La actriz Shirley Temple, en una de sus películas.
La actriz Shirley Temple, en una de sus películas. ARCHIVO
De la mayor pequeña estrella de los años treinta en títulos como La pequeña coronela a embajadora de Estados Unidos en Ghana y Checoslovaquia, la compleja y ecléctica vida de Shirley Temple cumple hoy ochenta años.


Fue la actriz más taquillera de su tiempo y recibió un Oscar especial con siete años
"Dejé de creer en Papá Noel cuanto tenía seis años. Mi madre me llevó a verlo a unos grandes almacenes y él me pidió un autógrafo". Así resumía Shirley Temple una infancia llena de fama pero en la que nadie se cuidó de preservar su inocencia.

Shirley Jane Temple, nacida en la localidad californiana de Santa Mónica el 23 de abril de 1928, no había tardado ni cinco años en meterse al mundo en el bolsillo con sus increíbles cualidades y la 20th Century Fox -como haría también la MGM con Judy Garland- no dudó en explotar a la gallina de los huevos de oro mientras fue posible.

Capaz de ejecutar las más complejas coreografías de claqué, de llevar los tirabuzones más inamovibles de Hollywood y con una candidez y una sonrisa que se tradujo en millones de dólares, Temple es uno de esos casos en los que el icono sobrevive a sus propias películas.

Carole Lombard y directores como John Ford asumieron estar por debajo de ella en el cartel, pero llegó el momento que los magnates del cine temían: la adolescencia.

Shirley, a pesar de que hizo mejores interpretaciones y filmes de mayor calidad -como Desde que te fuiste o El solterón y la menor -, no pudo compensar el peso de su pasado como estrella infantil.

En 1935 recibió un Óscar especial, con tan solo siete años, un premio que había entregado el año anterior a Claudette Colbert. También sus huellas son las más chiquitinas del paseo de la fama en Sunset Boulevard en Hollywood. Pero Temple, aunque siguió en el mundo del espectáculo gracias a algunos programas de televisión, dio por terminados sus gloriosos tiempos en el cine y se pasó a la política como miembro activo del partido republicano de Estados Unidos.

En 1967 se presentó, sin resultados positivos, a las elecciones a la Cámara de los Representantes como candidata por California, pero Richard Nixon sí la tuvo en cuenta y la hizo delegada adjunta de la misión norteamericana en la ONU, dentro del comité para el estudio de los problemas del medio ambiente, humanos y sociales.

Así ejerció, en 1974, de embajadora de los Estados Unidos en Ghana, en 1976 fue jefa de protocolo de la Casa Blanca y, ya en 1989, George Bush la designó embajadora de su país en Checoslovaquia.

Diez años más tarde, apareció en el 70 cumpleaños de la Academia de Hollywood y, desde entonces, dosifica sus apariciones públicas en pos de una vida tranquila y familiar en una casa al norte de California.