Sánchez
Pedro Sánchez, durante la segunda votación de investidura. EFE

Silencio. Eso es lo que hay alrededor de Pedro Sánchez. El presidente en funciones no da pistas sobre qué hará, y cuando el verano entra en su mes clave, España sigue con un Gobierno atado de pies y manos a la espera de saber qué camino escoge quien ganó las elecciones generales el 28 de abril, que es el mismo que, de momento, no ha llegado a un acuerdo con nadie para seguir en Moncloa.

El Ejecutivo "no se va de vacaciones", dijo Carmen Calvo. Y es que queda trabajo por hacer. Sánchez, lo sabe, tiene dos opciones: volver a empezar y buscar un pacto u optar por la huida hacia delante y devolver a los españoles a las urnas. Con el ángel en un hombro y el demonio en el otro, el líder socialista tiene motivos en cualquiera de las dos vías. Solo le queda elegir.

Algo más de un mes es el tiempo que le queda a Pedro Sánchez para optar a una nueva investidura. El 23 de septiembre es la fecha límite, y tras una sesión fallida y algo de calma tensa, el PSOE podría volver a intentarlo. Eso es lo que quieren el resto de partidos. PP, Ciudadanos y Podemos urgen al presidente a probar suerte de nuevo, aunque la suerte tenga poco que ver en esto.

¿El objetivo? Pactar. Cada formación tiene sus motivos para querer que la legislatura se ponga en marcha, y ninguna los esconde. Populares y naranjas quieren hacer "oposición" a un Gobierno (sea de coalición o no), que no les gusta, que ven débil y del que no se fían. Los morados, por su parte, insisten en compartir responsabilidades y estar en el Consejo de Ministros, aunque Ferraz ya da por muerta esta vía. 

Desde Génova, Rafael Hernando, no ve "en el horizonte próximo" nuevas elecciones, pero en todo caso apremia al presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, a acabar ya con el "'Juego de Tronos' de trileros" que mantiene con Pablo Iglesias para formar Gobierno. Es el camino elegido por Pablo Casado también, que aunque niega la abstención a Sánchez, le pide que acelere sus conversaciones con Podemos. Eso sí, deja la mano tendida para pactos de Estado (un total de once, concretamente).

En Ciudadanos están todavía un poco más alejados de lo que califican el "plan Sánchez". Albert Rivera dejó claro en la primera sesión de investidura que solo hablará con Sánchez si es "para hablar de España", pero tampoco plantea ni por asomo una abstención en septiembre. Cs quiere que haya Ejecutivo por los mismos motivos que el PP: oponerse al PSOE. Eso sí, Casado y Rivera libran su propia batalla por liderar ese rechazo.

Podemos insiste en la coalición

El escenario electoral, aunque calificado de irresponsable, parece que perjudicaría mucho más a los naranjas, puesto que desde Génova confían en recuperar voto -como ya hicieron de las generales a las autonómicas y municipales-. Mientras, Rivera no se fía de las encuestas y apela a que su partido "siempre que hay elecciones, crece". Otra de las aspiraciones del PP es una legislatura corta: mucho desgaste del posible Gobierno PSOE-Podemos y poder presentarse ellos como "alternativa". Casado ya habla de "recuperar el liderazgo desde la oposición".

Y entre tanto ir y venir, todos los ojos están puestos en Unidas Podemos. Desde la dirección de Pablo Iglesias insisten en un Gobierno compartido con los socialistas. Dejan ese camino abierto a pesar de que en Ferraz ya se niegan en redondo a ello. La opción que queda es, simplemente, un acuerdo programático. Es decir, la oferta menos atractiva para los morados y más cómoda para el PSOE, dado que es muy similar a lo que se hizo después de la moción de censura.

¿Por qué a Podemos esto no le gusta? De nuevo, por una cuestión de escasa fiabilidad. Creen que el modelo ya falló tras la moción porque Sánchez no fue capaz de cumplir, y dudan de que lo vaya a hacer si le dan una segunda oportunidad. De nuevo, desde posiciones muy alejadas, ambas formaciones tendrían que encontrar puntos de acuerdo que esta vez sí sean firmes. Ya no hay tutía: solo queda una oportunidad más para la investidura.

El CIS, el escudo de Sánchez

Pedro Sánchez sabe que todavía puede huir de esa guerra. ¿Cómo? Con otras elecciones. Un motivo, teóricamente, de peso para el PSOE es el último sondeo del CIS. El partido logra el 41,3% en intención directa de voto (lo que le haría rozar la mayoría absoluta), pero hay que tener en cuenta que este sondeo se hizo antes de la primera votación de investidura, con las tensas negociaciones de por medio. Esto deriva en un problema: no se tiene en cuenta la crispación y el hartazgo ciudadano que puede haber. España no tiene ganas de volver a votar, y los políticos son vistos como uno de los tres principales problemas. No todo iba a ser positivo para Sánchez.

Con las encuestas en la mano, se la podría jugar, sobre todo consciente de que, a poco que se cumplan los pronósticos, el bipartidismo saldría reforzado. PSOE y sobre todo el PP podrían mejorar sus resultados (Cs, Podemos y Vox perdería fuelle). Pero hasta ahí. Quizás fuera peor el remedio que la enfermedad porque tras unos nuevos comicios, el panorama político no sería nada diferente al actual. Con todo, solo queda una palabra sobrevolando las cabezas de los líderes: pacto, pacto y pacto. Solo así España volvería a andar.