Óscar Aranda junto a una tortuga marina.
Óscar Aranda junto a una tortuga marina. F.MCCANN/ Cedida por Óscar Aranda

Los animales y las plantas fueron sus compañeros de travesía en una típica infancia mexicana, lo que le llevó a estudiar biología y proteger especies de animales y vegetales. Se llama Óscar Aranda y presenta su libro 'El lenguaje secreto de la naturaleza'(2019), de la editorial Plaza & Janés, en el que explica la importancia de la reconexión con la naturaleza y "el deber de escuchar su mensaje".

La vida le llevó por senderos bien marcados: la protección de las tortugas marinas y su empeño en proteger los huevos de esta especie le hicieron convertirse en "un problema" para los narcotraficantes, que se dedicaban a consumir la carne de estos huevos por la creencia de que son "afrodisíacos". Aranda explica que debido a la cultura machista que existe en México, comen los huevos de las torugas marinas para "sentirse más hombres".

Actualmente trabaja como jardinero y vive en Alicante con su mujer, a quién le dedica el libro.

¿Cuando decidió dedicarte a proteger a otros seres vivos?
Desde niño, no sé en qué momento se inició ese amor por la naturaleza. Yo era un ávido "buscador de bichos" y desconectaba aprendiendo con ellos. Siempre hubo esa chispa de interés por saber qué hacían los animales y las plantas y porqué, y estoy muy agradecido con la naturaleza por haberme contestado.

Y tras recibir esa llamada de la naturaleza, y de estudiar biología, ¿a qué se dedicó en México?
Me interesé mucho por los peces, eso me llevó a interesarme por los pulpos y esa convivencia con el mar me llevó a querer proteger a las tortugas. Durante mi etapa como biólogo también estuve trabajando con las ballenas jorobadas; estudiábamos su comportamiento mientras interactuaban con las personas que pagaban para realizar un recorrido y ver animales marinos.

Esa interacción a veces puede romperse por la poca concienciación, ¿colaboró en proyectos para reforzarla?
Participé en varios proyectos así, desde colaborar con una ONG para proteger a las tortugas marinas hasta fundar mi propia fundación para concienciar a la población para que no consumieran huevos de tortuga. Nuestros esfuerzos se centraban en en que la gente comprendiera que no se debía explotar las selvas y demás entornos de manera irracional.

¿Cree que hay mayor conciencia con el medio ambiente?
Creo que sí, sobre todo los niños. Lo que ellos necesitan es tener la oportunidad de acercarse a la naturaleza. Con el tema de las tortugas, organizábamos recorridos nocturnos para ver a las tortugas anidando; eso les cambiaba la perspectiva, decían que no volverían a consumir huevos de tortuga.

Cuando comenzó con la protección de las tortugas, llegó un momento en el que se convirtió en una piedra en el zapato para los narcos, ¿por qué?
Yo tenía el apoyo de los militares, puesto que ellos están obligados a proteger a las especies en peligro de extinción. Implicábamos a la policía local y a cualquier autoridad para llevar a cabo esta protección, pero hubo un momento en que las mafias comenzaron a infiltrarse en la región, cada vez cobraban más fuerza y teníamos que redoblar esfuerzos para que no robaran los huevos de tortuga.

Todo fue a peor, aguantando amenazas y estando a solas en las playas donde no había nadie. Con el tiempo descubrí que la misma policía estaba implicada, así que lo denuncié públicamente. Un día llegó una llamada de las autoridades diciendo que yo estaba en el punto de mira de las mafias, iban a por mí, a sí que tuve que tomar la difícil decisión de dejar de patrullar en las playas. Delegué el trabajo a biólogos muy competentes y me marché de México a España.

¿Volvería a su país?
Sólo a visitar a la familia, no a vivir. Lo intentamos dos años después de irme, empecé a trabajar para una autoridad de medio ambiente a nivel nacional y a los cinco meses ya estaba amenazado de nuevo.

En su libro explica que el afán de vivir deprisa de los humanos ha hecho que desconectemos de la naturaleza, ¿qué hace falta para reconectar?
La naturaleza nos está gritando, las formas sutiles que tenía para pedirnos ayuda ya no funcionan. Hay una barrera en nuestra sociedad que nos está impidiendo ver el mensaje que nos está mandando para que reconectemos con ellos y desarrollemos una relación más equilibrada.

Nuestros ancestros tenían un vínculo excelente con la naturaleza, sólo aprovechaban lo que necesitaban de ella, y ahora nosotros nos sentimos superiores y no nos importan, o no somos conscientes, de las consecuencias que van a ocurrir. Es momento de abrir los ojos y darnos cuenta del regalo de la naturaleza.