Esclerosis múltiple
El director de ‘La rosa de los vientos’, Bruno Cardeñosa, en los estudios de Onda Cero. JORGE PARÍS

La noche del 9 de junio, Bruno Cardeñosa sorprendía a sus oyentes con un mensaje muy personal: "Hace unos días fue el día de la esclerosis múltiple. La Fundación Atresmedia se sumó a la campaña, que tenía el lema 'más cerca de lo que piensas hay una persona con esclerosis múltiple'. Sí, es cierto: la hay al otro lado de La rosa de los vientos. Soy uno de ellos".

El director del programa de Onda Cero confesaba así una enfermedad, sin cura y degenerativa, que le diagnosticaron hace unos cuatro años, cuando tenía 42. Lo hacía acompañado por colaboradores que desde hace mucho tiempo son también grandes amigos. "Me sentí arropado y es importante porque lo que iba a hacer no tenía vuelta atrás", apunta.

Sentado en la redacción de Historia de Iberia Vieja, revista que también dirige, Bruno reflexiona sobre el que ha sido su momento más íntimo delante de un micrófono. "Hablar de mi enfermedad en antena ha sido liberador", afirma. Sabía que tarde o temprano tendría que hacerlo y el instante llegó tras "quemar una serie de etapas". "Es una decisión que tomo porque una vez que se lo cuentas a los tuyos, a tus amigos, en el trabajo... te animas a dar el siguiente paso. No lo iba a hacer público hasta que no lo supiera mi madre y se lo dije hace unos meses", explica.

Sus dos hermanos conocen la situación desde el principio, pero a ella no quiso preocuparla y hasta hace poco tiraba de picardía para ocultarle los síntomas: "Si un día cojeas más le dices que te has caído. Si quiere caminar le propones coger un taxi porque estás cansado. Si te duele la cabeza, te aguantas. Puedes hacerlo al no vivir en la misma ciudad". La distancia que les separa es de 300 kilómetros, los que hay entre Madrid y Zaragoza. Él nació en Ourense pero creció en la capital aragonesa, antes de mudarse a Bilbao para estudiar Periodismo.

El infierno comenzó en mitad de una tertulia radiofónica. La voz empezó a fallarle y andar en línea recta le resultaba imposible, una sensación similar a la embriaguez. "No era doloroso pero sí incomprensible", recuerda. El primer diagnóstico fue de ictus pero diecisiete pruebas después, la resonancia detectó "multitud de heridas en el cerebro". Estaba claro: era esclerosis. Ahora había que determinar si múltiple o lateral amiotrófica, la temida ELA. La confirmación, a través de una punción lumbar, tardó seis meses en llegar, seis meses "de mucho miedo": "No quieres tener esclerosis múltiple pero piensas que con ella vas a poder. Con la ELA nadie puede. Es devastadora".

Bruno Cardeñosa, director de Historia de Iberia Vieja y La rosa de los vientos

La esclerosis múltiple se conoce como la enfermedad de las mil caras porque no presenta el mismo patrón en todos los enfermos. Bruno padece episodios no muy intensos pero sí prolongados. La medicación que toma —dos pastillas al día— trata de reducir su frecuencia y grado pero no los evita. El periodista los equipara con una línea: "Tienes un brote, sube y luego baja, pero nunca al nivel que estaba". A él le fallan principalmente las extremidades inferiores y al menos una vez al mes sufre una caída grave. "Siempre hay algo que la motiva. Por ejemplo, un movimiento determinado con la silla", cuenta.

"La movilidad de las piernas me preocupa mucho por eso hago ejercicios todos los días. No ves una respuesta, pero no puedes dejar de hacerlos porque el cuerpo tiene que estar engrasado", continúa. A simple vista no se le nota la cojera pero el dolor está ahí, nunca se va, y hay que aprender a convivir con él. Porque esta es una patología "visible en un estado avanzado, por la utilización de una silla de ruedas o por una discapacidad evidente, pero que en la mayor parte de los casos pasa desapercibida". "La campaña de este año es muy real. Me sentí muy identificado. Cerca de ti hay alguien con esclerosis múltiple y no te has dado cuenta pero sufre, y mucho", clama.

Abrumado por los miles de mensajes de apoyo que ha recibido desde que lo dijo en el programa, este comunicador espera que su testimonio contribuya a ahondar en esa visibilidad. También le gustaría que sirviera para sensibilizar a la gente: "Que no te juzguen si te caes, hablas raro o tiras el café. No saben qué es lo que puede haber detrás".

Después de dar este importante paso, su próxima aspiración es lograr que la enfermedad y cómo vaya a progresar dejen de ser "un runrún constante" en su cabeza, alcanzar instantes de cierta desconexión. Para ello tiene un gran aliado, su audiencia. La evolución es una incógnita pero mientras pueda, seguirá acudiendo cada fin de semana a la cita con sus oyentes.