar en un puerto seguro.

Ese barco se llama Ocean Viking y, pasados trece días, su situación empieza a ser desesperada. Sus responsables han asegurado este jueves que solo les quedan "cinco días de raciones estándar de alimentos" y el equipo médico "está cada vez más preocupado por el rápido deterioro de la salud mental" de los rescatados.

Fletado por las ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) y SOS Méditerranée, es heredero del Aquarius, acogido por España en junio del año pasado en la que fue una de las primeras medidas del Gobierno de Pedro Sánchez. El presidente de MSF España, David Noguera, denuncia que desde entonces nada se ha hecho para articular un "mecanismo automático" que garantice el rescate y puesta a salvo de estos náufragos, que huyen de "situaciones límite". Considera que, por el contrario, cada vez se recurre más a "maniobras para bloquear el trabajo de las ONG, testigos incómodos" de este drama humanitario.

¿Cuáles son las últimas informaciones que les llegan desde el buque?
No hay avances significativos, a la espera de encontrar una solución que inexorablemente pasa por desembarcarlos en un puerto seguro. Estamos intentando hacer todo tipo de gestiones para que eso pase lo antes posible e intentando cuidar a ese grupo de gente tan vulnerable. Cada día que pasa es un poco más difícil. Este es un barco de rescate que no está preparado para tener a 356 personas durante mucho tiempo.

¿Esas gestiones las han enfocado especialmente hacia Italia y Malta?
Sí, pero no solo. Como organización internacional tenemos diversos canales de interlocución y estamos intentado utilizar todos los posibles, esperando una respuesta en positivo pero conscientes de la dificultad. Ahora estamos hablando del Ocean Viking y hace unos días, del Open Arms, pero hace años que estamos con este tipo de problemas, particularmente desde el año pasado con el Aquarius. Cada vez que ha habido gente rescatando personas, ya sea ONG, mercantes o pesqueros, se ha visto atrapada en un ping pong administrativo entre gobiernos que claramente demuestra su incapacidad para encontrar una solución ágil a este tipo de situaciones.

¿No ha cambiado nada desde entonces?
No. Necesitamos de una vez por todas y desde hace tiempo un mecanismo que, por un lado, asegure el rescate, es decir, que la gente que se lanza al mar en una situación desesperada, muchas veces engañada y en manos de mafias, sea rescatada, porque estas personas son víctimas, no culpables. Y por otro lado, que sean llevadas lo antes posible a un puerto seguro donde sus derechos sean garantizados y se les trate con la dignidad que merecen. En vez de estar como ahora, en una dinámica agotadora de caso a caso, con soluciones más o menos imaginativas, más o menos ocurrentes, necesitamos que haya de una vez por todas un mecanismo automático.

¿Qué respuesta están recibiendo de las Administraciones a las que han acudido?
De momento no tenemos permiso para entrar ni en Malta ni en Italia, ni en ningún otro país europeo, y obviamente el retorno a Libia no es una opción. Libia es un auténtico agujero negro en materia de derechos humanos básicos. Estamos a la expectativa de una solución lo más rápida posible.

Se ha llegado a acusar a las ONG de promover la inmigración ilegal e incluso de cierta connivencia con las mafias.
Me parece que la gente más o menos informada es consciente de la aberración de esas manifestaciones. Estamos acostumbrados a tener relaciones complicadas con diferentes actores, sobre todo en situaciones de conflicto. La diferencia radica en que esta vez es en Europa. La gente tiene derecho a expresarse como quiera, pero es reflejo de un deterioro. Nos llama la atención cómo, en un plazo relativamente corto, los discursos xenófobos o que atentan contra derechos humanos que entendíamos que estaban garantizados se han normalizado o se han blanqueado de alguna manera. Hay gente que dice tranquilamente que se ahoguen en el mar o que los devuelvan a Libia y con cierta connivencia, apoyo, silencios más o menos cómplices, de líderes políticos. Algunos de una forma muy histriónica, como [el ministro del Interior italiano, Matteo] Salvini, pero en España también hemos tenido casos claros en el Gobierno actual, en el anterior, en partidos políticos… de mensajes que, si no blanquean, tampoco son contundentes en el rechazo. Nos tendríamos que encontrar todos en un discurso unánime de que la opción de rescatar a gente del mar no se discute y que derechos básicos, como el refugio, tienen que ser garantizados.

