Pedro Sánchez y Carmen Calvo
Pedro Sánchez, junto a Carmen Calvo, en el pleno del Congreso. J. P. Gandul / EFE

Después de semanas esperando a que sus adversarios políticos se deshicieran en crisis internas, La Moncloa ha encendido los motores de cara a una sesión de investidura que será "pronto" y que ya no se contempla que pase más allá de la mitad de julio. Si hasta hace días los negociadores de Sánchez apuntaban con toda tranquilidad al mes de septiembre, la previsión que se extiende ahora es que Pedro Sánchez no superará la segunda semana de julio, la que va del lunes 8 al viernes 12, sin intentar ser investido de nuevo presidente del Gobierno.

Será la tercera vez que se somete a una votación de investidura y no parece que para ello los diputados se vayan a quedar sin vacaciones en agosto. La primera vez que lo intentó, tras las elecciones de diciembre de 2015, salió mal y dio lugar a la repetición de las elecciones. La segunda, hace poco más de un año, lo convirtió en presidente del Gobierno. Ahora, la estrategia está desplegando junto a su jefe de gabinete, Iván Redondo, y el secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, consiste en una huida de aquellos dos momentos.

Por una parte, Sánchez huye del "no es no", que en 2016 se convirtió en su seña de identidad contra la abstención a la investidura de Mariano Rajoy, por jugarse el puesto para defender un voto en contra. Pero tampoco quiere verse en la misma situación que en la moción de censura, cuando aceptó los votos de los partidos independentistas, que terminaron uniéndose a PP y Ciudadanos para tumbar los Presupuestos -y finiquitar la pasada legislatura- porque no atendió a sus demandas soberanistas.

Según explica, cuando insiste a PP y Ciudadanos que se abstengan no lo hace porque se enmiende a sí mismo en 2016. Ahora, dice, es distinto que cuando Rajoy, porque cuando él defendía el no a su investidura era porque había otras combinaciones posibles en el Congreso. Hoy "no hay alternativa" a un Gobierno presidido por Sánchez. El nuevo equilibrio se reflejó el año pasado, cuando la moción de censura lo convirtió en presidente, pero con unos apoyos, de ERC, Bildu y entonces PDeCAT, que ahora no repetirá si no tiene más remedio. Según sostienen en Moncloa, si la abstención del PP o de Ciudadanos no lo impide.

Abstención de los independentistas

ERC y Bildu son socios de acción política en el Congreso y la semana que viene tomarán una decisión definitiva sobre su postura de cara a la investidura. Junto a Vox, el PSOE se niega a negociar con los abertzales pero ya ha mantenido varios contactos con los catalanes. De momento, ambos se inclinan por no "bloquear", es decir, por la abstención que en actual equilibrio de fuerzas es algo que vale tanto como votar que sí. Aunque el Gobierno intenta desvincularlo, la inclusión de Bildu en la mesa del parlamento Navarro "facilita" que sus diputados en el Congreso no rechacen la investidura de Sánchez.

Con la abstención de ERC y Bildu, Sánchez contaría con más votos a favor que en contra en una segunda votación, siempre que Unidas Podemos sumara con el PSOE como sí habrán los dos diputados de Compromís y el Partido Regionalista Cántabro.

A pesar de las reiteradas peticiones que día sí y día también Sánchez, el PSOE y el Gobierno hacen a PP y Cs para se abstengan por "responsabilidad" en una investidura que es una "cuestión de Estado", Pablo Casado y Albert Rivera no lo tienen en mente. También puede contar con el voto en contra de los diputados de Vox, Coalición Canaria, Unión del Pueblo Navarro -después de lo que pasó esta semana en Pamplona- y de JxtCAT, que no podrían frenar la investidura ni aunque sus tres miembros suspendidos renunciaran al acta para dar entrada a diputados con derecho de voto.

Negociación Sánchez-Iglesias

Para que este rompecabezas esté completo, sin embargo, falta que Sánchez convenza a la tercera de las fuerzas que, junto a PP y Cs, puede permitir o impedir la investidura. Tras un primer contacto en serio el lunes pasado, Sánchez e Iglesias siguen encallados en la negativa del primero a darle al segundo la coalición de Gobierno que reclama.

Según el Gobierno, Sánchez ofreció a Iglesias puestos "importantes" en la Administración pero no los ministerios que Iglesias cree que le corresponden en un gobierno de coalición, más ahora que PSOE y Podemos acaban de firmarlos en La Rioja o Baleares. Hace dos días, el presidente dejaba claro que no piensa seguir el mismo camino. Sí cree que Unidas Podemos "tiene todo el derecho a verse representado en la Administración Pública" pero cerró la puerta a ministros morados. Su oferta, dijo, es "razonable, sensata, amistosa". "Espero que cuente con el apoyo para la investidura".

De momento, Podemos respira hondo, pide prudencia y hace gala de la "discreción" que pactaron Sánchez e Iglesias y que los morados observan cómo la otra parte se salta. Se limitan a apuntar que no se toman la idea de los puestos importantes no ministeriales como una propuesta formal, no la van a responder y aseguran que mientras los contactos son "constantes". A pesar de todo, la portavoz de Podemos, Noelia Vera, decía hace unos días que la negociación va "bien".

El PNV y los ministros de Podemos

Mientras, el PNV, el partido de quien en los últimos años terminan dependiendo en buena medida las decisiones importantes, espera a que Sánchez e Iglesias se pongan de acuerdo para que termine de aclararse el resto de apoyos. El sí de los nacionalistas vascos sería el tercero que han dado a la investidura de un presidente del Gobierno. Aún no está garantizado porque de momento sólo ha habido un contacto entre su portavoz en el Congreso, Aitor Esteban, y Ábalos y de él no quedó muy claro qué es lo que quiere el PSOE.

En todo caso, para los vascos no es un problema que en el Gobierno haya ministros de Podemos, porque además entienden que, en ese caso, el Ejecutivo actuaría en una sola dirección y no dependiendo de quién ocupe cada cartera. Sí es una línea más roja que se desvirtúen consensos alcanzados con el PNV, como cuestiones relativas a la reforma laboral o a las subidas de impuestos que, aun con el concierto, también terminarían afectando a Euskadi.

A pesar de todo, como dice un dirigente político, se espera que en la semana que entra "esto empiece a coger macheta". Se abren las apuestas para la investidura en la segunda semana de julio.