Casco con electrodos
Un experto con un casco con electrodos que registran la actividad cerebral y es analizada online por un ordenador. ALEJANDRO GARCÍA / EFE

Los trastornos obsesivos compulsivos (TOC) se caracterizan por la presencia de pensamientos inquietantes u obsesiones y comportamientos repetitivos que incapacitan en muchos casos para seguir una vida normal. Es una de las enfermedades psiquiátricas más frecuentes en el mundo. Ahora, un estudio ha demostrado la utilidad de las terapias con electrodos para el tratamiento de estos trastornos.

El ensayo ha sido dirigido por el científico Bryan Strange, del Centro de Tecnología Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid y ha estado liderado desde el Departamento de Neurocirugía del Hospital Clínico San Carlos. El trabajo, cuyas conclusiones se han publicado en la revista Brain Stimulation, ha constatado que la terapia con electrodos puede producir en los pacientes una mejoría "hasta ahora impensable".

Los investigadores se plantearon si la estimulación del cerebro por medio de electrodos podría ocultar alguna clave para curar ese tipo de transtornos mentales. El estudio ha demostrado que esta forma de estimulación puede ser muy beneficiosa para tratar a las personas que padecen estos trastornos, incluso cuando otros tipos de tratamiento han fracasado, y los resultados han puesto de relieve que el 85,7% de los pacientes tratados han mejorado.

Los electrodos se utilizan ya en la práctica clínica para tratar algunas patologías, como los temblores asociados al párkinson, según Bryan Strange, quien ha subrayado que en el caso de otros síntomas psiquiátricos que tienen una gran heterogeneidad, como los trastornos obsesivos, resulta más difícil establecer un tratamiento.

El trabajo consistió en la colocación de un electrodo de estimulación en una parte muy precisa del cerebro (donde se sospecha que está el origen de este comportamiento patológico). Antes, a los pacientes se les realizó una resonancia magnética funcional, con provocación de los síntomas mediante imágenes relacionadas con los síntomas propios de su enfermedad.

Fueron tratados con este tipo de electrodos siete pacientes diagnosticados de trastorno obsesivo-compulsivo grave y resistente al tratamiento farmacológico y a otros tipos de terapia, y el 85,7% de los enfermos mejoró los síntomas.

El ensayo ha puesto de manifiesto además la importancia de actuar de manera personalizada en este tipo de trastornos, frente a las técnicas estandarizadas, en las que la tasa de respuesta nunca ha sido superior al 50%, y abre la puerta a nuevas formas de abordar la enfermedad en pacientes que no han respondido a otros tratamientos.

En el estudio han participado investigadores del Departamento de Cirugía de la Universidad Complutense de Madrid, el Servicio de Psiquiatría del Hospital Clínico San Carlos, los Hospitales Puerta del Sur, Hospital de Móstoles y Hospital Universitario CEU San Pablo y el Departamento de Neuroimagen del Centro Reina Sofía para la Enfermedad de Alzheimer.