El juez de la Audiencia Nacional imputa Fridman, máximo accionista de Dia, por l
El juez de la Audiencia Nacional imputa Fridman, máximo accionista de Dia, por l MIKHAIL FRIDMAN - Archivo

Desde su juventud, Mijail Fridman tuvo clara su fórmula hacia la riqueza: comprar barato y vender caro. Así comenzó a hacer sus primeros negocios, revendiendo entradas en la puerta de los teatros de su Leópolis natal, una ciudad ucraniana, entonces parte de la Unión Soviética.

Hijo de funcionarios estatales que trabajaban como ingenieros para la industria militar, estudió en el Instituto del Acero y las Aleaciones de Moscú, donde residió hasta 1998 junto a su mujer y sus dos hijas.

Como tantos otros audaces inversores rusos, forjó su fortuna aprovechándose de las abruptas privatizaciones que siguieron a la caída de la Unión Soviética, en ocasiones, tomando cauces dudosamente legales gracias a su supuesta vinculación con grupos criminales y la KGB.

Su primera empresa fue Alfa-Foto, que comenzó vendiendo de ordenadores, pero evolucionó y creció hasta acabar comerciando con azúcar, cigarrillos, té y tapices hechos a mano.

A principios de los noventa, Fridman confundó Alfabank, que más tarde sería la pieza angular de su consorcio Alfa Group, del que también forman parte X5, la mayor cadena rusa de supermercados y otras empresas, entre las que se encontraba Crown Resources, la petrolera que contrató el Prestige.

Del petróleo a DIA

Pero la gran fortuna de Fridman, que actualmente asciende a los 15.200 millones de dólares según Forbes, comenzó a forjarse realmente con el petróleo.

Fridman dio buena muestra de la que sería su técnica maestra en el mundo de los negocios, comprando la quebrada petrolera ucraniana TNK por 800 millones de euros en 1997 y vendiendo su participación, 15 años después, por 28.000 millones.

Fue a partir de la venta de TNK en 2013, cuando fundó el fondo de inversión LetterOne, que acabó adquiriendo una participación en DIA. Su presencia en la empresa fue creciendo hasta la opa que le permitió hacerse con el control de la compañía a un precio de saldo gracias a la desesperada situación económica de la cadena de supermercados, al borde del concurso de acreedores.

Su agresiva forma de tensar la cuerda hasta el límite, que Fridman manejó con destreza desde sus inicios como reventa, acabó, supuestamente, sobrepasando la legalidad en Zed WorldWide, la empresa española que llevó a concurso de acreedores el 30 de junio de 2016 en una operación por la que, ahora, la Audiencia Nacional llevará al magnate ucraniano al banquillo.