Ocean Viking

El Open Arms se enfrenta a una posible multa de más de 900.000 euros por rescatar a migrantes. ¿Podrían tener ustedes el mismo problema?
No lo sabemos porque esto va caso a caso y se van inventado ocurrencias que en realidad son maniobras para bloquear el trabajo de las ONG, para alejarlas del problema y quitarle visibilidad. Somos testigos incómodos. Somos gente tozuda y estamos acostumbrados a trabajar en contextos muy difíciles por lo tanto ni las amenazas de multas ni las declaraciones altisonantes nos van a intimidar. Nadie nos va a convencer de que rescatar a esas personas está mal. Como presidente de MSF jamás me voy a sentar en una mesa a discutir si hay que rescatar a gente del agua o no. De igual forma que tampoco me siento a hablar sobre si hay que darle de comer a un desnutrido u operar a un herido de guerra. Y quiero pensar que la frase de la vicepresidenta [Carmen Calvo] sobre lo del "permiso para rescatar" habrá sido un error y que se disculpará, porque sino la perseguirá el resto de su carrera política.

Pese a los obstáculos, ¿seguirán saliendo al Mediterráneo a salvar vidas?
Lo intentamos. Teníamos un barco que era el Aquarius y le quitaron la bandera alegando motivos administrativos que en el fondo no eran más que otra estrategia, en este caso del Gobierno de Gibraltar, del Gobierno británico, atendiendo a presiones de socios europeos. Nos dejaron sin barco y hemos tardado unos meses en preparar otro y en encontrar una nueva bandera. Veremos, pero tenemos esa capacidad de persistir. Nos han bombardeado hospitales en Yemen y en Siria y los hemos reabierto.

Ahora tienen bandera Noruega y son dos ONG de origen francés. ¿Alguno de los dos países ha movido ficha?
Ahí estamos. Las conversaciones de momento discurren con cierto nivel de discreción. Estamos moviendo piezas y hablando con todo el mundo que quiere escucharnos.

¿Cuál sería el puerto más seguro?
Cualquiera que esté a una distancia razonable y en un país en el que los derechos de estas personas estén garantizados y su dignidad sea respetada como se merecen, como nos lo mereceríamos nosotros. Uno se encuentra teniendo que recordar cosas que parecen obvias. Son seres humanos que lo único que quieren es una vida digna para ellos y para los suyos.

¿Cómo han vivido lo del Open Arms? ¿Temen que su situación se pueda alargar tanto?
Ha sido un espectáculo lamentable, una competición de ocurrencias entre Salvini y el Gobierno español. Aunque no quiero señalar particularmente al Gobierno porque creo que partidos de la oposición tampoco han estado a la altura. Lo hemos visto con estupefacción y con la sensación de que faltan liderazgos inspiradores, creíbles, que pongan la discusión donde debe estar, más allá de la ocurrencia puntual. En el fondo del tema subyace una mediocridad de los gobernantes que nos debe preocupar a todos. Celebramos que finalmente esta gente esté en puerto seguro. Para los compañeros del Open Arms habrá sido una experiencia muy dura y les agradecemos ese esfuerzo. Nosotros estamos a la expectativa, esperando que ese espectáculo vergonzoso no se repita, pero no tengo muchas esperanzas porque cuesta encontrar interlocutores sólidos.

¿Para ustedes sería una solución desembarcar en algún puerto de España?
Agradecimos en su momento el gesto del Gobierno español y sobre todo se lo agradecimos a la gente de Valencia, que se portó fenomenal y nos dio a todos una lección de solidaridad y de acogida. Estamos abiertos a todo tipo de soluciones. Vamos a ver qué opciones hay pero hago de nuevo el mismo llamamiento: ¿Podemos ponernos de acuerdo de una vez por todas en rescatar a personas extremadamente vulnerables, que vienen de una situación límite, ponerlas en un puerto seguro y ya luego vemos cómo lo gestionamos? ¿Podemos encontrar un mecanismo más humano, solidario, que no genere estos niveles de mortalidad y sufrimiento? La respuesta es sí. La responsabilidad está en manos de los gobiernos y si lo han hecho hasta ahora es porque son unos incapaces o porque no tienen esa voluntad política. Eso es lo que tenemos que cambiar de una vez.

¿Le ve una solución a corto plazo al Ocean Viking?
No tengo un elemento objetivo para poder decir que en 24 horas estaría resuelto pero espero que la solución esté cerca. Porque me cuesta entender que otra vez vayamos a tener que esperar veinte días y tenga que ser necesario que suba a bordo un fiscal para certificar que efectivamente las condiciones de 350 personas en un buque de carga son insalubres. Estamos cerca de eso.

¿Tienen previsto algún tipo de actuación si la solución no llega?
Somos una organización con casi 50 años y acostumbrados a trabajar en entornos muy difíciles. Somos una ONG capaz de tener proyectos en Siria, en Yemen, en conflictos abiertos, con lo cual somos persistentes. Estamos convencidos de que lo que estamos haciendo está radicalmente bien. Vamos a seguir dando guerra porque es nuestra naturaleza. Desearíamos tener relaciones, sobre todo con los gobiernos europeos, de mucha mayor colaboración y de trabajo conjunto. Pero si tienen que tener un elemento de confrontación también lo tendremos.