Lactancia, amamantamiento, bebé, lactante
Lactancia, amamantamiento, bebé, lactante FLICKR/AURIMAS MIKALAUSKAS - Archivo

Unicef ha impulsado estos días la Semana Mundial de la Lactancia Materna junto a organismos como la Alianza Mundial pro Lactancia Materna y la OMS, que la celebran cada año en más de 120 países para concienciar sobre los beneficios de este tipo de alimentación en bebés y niños.

Necesitaríamos varios artículos para enumerar todos los beneficios probados de la lactancia materna –o mejor dicho, los daños de no amamantar–, pues cada vez que se realiza un estudio encuentran nuevas bondades de este tipo de alimentación.

La lactancia materna estimula el desarrollo del sistema inmunológico, protege frente a infecciones, previene alergias, disminuye el riesgo de padecer obesidad, reduce las posibilidades de contraer cáncer de mama y osteoporosis en las madres... y un etcétera tan largo que Carlos González, reconocido pediatra experto en lactancia, asegura en su libro Un Regalo Para Toda al Vida que "si existiese una vacuna con los beneficios de la lactancia materna, los padres pagarían lo que fuera por tenerla".

Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos de concienciación y de todos los beneficios probados de la lactancia materna frente a la artificial, el porcentaje de mujeres que optan por la lactancia y la mantienen según las recomendaciones de la OMS es muy bajo.

En España, por ejemplo, aunque la mayoría de las madres empiecen a amamantar, más del 60% –según datos de The global Breastfeeding Initiativela abandona en los primeros meses y solo el 28,5% continua a los 6 meses, cuando la OMS recomienda la lactancia materna exclusiva hasta este período de tiempo y prolongarla hasta, al menos, los dos años de edad.

Los mitos más extendidos

El principal motivo para abandonar la lactancia materna es la vuelta al trabajo, pero no menos importantes son una serie de barreras y mitos a las que se enfrentan incluso las madres a las que les gustaría continuar amamantando más tiempo, muchos de ellos causados por la desinformación o la presión del entorno, como la supuesta falta de leche o las molestas al amamantar.

Eliminar las barreras que impiden que las madres que quieran dar el pecho, lo hagan, es una labor de todos, sobre todo de las autoridades sanitarias. Desterrar algunos mitos bastante arraigados es una buena forma de hacerlo. Estos son algunos de ellos.

No tengo suficiente leche

Uno de los principales motivos por lo que una madre decide dejar de dar el pecho a su hijo o complementarlo con biberón es porque aseguran no tener leche suficiente y que el bebe se queda con hambre.

Sin embargo, la hipogalactia real –cuando la mama no es capaz de producir la leche que demanda el bebé– se produce en un porcentaje ínfimo de los casos por motivos hormonales o de salud.

En la mayoría de las ocasiones existe una 'hipogalactia falsa', es decir, que una baja producción provocada por un mal agarre o por poner al bebé al pecho menos veces de las necesarias. Y es que, le leche que produce el pecho es exactamente la que el niño necesita. Es decir, cuanto más mama el bebé, más leche produce el pecho.

Tengo el pecho pequeño, tendré poca leche

El tamaño de las mamas no influye en la producción de leche materna, pues, como hemos advertido en el anterior punto, la producción depende de la demanda del bebé.

Además, el tamaño del pecho está más influido por su cantidad de grasa que por la cantidad de glándula que lo forma.

El bebé tiene que tomar leche de los dos pechos, 10 minutos en cada uno y cada tres horas

Afortunadamente, estas recomendaciones hace años que dejaron de ser habituales en las consultas de pediatría, pero aún hay gente que las siguen creyendo.

La lactancia debe ser a demanda, es decir, cuando el niño tenga hambre, puede tomar de un pecho, de los dos, el tiempo que necesite... Es la única forma de garantizar una producción de leche adecuada, la correcta nutrición del bebé y el éxito a largo plazo de la lactancia.

