El patio de La Ingobernable, adornado por los miembros del colectivo.
El patio de La Ingobernable, adornado por los miembros del colectivo. Jorge París

En silencio, jóvenes y mayores estiran su cuerpo encima de una esterilla. Practican yoga. Los del grupo de tango, aprovechando que no hace mucho calor, han salido a la plaza y se han puesto a bailar. De vuelta al edificio, en otra sala, tres chicos boxean. La inmensidad del inmueble les impide escuchar a un grupo de personas que, con voz coral, cantan una canción.

"Molestan continuamente, hacen fiestas, a deshoras salen bebidos...Espero que el nuevo Ayuntamiento desaloje el lugar", confiesa Paco Bueno, uno de los vecinos, sobre las personas que okupan el edificio número 39 de la calle del Gobernador. El testimonio de Bueno choca por completo con el de Vanesa Manguan, una vecina que afirma que, lejos de estorbar, acondicionan "el espacio para hacer fiestas del cole".

De hecho, existe un acuerdo entre La Ingobernable, la Asociación Vecinal de Barrio de las Letras y el AMPA del Colegio Público Palacio Valdés que permite que los vecinos y estudiantes puedan disfrutar del centro autogestionado. Así se consigue salvaguardar "el principio de protagonismo vecinal y colectivo".

A pesar de la cantidad de personas que hacen uso del edificio (hasta 100.000 personas en dos años), La Ingobernable tiene los días contados: José Luis Martínez-Almeida quiere ordenar el desmantelamiento del bloque "lo antes posible", según informaron este lunes fuentes municipales. De no ser por las trabas burocráticas que ralentizan el desalojo, el bloque estaría hoy totalmente vacío.

La noticia tensó aún más la lucha entre las partes. La Ingobernable respondió por Twitter que eran "indesalojables" y que se defenderían de los "corruPPtos" que regalaron el edificio. El inminente desmantelamiento también causó tristeza entre las personas usuarias del centro. Altena Cano es una de ellas. Esta joven de 13 años reconoce que ha aprendido más bajo el techo del bloque autogestionado que bajo el de su propia escuela. "He adquirido valores feminstas, por ejemplo". Su amiga, Iris Mateos, explica que ha aprendido bastante asistiendo a asambleas sobre migración y violencia de género.

"Es un edificio que está en el centro y que propone actividades que ningún espacio cultural del Ayuntamiento es capaz de realizar", señala Ismael, uno de los miembros de La Ingobernable. Ismael explica cómo el centro funciona como "un mini parche" que palia la pérdida de vida que, a lo largo de los años, han sufrido los barrios de Madrid.

En el centro también se promueve la actividad política. Más de 50 colectivos (como Orgullo Crítico, Las Kellys o Ecologistas en Acción) utilizan sus aulas para organizarse y realizar asambleas. Laura, miembro del grupo de feminismos de La Ingobernable, opina que los movimientos sociales y el pensamiento crítico son factores que siempre han molestado. "Incomoda que participemos políticamente, que no es solamente votar cada cuatro años. La gente, a veces, pierde la esperanza en lo que sería la política porque piensa en la tradicional. Pero cuando construyes un espacio en el que generas pensamiento crítico y se producen un montón de sinergias... pues efectivamente se crea democracia de base". Laura dice que las personas que participan en los proyectos de La Ingobernable son "las herederas y continuadoras del 15-M".

Por su parte, Ismael cree que lo que no gusta "es que se rompan las normas para generar avances". Justo lo que consideran que ellos están haciendo: okupar un edificio del Ayuntamiento en desuso (un acto ilegal) para potenciar un proyecto que es social. Ismael recuerda que, si algunas personas no hubieran roto las reglas, "los negros seguirían estando excluidos de los buses y las mujeres no tendrían derecho a voto". Dice que lo que existe hoy "es una tensión con el statu quo".

Pero Martínez-Almeida no concibe La Ingobernable como un proyecto de avance, sino todo lo contrario. Aunque el colectivo explica que todas las peticiones tienen cabida "a no ser que contengan contenido machista, homófobo o racista", el alcalde asegura que este espacio, que es de todos los ciudadanos, queda en manos de unos pocos. Una vez desalojado el edificio, quiere convertir el inmueble en una biblioteca y un centro de salud.

"Honestamente, no creo que lo vaya a hacer", sostiene Laura. Ismael, sin embargo, no quiere entrar "en futuribles". Señala que no hay necesidad "de arrasar y destruir con violencia un centro que está prestando un servicio público".

Cartel que advierte del desalojo

En cuanto a la posibilidad de llegar a un pacto con Almeida, el colectivo se muestra abierto al diálogo. «Quien tenga interés real en gobernar para la ciudad, deberían tenerlo en sentarse a hablar con nosotras". Pero el Ayuntamiento convierte en utópica la opción de llegar a un trato con el centro. "Están okupando un bien que es municipal. No hay posibilidad de llegar a ningún acuerdo", afirman a 20minutos tras anunciar su intención de desmantelar el edificio «cuanto antes».

Ante el inminente desalojo, Laura explica que van a efectuar "una resistencia no violenta" manteniendo el edificio con vida, "haciendo un montón de actividades en verano para dar a conocer el centro". Ismael, tras escuchar a su compañera, apunta un hecho para ellos esperanzador: "Que el proyecto es indesalojable". Es decir, que "ni las iniciativas ni las mentes de las personas" se pueden desokupar.

Su historia en cuatro claves

Marzo de 2013: La exalcaldesa de Madrid, Ana Botella, cede gratuitamente por 75 años al arquitecto Emilio Ambasz el edificio para la construcción de un museo de arte y arquitectura.

Mayo de 2017: No se llega a edificar ningún museo. Integrantes de diferentes colectivos okupan el inmueble tras una protesta contra la corrupción el 6 de mayo. Nace La Ingobernable.

Octubre de 2018: El Gobierno de Manuela Carmena aprueba la indemnización de 1,4 millones de euros a Ambasz para la recuperación del bloque .

Mayo de 2019: A pocos días del arranque de la campaña electoral, Martínez-Almeida promete desalojar La Ingobernable si llega a ser alcalde.

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