“Que la paz te cubra, oh ciudad de paz“, la frase en La Rambla de Barcelona en apoyo a las víctimas del atentado terrorista del 17A.
“Que la paz te cubra, oh ciudad de paz“, la frase en La Rambla de Barcelona en apoyo a las víctimas del atentado terrorista del 17A.  Ayuntamiento de Barcelona

Es 17 de agosto de 2017. Miguel López y su hija salen de la calle Boquería que da a las Ramblas. Escuchan gritos. Él piensa que son los manteros que están siendo interceptados por los Mossos. De golpe, con un ruido ensordecedor, una furgoneta se dirige hacia ellos. Desde su silla de ruedas Miguel empuja a su hija para salvarla. Lo consigue. Él piensa que va a morir: cierra los ojos. Justo después el mismo vehículo engancha a otra persona que desvía su trayectoria. El cadáver de la atropellada cae sobre el cuerpo de Miguel. Todo ocurre en cuestión de segundos.

Dos años después el miedo sigue acosándole. "A día de hoy, para conciliar el sueño, tengo que tomar medicación. En el momento en que me quedo dormido es rara la noche en el que no tengo sueños recurrentes: revivo el momento, los gritos, la persona que quedó abrazada a mí...", explica Miguel a 20 minutos.

El último episodio ocurrió este miércoles. Saliendo del ambulatorio que tiene al lado de su casa, se encontró con un vehículo de Telefurgo, un Fiat blanco. Había tres personas dentro. "Me quedé completamente paralizado. Después pasé toda la tarde bastante fastidiado. Esta noche, incluso con medicación, me ha costado mucho dormir. Lo pienso y digo: es irracional".

Sin embargo, para las administraciones, Miguel no fue una víctima del atentado de Las Ramblas: sus síntomas no figuran dentro de los criterios del Ministerio del Interior utilizados para reconocer a las víctimas del 17-A.

No es el único: la Dirección General de Apoyo a Víctimas del Terrorismo, dependiente de este ministerio, negó el reconocimiento de los daños psicológicos del 82% de los 77 atendidos por la Unidad de Atención y Valoración de Afectados por el Terrorismo (UAVAT). Al ser rechazadas estas solicitudes, la UAVAT ha solicitado a las administraciones una "profunda reflexión" a la hora de definir los criterios que valoran si una persona es víctima o no.

Miguel López, uno de los afectados del 17A

Sara Bosch, directora de la UAVAT, explica que los requisitos que utilizan las administraciones para determinar si las personas afectadas son víctimas "están muy alejados a la realidad psicológica" y por lo tanto hacen "muy difícil" que estas personas puedan recuperarse del shock. Los criterios fundamentales que maneja el Ministerio del Interior, según Bosch, son cuatro.

El primero exige un informe que verifique que las personas fueron atendidas el día del atentado o en días posteriores muy inmediatos. Para Bosch este criterio "se contradice con las reacciones de las personas" porque, al estar muy confusas, pueden procesar lo vivido mucho más tarde. "Les cuesta mucho hablar del tema porque recordar, duele".

Además, su nombre tiene que figurar en los listados de los heridos aportados por la Generalitat de Catalunya. Sin embargo, la mayoría de las personas que ha tratado la UAVAT no estaban apuntadas. Bosch augura que los listados "los cerraron antes de que esas personas entraran en tratamiento".

El tercer criterio es el espacial. Este principio valora el lugar en el que el afectado se encontrase en el momento del atentado. Aunque Miguel estaba dentro de la trayectoria de la furgoneta, su nombre solo quedó registrado dentro del sumario como herido físico, pero no psicológico, por mucho que uno de los cadáveres cayera sobre su cuerpo y presenciara la escena de la masacre. 

El cuarto y último criterio que Bosch considera que complica con creces la situación de los afectados es el de "exclusividad": si aún habiendo vivido el atentado, la persona ya padecía un trastorno psicológico, entonces no será valorada como víctima. "El malestar psicológico del afectado debe de ser únicamente el del generado por el atentado", aclara la presidenta de la UAVAT.

Depresión postraumática y estado de alerta

La mayor parte de las personas que han vivido el atentado sufren un estado de alerta constante. El miedo nunca desaparece. "Ellos tienen la continua sensación de que algo va a pasar". El cerebro nunca descansa, siempre permanece atento. Esto produce "cambios de humor, de personalidad" y les vuelve "frágiles y sensibles".

Por otra parte, aquellas personas cuyos familiares murieron en el atentado suelen padecer depresión postraumática. Bosch explica que los afectados se autoculpan e imaginan cómo pudo morir su hijo, padre, abuela, hermano... Estas personas "reviven la muerte" y "sienten el dolor y terror de sus familiares".