Es normal que duela el pecho al principio

La lactancia en ningún caso deber ser dolorosa o molesta para la madre, y son precisamente estas molestias las que llevan a muchas mujeres a abandonar. Detrás de molestias como grietas, obstrucciones o mastitis suele estar un mal agarre, una mala postura...

Para tener leche, tengo que beber mucha leche e incluso cerveza

La producción de leche no depende la alimentación de la madre. Es más, aunque la madre llevara una dieta desequilibrada –algo, que, por supuesto no es nada recomendable para ella– su pecho sería capaz de producir la leche que necesita su bebé y con las mismas propiedades.

Por tanto, ni beber leche, ni más agua, ni mucho menos, cerveza, hará que tu pecho produzca más. Eso sí, el consumo de alcohol, drogas y tabaco está completamente desaconsejado.

Si tengo los pezones planos o invertidos no podré dar el pecho

Es cierto que es más difícil, pero sí se puede. Según afirma la AEPED (Asociación Española de Pediatría), los pezones planos se solucionan los primeros días con un agarre, y, aunque en los invertidos es más complicado, también es posible con la ayuda de pezoneras y/o sacaleches.

Si nace por cesárea, no podré darle pecho

Es cierto que gran parte del éxito de la lactancia depende en muchos casos de cómo se desarrollen las primeras horas tras el parto. En cuanto el bebé nace debe permanecer piel con piel con su madre para que se establezca la lactancia y en caso de una cesárea, la separación es casi inmediata.

Sin embargo, si pasadas esas horas cruciales, se lleva a cabo el mismo procedimiento, es decir, piel con piel todo el tiempo posible, la lactancia puede tardar más, para acaba estableciéndose. Lo mismo ocurre con bebés que tienen que permanecer un tiempo ingresados en neonatología.

Son gemelos, no tendré leche para los dos

Tal y como explicamos al principio, el pecho produce leche en función de la demanda. Es decir, que si demandan dos niños, el pecho producirá leche para dos niños. Con una buena organización y mucha ayuda externa la lactancia en partos múltiples es posible.

Gema Cárcamo González, madre de dos pares de gemelos y asesora de lactancia, da buena cuenta de ello en su web Gemelos al Cuadrado.

Después del año, la leche no alimenta

Hay incluso algunos que afirman que después del año la leche materna es 'agua'. La leche materna es un organismo vivo que se adapta a las necesidades del bebé en cada etapa.

Por tanto, a no ser que un niño de un año necesite alimentarse solo con agua, esta afirmación no es cierta. Es más, la composición de la leche materna después del año es incluso más rica que antes, y, por supuesto, mucho más que la leche de vaca que se les puede empezar a dar a los niños a partir del año.

Como asegura el Nutricionista Julio Basulto en su blog, "la leche de vaca entera contiene 637,86 kilocalorías por litro, mientras que la leche de mujeres que lactan más de un año aporta 879,7 kilocalorías por litro".

Dar de mamar durante muchos años es malo para los huesos de la madre

Esta afirmación no sólo no es cierta, sino que podría ser justo al revés. Estudios recientes apuntan a que una lactancia prolongada ayudaría a prevenir la osteoporosis tras la menopausia.

Si tomas medicamentos, hay que abandonar la lactancia

La lactancia no es como el embarazo y, si bien cierto que algunos medicamentos pueden llegar a la leche, esto suele ser en cantidades ínfimas. Además, si a un bebé se le puede dar sin problemas un antibiótico o un analgésico si está enfermo, ¿por qué es perjudicial si se filtra algo en la leche materna?

En realidad, hay muchísimos medicamentos que sí son compatibles con la lactancia materna, muchos más de los que imaginamos. En la web e-lactancia.org, realizada por pediatras y farmacéuticas, madres y médicos pueden encontrar información sobre la compatibilidad o no de miles de medicamentos con la lactancia materna.

Ante cualquier dificultad o duda sobre la lactancia materna, busca información en fuentes oficiales, como la AEPED o Unicef o busca apoyo en grupos o asesoras de lactancia.