Mustafa, Maria y Babacar, la lucha por sobrevivir en Barcelona sin papeles

Un mantero en una imagen de archivo.
Un mantero en una imagen de archivo.
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Mustafa Thiaw, Babacar Ndoye y Maria —que prefiere no revelar su apellido— tienen como mínimo dos cosas en común: son de origen senegalés y este viernes por la tarde recorrían las calles de Barcelona junto a cientos de personas al grito de "papeles para todos" y "sobrevivir no es delito".

El amplio dispositivo policial desplegado por el gobierno municipal para evitar la venta ambulante sin licencia les ha hecho levantar la voz, pues recuerdan que la situación de irregularidad de los manteros no les permite trabajar conforme a la legalidad y que por ello no tienen otra opción que buscarse la vida al margen de las normas establecidas.

Mustafa Thiaw tiene 21 años y hace tres que vive en la capital catalana junto a sus hermanos. Asegura que su padre tiene nacionalidad española y que hace más de dos años que reclama un permiso de residencia temporal por arraigo familiar, pero que no lo consigue, a pesar de que la legislación debería ampararle.

Chanclas playeras en los pies y corpachón de 1,90 metros que no casa con su cara de niño, explica que no le queda otra que dedicarse al 'top manta' y que vende un poco de todo, dependiendo de la temporada.

Si hay suerte logra ahorrar algo a final de mes, pero se trata más de la excepción que de la norma, ya que además de pagarse el alquiler y la comida siempre reserva dinero para enviar a su familia en Senegal.

Maria, en cambio, ha alcanzado ya los 30 años y hace siete que vive en la ciudad condal. Llegó a Barcelona tras un periplo que le hizo pasar un año en Marruecos y verle después los ojos a la muerte: fue rescatada por Salvamento Marítimo cuando la patera en la que iba se encontraba a la deriva, llena de agua.

Ella no tiene ningún familiar en España —"soy la primera de mi sangre aquí", señala— y alquila una habitación en un piso compartido con personas de origen paquistaní.

Ahora se dedica a hacer trenzas por Barcelona —en las playas de la ciudad o en el parque de la Ciutadella, por ejemplo—, un trabajo por el que cobra entre cinco y 20 euros, dependiendo del pelo y de la persona que se lo pida.

¿Qué le gustaría hacer si pudiera trabajar de forma regular? Explica que después de años en situación tan precaria le iría bien cualquier cosa, aunque cuando se le sugiere que podría ser peluquera le sonríen los ojos y dice que le encantaría.

Quien sí consiguió regularizar su situación tras seis años en Barcelona sin papeles es Babacar Ndoye, miembro del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes y que prefiere no explicar más detalles de su experiencia.

Dice que los manteros "están buscando vivir dignamente, sin robar ni mendigar", y reclama una "regularización masiva" para solucionar la situación de las personas sin papeles en España y en especial de los vendedores ambulantes, que extienden la manta porque no pueden acceder a un trabajo legal aunque es lo que desearían.

Critica que las administraciones quieran "acabar con la manta" sin ofrecer soluciones a todas estas personas, que si trabajaran regularmente cotizarían y aportarían más recursos a la caja de la Seguridad Social, apunta.

Y es que "no somos como la sal, que tiras agua y se disuelve", recuerdan desde el Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes, que este viernes coreaban: "No somos delincuentes, queremos trabajar".

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