La Casa de la Pradera
Michael Landon, en su papel de 'La Casa de la Pradera' ARCHIVO

Las praderas y pastizales de todo el mundo están comenzando a cambiar a consecuencia de la crisis climática provocada por la actividad humana, según concluye un estudio publicado en la revista estadounidense PNAS.

Dicho trabajo es un meta-análisis, a su vez, de 100 investigaciones anteriores en torno a ecosistemas de esta clase en diversos lugares del mundo. Sus conclusiones son claras: la combinación de factores como la contaminación,  la sequía o el aumento de las temperaturas están transformando las especies vegetales que pueblan las praderas y los pastizales.

Las consecuencias, advierten los investigadores, son muy negativas para los seres humanos: las praderas y pastizales representan una importante fuente de alimento para el ganado, y además, resultan vitales para frenar el cambio climático, ya que llegan a contener hasta el 30% del carbono que se emite por todo el mundo. Las praderas, además, son el hogar de numerosas especies salvajes que se hallan ligadas a ellas.

Cambios tras diez años

Según el estudio, estos ecosistemas son capaces de soportar los efectos del cambio climático hasta cierto punto; los investigadores han concluido que pueden aguantar intactos unos diez años, antes de empezar a transformarse.

"Son extremadamente resistentes", señala Meghan Avolio, profesora de la Universidad John Hopkins. "Pero cuando las condiciones cambian, su transformación puede ser muy drástica".

Así, la mitad de los experimentos observaron alteraciones en el número total de especies, y casi tres cuartas partes encontraron cambios en los tipos de plantas.

Incluso, la investigación desveló que podía variar la identidad de las especies del ecosistema sin que variase el número total de ellas. "El número de especies", apunta Avolio, "es una manera simple de entender un ecosistema, pero no tiene en cuenta la identidad de esas especies".

La identidad de las especies

Kim Komatsu, directora del trabajo e investigadora del Centro de Investigación Ambiental del Smithsonian en Panamá, afirma que "lo que realmente importa es cuáles son las especies que habitan en las praderas". "Podrías tener un pastizal invadido de malezas, con un gran número de especies, pero no sería tan beneficioso para los humanos".

Además, señala, el cambio global se produce a mayor velocidad de la que preveían los experimentos revisados para elaborar el estudio, por lo que "ya estamos empezando a ver en la naturaleza los cambios que mostraban los estudios de forma inducida".

En adelante, los investigadores se centrarán en investigar que especies son más sensibles al cambio climático y cómo les afectan estos cambios.

Las praderas

Originalmente, las praderas cubrían alrededor de una cuarta parte de la superficie continental de todo el planeta, aunque la mayoría han sido sustituidas por campos de cultivo y granjas. Existen en todos los continentes salvo la Antártida, y toman muy diversas formas según el clima particular en el que se encuentren.

Así, por ejemplo, en las praderas tropicales, caracterizadas por temperaturas relativamente estables y alternar una estación seca y otra húmeda, las hierbas que las cubren pueden llegar a superar los dos metros de altura, mientras que en zonas más frías estas pueden medir a duras penas unos milímetros.

Las praderas, además, constituyen en muchos casos regiones agricultoras tremendamente fértiles, por lo que son el hábitat que más útil ha resultado a lo largo de su historia al ser humano.