Cuatro bloques más de Lavapiés se plantan contra las viviendas turísticas

Encomienda, 18, un bloque en el que están proliferando las viviendas de uso turístico en Lavapiés.
Encomienda, 18, un bloque en el que están proliferando las viviendas de uso turístico en Lavapiés.
ELENA BUENAVISTA

Es miércoles por la tarde y la plaza de Lavapiés vive su ajetreo habitual, pero algo inusual llama la atención de los transeúntes. Cerca de un centenar de personas han improvisado un hemiciclo y se reúnen en una asamblea en plena calle.

Son vecinos del barrio que comparten una misma problemática: en sus bloques, pertenecientes a propietarios únicos, en muchos, casos fondos de inversión, los vecinos están saliendo ante las subidas de los alquileres y los turistas están ocupando su lugar.

Cuatro bloques se han declarado «en lucha» en junio, uniéndose a la gran bandera de la lucha antidesahucios del barrio, Argumosa, 11, y a Olmo, 35. Todos tienen situaciones "calcadas", según explica Fernando Bardera, portavoz de la organización Bloques en Lucha. "Son propiedad de empresas patrimoniales que actúan como fondos buitre. Envían burofax a los vecinos y van desalojando el edificio con el objetivo de hacer viviendas turísticas o de buscar inquilinos de mayor poder adquisitivo", declara Bardera.

Los vecinos de los bloques se han puesto en contacto con la propiedad para entablar negociaciones de renovación de sus contratos y han empapelado las fachadas con pancartas. Su objetivo es, según Bardera, "la renovación de los contratos con los mismos precios o con subidas asumibles y lograr alcanzar una solución colectiva para todos los vecinos del bloque".

Uno de los cuatro bloques se encuentra en la calle Toledo 77, junto al Metro de La Latina. Los vecinos denuncian que tres de los cuatro hermanos que son propietarios del bloque han seguido una estrategia destinada a convertir el edificio en un hotel de viviendas de uso turístico, lo que en literatura académica está empezando a ser denominado como "hoteles fantasma".

"El verano pasado, muchos de los contratos del bloque empezaron a caducar y entonces empezaron las obras que no pararon nunca", declara Vicente Nascimento, de 27 años, vecino del barrio de toda la vida que llegó al edificio hace tres años, cuando aún no había viviendas de uso turístico. "Cada contrato que se caduca, hacen una subida de 200 o 300 euros y los vecinos se marchan, hacen reformas y colocan un teclado numérico en la puerta".

En pocos meses, los descansillos del edificio dejaron de ser los de un bloque de viviendas y comenzó un trajín de maletas con ruedas, ruidos nocturnos y suciedad, según denuncian los cada vez menos vecinos que siguen viviendo en el bloque. "Nos vamos dando cuenta, poco a poco, de que lo que están haciendo es expulsar a los vecinos", afirma Nascimento.

La regulación de las viviendas de uso turístico

Las viviendas de uso turístico de estas características son ilegales en Madrid tras la aprobación en marzo del plan especial municipal que obligaba a que existiera un acceso independiente a la calle. Sin embargo, la regulación nunca ha llegado a aplicarse de manera generalizada y el nuevo Gobierno municipal no se ha pronunciado la respecto.

"En Madrid se está dando un proceso de sustitución de viviendas de uso residencial por vivienda de uso turístico, que en tienen una particularidad única en el mundo: más del 50% se encuentran en el distrito centro", explica Javier Gil, doctor en sociología y miembro del Sindicato de Inquilinas. "La concentración de turistas en una zona transforma los propios barrios, porque los turistas tienen una mayor capacidad adquisitiva que la población local y la forma que tienen ellos de consumir es una forma propia, en comercios destinados solo a la clase turística".

Nascimento admite que su barrio ya no es el lugar donde quiere vivir y irse. "Es el sitio donde me he criado y me da rabia, pero ves que los negocios tradicionales van cerrando y abren tiendas más caras, toda la calle está llena de maletas... me siento extraño aquí".

Pero no todos los locales tienen la misma opción. En Santa Ana, 8, el bloque contiguo, una mujer que lleva viviendo en su piso desde 1941 también ha recibido el temido burofax y aseguran, según relatan sus vecinos, que si se ve obligada a marcharse de su entorno, no sobrevivirá.

Para Francisco Rodríguez, consultor de economía colaborativa y autor del libro Del Hospitium al turismo 4.0 las subidas de precios de los alquileres y las consiguientes expulsiones de los vecinos no pueden ser atribuidas exclusivamente a las viviendas de uso turístico.

"Ni mucho menos el único factor. Se han unido una tormenta perfecta de factores en la cual nos encontramos: ha aumentado la demanda, las hipotecas se han endurecido, en los años de la crisis no se ha construido casi nada, Madrid se han puesto de moda para trabajadores europeos con un gran poder adquisitivo", explica Rodríguez, partidario de regular las externalidades de las viviendas turísticas, pero no de una prohibición de una actividad empresarial que "ofrece alternativa a los viajeros y democratiza los beneficios del turismo".

"Queremos que Lavapiés no sea un parque temático"

A escasos cinco minutos andando desde Toledo, 77, y Santa Ana, 8, hacia el corazón de Lavapiés, en la calle Encomienda, se alza el esqueleto de lo que será un gran hostal, en el lugar que un día ocupó el cine Odeón. Del edificio contiguo a las obras cuelgan varias pancartas que anuncian que el bloque está en lucha.

"En principio nos llamaron simplemente para domiciliar los pagos hasta que a uno de los vecinos se le acabó el contrato y recibió un burofax en el que decía que se tenía que ir del piso", relata Andrés Couceiro, de 43 años, que lleva viviendo más de 10 años en Lavapiés, al que considera su barrio. A principios de 2018, los antiguos dueños del edificio vendieron la empresa gestora del bloque a un nuevo propietario.

Tras tratar de negociar una subida del alquiler, el vecino del bloque decidió abandonar después de que la empresa le ofreciera pasar de pagar 900 euros a 1.400 y, según declara Couceiro, su vivienda ha sido reconvertida en un piso turístico. Ante el silencio de la empresa, todos los vecinos del bloque sospechan que sus viviendas correrán la misma suerte.

A pesar de todo, Couceiro y sus vecinos están dispuestos a intentar aguantar en el bloque, manteniendo el pago actual de sus alquileres. "Queremos defender Lavapiés y que a pesar de todo el proceso de transformación, que es imparable, no se convierta en un parque temático".

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