Los hijos de las presas de Sevilla van al parque gracias a un grupo de voluntarios

Marta, una de las voluntarias, con dos menores.
Marta, una de las voluntarias, con dos menores.
CARLSO ESCOLÁSTICO

María Gracia tiene casi un año. Desde que nació vive en la cárcel de Alcalá de Guadaíra , sólo de mujeres, donde su madre cumple condena.

La niña, de grandes ojos negros, sólo conoce los muros del patio y las rejas de su celda. Hoy domingo es el primer día que sale a la calle.

Los niños viven con sus madres hasta los 3 años, que se los lleva un familiar o una familia de acogida"

Marta Campos, una de sus cuidadoras, la ha llevado a jugar con las
palomas del parque de María Luisa . La pequeña está alucinada.

Marta tiene 20 años, estudia Magisterio y es la coordinadora de los voluntarios de la ONG Fundación Padre Garralda Horizontes Abiertos que cada domingo se encarga de sacar a la calle a los niños de estas madres presas.

Para esta joven, estos niños son increíbles, los más especiales del mundo. Son sonrientes y agradecidos. No lloran, no se pelean y no se quejan por nada. Ignoran el sentido de la posesión y son muy maduros. Miran todo de manera diferente. Te huelen, te tocan, te buscan con la mirada, te agarran.

Los niños son sociables, más maduros de la cuenta y muy observadores"
Están como dormidos,
faltos de estímulos.

Se fijan en todo: un coche, un mayor; pero, sobre todo, en los niños que van con su padre y madre. «Esa unidad les atrae», dice José María, otro voluntario.

El grupo se vuelca. Su compromiso es sagrado. Los domingos, cita con la libertad.

"Rechazan la figura masculina"

Cuando María Gracia, Candela, Susana, Iván o Vanesa ven un juguete, se resignan, ni lo piden. Cuando ven a un hombre, lo rechazan. Se comportan con gran frialdad. En la cárcel no conviven con su padre y la figura masculina no existe porque todo son mujeres. «Cuando me conocen, me pegan», dice José María, de 26 años y opositor.

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