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Los descensos de tipos de interés a largo plazo están siendo un catalizador positivo y sólido. ARCHIVO

Desde el inicio del año, los mercados de acciones se han comportado como si tuvieran un único propósito: recuperar las 'injustas' caídas de 2018.

El ascenso de las bolsas está siendo espectacular. Los inversores conscientes de su horizonte temporal a largo plazo -los que invierten una parte importante de su cartera en fondos con un componente de acciones significativo- han compensado ya más que sobradamente las pérdidas del año pasado; y es ahora cuando surge la gran pregunta: ¿Es una recuperación sólida?

Defendemos la opinión de que los descensos de tipos de interés a largo plazo, guiados por unas políticas monetarias acomodaticias sensibles a la menor inflación estructural, están siendo un catalizador positivo y sólido para los mercados de acciones, mientras el ciclo sigue prolongándose.

Interpretando los mercados

Los mercados de acciones han ascendido fuertemente mientras los diferenciales de crédito se han ido estrechando y, todo ello, coexistiendo con descensos de las rentabilidades a largo plazo, que han perforado, en el caso del euro, el suelo del cero.

Esta situación es el resultado de tres claves:

  1. En primer lugar, la relectura por el mercado del conflicto entre EE UU y China: Los temores de una ruptura abierta, consecuencia de un giro de la administración norteamericana hacia el proteccionismo más radical, están ahora más matizados. La evolución real de las negociaciones, con sus vaivenes, ha supuesto ascensos arancelarios importantes, pero no masivos.
  2. En segundo lugar, los indicadores de la economía mundial muestran una desaceleración, pero no los efectos catastróficos que se temían el año pasado. La economía de EE UU sigue prolongando el ciclo expansivo actual, que es ya el más largo de la Historia, mientras en China estamos ante una desaceleración muy gradual de una economía que sigue expandiéndose a ritmos espectaculares -ahora al 6%- desde hace 30 años. Ambas potencias son los motores de una economía mundial en plena revolución tecnológica, proceso de digitalización y extensión de la inteligencia artificial aplicada.
  3. En tercer lugar, la actitud de la política monetaria en Estados Unidos. Después de pasar todo el año sin aumentar los tipos de los fondos federales respecto al actual 2,375%, la Fed (Sistema de la Reserva Federal) considera que podría estar en niveles de tipos de referencia innecesariamente 'altos', por muy 'bajos' que resulten si se los contempla en su contexto histórico. Es un reconocimiento del carácter estructural del fenómeno de la baja inflación, vinculado al cambio tecnológico, aplicado a toda la economía, y a factores demográficos.

La Zona Euro, japonizada

La Zona Euro merece un comentario particular. Existe una diferencia de más de 2,5 puntos porcentuales entre los tipos a corto plazo del dólar y del euro. La Fed corregirá parte de las subidas recientes, pero el BCE, en contraste, profundizará más en las bajadas, recorriendo más allá el territorio negativo en el que se ha instalado.

Con una economía estancada en el bajo crecimiento, sensible más que EE UU a la incertidumbre en el comercio internacional, la preocupación del BCE se centra no ya en la baja inflación sino en el propio 'anclaje' de la inflación esperada por los agentes a largo plazo. De ahí que sea aplicable el término 'japonización' a la situación actual de la Zona Euro, en referencia al país: casi 30 años de extrema baja inflación, rentabilidades a largo plazo negativas o próximas a cero y bajo crecimiento real; aunque las diferencias con Europa son todavía sustanciales.

La sensibilidad del BCE y de la Fed han sentado bien a las acciones, gracias a los matices del mensaje con que se está comunicando. Ajustar niveles de tipos al prolongado entorno de baja inflación ayuda a prolongar el ciclo y es un buen entorno para los resultados empresariales.

AUTOR: Ignacio Ezquiaga, Director Corporativo de Banca Privada y Gestión.