LUIS RENDUELES
El periodista publica su nueva novela. LUIS RENDUELES

En julio del 2011, los canónigos de la catedral de Santiago de Compostela informaron de un vacío notable: el Códice Calixtino, un manuscrito del siglo XII (valorado en ocho millones de euros) considerado como la primera guía de viajes del mundo, había desaparecido.

Hasta allí se desplazó un operativo liderado por la Brigada de Patrimonio Histórico. Tras un año de investigación, el ladrón de Santiago salió a la luz. Era ni más ni menos que el electricista de la catedral, que acababa de ser despedido y buscaba venganza. Caso cerrado, ¿no?

Sin embargo, para el periodista de investigación Luis Rendueles "aún quedaban muchas cosas por contar". Una tarea de la que se ha hecho responsable a través de su novela Los ratones de Dios (Editorial Alrevés), donde, a raíz del hilo del robo, acaba por desentrañar toda una serie de saqueos paralelos que flotaban sobre la catedral, un lugar que esconde "un mundo cerrado y de poder en el que no entraba ni la policía", asegura el autor. Hasta entonces.

Rendueles, como muchos de sus compañeros de profesión, acudió a Galicia para cubrir la noticia. Los periódicos dieron cuenta del suceso central, pero este periodista dio un paso más allá. "No solo robó el electricista, desde 2003 había saqueos en la catedral –revela–. Un trabajador se llevó una bandeja de oro y la cambió por una dorada, hubo un contable que se quedó con cinco millones de pesetas, otros se llevaban los cepillos de los peregrinos...".

A pesar de estos hallazgos, la Audiencia de A Coruña dictó cerrar el caso. Rendueles no se dio por vencido y acudió a la policía, al juez que llevó el robo del Códice e, incluso, a otros personajes implicados. "Hay personas que me ayudaron mucho y me dejaron dar sus nombres, como los inspectores y el juez; otras, colaboraron desde el anonimato. El resto lo he sacado de los informes oficiales y conversaciones y diálogos reales, a los que he tenido acceso", explica el autor.

Pero nada de esto hubiera salido a la luz de no haber sido por el electricista. "Él robó el Códice como venganza, porque le acababan de despedir y el deán le había prometido ayudarle, pero no lo hizo", cuenta en la novela. "El hombre le confesó a la policía: 'Cuando se muera el deán, aparecerá el códice'". Y así fue: al deán le destituyeron y el electricista ganó la batalla. Bueno, esa, porque no se libró de la cárcel.

Los ratones de Dios, por tanto, no busca despertar un caso cerrado, sino descubrir todos aquellos sucesos paralelos en los que aún no se ha hecho justicia. Como confirma Rendueles, los sistemas de seguridad eran muy primarios. Por eso, cuenta en la novela que "cuando llegó la policía, le dijo al electricista: '¿Tú eres tonto? Habías robado dos millones de euros y si no llegas a robar el Códice nosotros no venimos aquí'. Y él le contestó: 'Sí, pero si tú hubieras estado aquí y vieras que era tan fácil robar, tampoco te hubieras resistido'". Una respuesta parecida a la que le dio el deán cuando le preguntaron sobre los robos: "Donde hay queso siempre hay ratones".