Unos bomberos trabajan para extinguir un incendio
Unos bomberos trabajan para extinguir un incendio. GTRES

Las tormentas de fuego eran un fenómeno desconocido para la comunidad científica hasta 2017. Aquel año, en Portugal hubo un megaincendio de sexta generación en en el que observaron por primera vez este tipo de fuego, que si por algo se caracteriza es por ser inapagable por el hombre. Solo un cambio en las condiciones meteorológicas podría controlarlo en la actualidad, aunque también se frenan cuando ya no tienen nada más que quemar.

Lourdes Hernández, experta en bosques, incendios y desarrollo rural para WWF España, explica a 20minutos en qué consisten estas tormentas con motivo de la publicación del informe Arde el Mediterráneo, que pone de relieve lo expuestos que están los países del sur de Europa a sufrir este tipo de catástrofes.

¿Cómo son las tormentas de fuego?
Son un nuevo tipo de incendios que tienen un comportamiento explosivo y están claramente vinculados al cambio climático. Se suelen dar cuando hay olas de calor especialmente intensas. Cuando se producen, la zona del incendio se rige por unas condiciones meteorológicas propias. Alcanzan una temperatura y una columna de fuego tan alta que, cuando choca con el aire frío de la troposfera, la columna se rompe y genera tal energía en el suelo que hace que las chispas salten a más de 2 kilómetros de distancia y que las velocidades de propagación de las llamas alcancen, como poco, las 4.000 hectáreas por hora. No los habíamos visto hasta el año 2017, pero en apenas dos años ya los hemos vivido tres veces.

¿España está preparada para combatir este tipo de fenómeno?
Claramente, no. Ni en España, ni en el Mediterráneo, ni ningún país del globo estamos preparados para este tipo de incendios. Ni el monte, ni el paisaje, ni la sociedad, ni los actuales dispositivos de lucha contra los incendios lo están.

¿Cómo se extinguen?
Este tipo de incendios son absolutamente inapagables. Lo único que podemos hacer es esperar a que llegue a una zona donde no tenga nada más que quemar o que cambien las condiciones meteorológicas, ya que ahí baja la intensidad de las llamas y los bomberos pueden atacarlo. La única herramienta que tenemos a nuestro alcance es intervenir sobre el paisaje, para que, en caso de que se produzcan estos incendios –que se van a producir–, las consecuencias sociales y ambientales no sean tan intensas.

¿En España ha habido alguna tormenta de fuego?
En Galicia, en 2017, hubo una, que coincidió con la llegada de un huracán. Se dieron unas condiciones climáticas muy extremas.

En el informe apuntáis a la falta de prevención como una de las principales causas de que se produzcan incendios forestales. ¿Por qué los gobiernos no han tomado cartas en el asunto?
El problema no es tanto que las administraciones hicieran una prevención activa hace muchos años y la dejasen de hacer como otros el despoblamiento rural, el abandono de usos y provechamientos de los bosques o la disminución de la extracción de madera. Este último punto se debe a que ha dejado de ser algo rentable: cuesta menos traer madera de Europa del Este que sacarla de los montes ibéricos. A esto hay que sumar que las administraciones no estimulan a los propietarios y que no hay políticas fiscales que, por ejemplo, incentiven la gestión forestal o las buenas prácticas.

¿Qué usos tradicionales se daba antes al campo que ya no se dan?
En los años 60 y 70 dábamos muchísimos más usos en el medio rural, como la ganadería extensiva. Hoy en día son testimoniales los rebaños que hay en el monte, es una actividad absolutamente marginal que se utiliza de forma residual, por ejemplo, en algunas labores de prevención como el mantenimiento de pistas, de caminos, de cortafuegos... Pero es una actividad que tiene muchísimo potencial, y el reto tiene que ser integrarla. Otro uso que se daba a las tierras en las zonas más rurales era que la gente cultivaba huertas en los alrededores de sus aldeas. Hoy en día todo eso ha desaparecido y ha hecho que la masa forestal prácticamente esté en contacto con las aldeas. Otro uso: en los años 50-60 se repoblaron millones de hectáreas en España; se potenció una única especie porque tenía una mayor salida en el mercado (sobre todo pinos y eucaliptos). El tema es que aquellas repoblaciones se abandonaron, y hoy en día tenemos un paisaje más denso y continuo, que hace que, en caso de que salte la chispa, la llama se propague con mucha velocidad.

¿Cuáles son las medidas de prevención que deberíamos adoptar en la actualidad?
Las medidas de prevención tienen que estar articuladas a dos niveles: por un lado, una prevención a escala paisaje que promueva una planificación territorial sobre qué tipos de paisajes debemos tener -hay pleno consenso técnico y científico sobre que el paisaje en mosaico es menos vulnerable en caso de incendio ya que las llamas no se propagan tan rápidamente-. Otro nivel de prevención tiene que ser a escala social. Estamos viendo cómo el problema de los incendios es un problema humano. En España se producen de media 12.000 siniestros al año, y creemos que hasta que no se impulsen políticas activas que ofrezcan alternativas al uso del fuego en el medio rural, que incentiven los buenos comportamientos, penalicen aquellos que están fuera de la legalidad y se establezcan las sanciones pertinentes, pues... no podremos avanzar porque, de todos los siniestros que se producen al año, siempre alguno se va a escapar.

Las negligencias, ¿por quién son cometidas principalmente y cómo se puede actuar para evitar cometerlas?
Los incendios están muy relacionados al uso del fuego como herramienta de gestión en el medio rural: la quema de rastrojos, la quema para la regeneración de pastos, la limpieza de maleza... La mayor parte de las negligencias vienen por ahí, pero por supuesto que se tienen que fomentar comportamientos de sensibilización. Hay que explicar que no se puede hacer fuego en el campo, que no hay que tirar colillas, vidrios o cualquier tipo basura. También es importante que no se utilice maquinaria agrícola forestal en terrenos boscosos. Por ejemplo, si vives en una zona boscosa, no saques la motosierra para limpiar malezas en días donde las temperaturas son muy altas y la humedad muy baja.