A veces veo espectros

Captura de la web.
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Nos rodean; nos atraviesan, estamos literalmente empapados en ellas, y lo peor es que sólo podemos ver una pequeña parte. Las ondas electromagnéticas en sus diferentes frecuencias empapan el universo, transportan información para nosotros, calientan nuestros alimentos, curan o ayudan a curar nuestras enfermedades, localizan objetos; hay quien piensa que nos enferman.

Pero, seres limitados que somos, sólo somos capaces de recibir directamente de toda su variedad un par de estrechas franjas, que llamamos luz y sonido, y de percibir quizá un poquito más en forma de calor. La mayor parte del espectro electromagnético está fuera del alcance directo de nuestros sentidos. Y sin embargo cada vez es más importante conocer sus entresijos. Porque una buena parte del futuro se juega aquí, en el reparto y uso de este recurso escaso que es el Espectro Electromagnético.

Desde los rayos gamma, que llegan a la Tierra procedentes de remotos estallidos de galaxias o son emitidos por sustancias radioactivas, hasta los infrasonidos que percibimos más con el estómago que con los oídos, la amplitud del espectro electromagnético ha resultado ser de enorme utilidad, en casi todas sus frecuencias. Utilizamos partes para ver dentro de nuestros cuerpos (Rayos X), otras para comunicarnos bidireccionalmente (radiocomunicaciones, móviles), aún otras para localizar objetos (la inmensa variedad de radares).

Hay partes dedicadas a transmisiones unidireccionales de imagen (televisión) o sólo audio (radio). Hay zonas del espectro que usamos para que nuestros ordenadores hablen a corta distancia (WiFi, Bluetooth), y otras que se emplean para que encontremos dónde estamos (GPS). Con algunas frecuencias espiamos el Universo (luz, radioastronomía), y con otras calentamos el café o descongelamos pescado (microondas). En suma, que el espectro tiene muchos usos, luego es valioso. Y donde hay valor, hay política.

Saber qué frecuencias se dedican a qué, y a quién se conceden, es cada vez más importante en las sociedades modernas. La asignación de una banda de frecuencias a una empresa puede que suene poco interesante, pero cuando estamos hablando de cadenas de televisión nacional otorgadas a según que compañías, la cosa tiene ramificaciones políticas; porque un canal de televisión no es más que un rango de frecuencias de emisión.

Lo mismo ocurre con una red de telefonía móvil, o con un servicio WiFi o WiMax; a quién se otorgan las licencias de uso de regiones del espectro, tan valiosas en la Era de la Información como antaño las concesiones mineras, es importante. Y cada día más.

Jose Luis de Vicente, Irma Vila y el colectivo Bestiario han decidido hacer algo al respecto, y para ello han preparado este Atlas del Espectro Electromagnético; una página bilingüe que permite de modo sencillo e intuitivo entender cómo está repartido y a qué se dedican diferentes porciones de este cada vez más valioso recurso.

En la Vista Servicios una pared virtual permite recorrer las frecuencias de radio, divididas en colores según sus usos: comunicaciones aeronáuticas, radioastronomía, comunicaciones tierra-mar, televisión, GPS, móviles, radioaficionados, radionavegación... todos y cada uno de los numerosos usos a los que se dedica cada franja del espectro.

En el virtual 'suelo' hay enlaces con distintos proyectos artísticos que han explorado estas regiones concretas. Si se escoge la Vista Proyectos, son 'éstos los que ocupan el fondo, y el espectro sube al techo.

En resumen, que este Flash no sólo es un recurso educativo para entender qué es, para qué sirve y cómo está repartido el espectro radioeléctrico, sino que además funciona como un amplio catálogo de intervenciones artísticas que lo amplían y explican. Además de como ejemplo de lo que el multimedia permite hacer en Internet a la hora de transmitir información.

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