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Concha Mayordomo y Ana de Blas enseñan su publicación, en la Fundación Entredós. JORGE PARÍS

Como La Biblia para los cristianos, el Gombrich es el libro sagrado de la Historia del arte. Sus más de 600 páginas abarcan con minuciosa claridad cada una de las etapas de su evolución. Sin embargo, el gran maestro Gombrich se olvidó –o no– de introducir ciertas hojas en su best seller: aquellas que incluyen grandes obras de arte con firma de mujeres.

¿Es fruto de una casualidad? Con el empeño de resolver esta pregunta, la artista María Gimeno se embarcó en el proyecto Queridas viejas. A modo de performance, la mujer agarra un cuchillo y poco a poco va desencuaderando el gran manual; así, acaba por introducir las páginas olvidadas de estas artistas.
Historias como estas son las que recoge la revista digital Blanco, negro y magenta, que arroja luz sobre el talento oculto de las mujeres y reivindica una representación paritaria, tanto en los reconocimientos como en los altos puestos de la cultura institucional.

"Lo que hacen las mujeres puede ser muy meritorio, pero no pasa el filtro de la historia", denuncia la periodista y diseñadora de la revista, Ana de Blas. Sentada a su lado, la presidenta de la asociación Concha Mayordomo amplía la explicación: "Hasta hace muy poco, todo lo que hacía una mujer artista se llamaba arte femenino; una perversión para impedir que ellas llegaran a las élites culturales". Concha y Ana se reúnen semanalmente en la Fundación Entredós, un espacio feminista que "favorece y sostiene relaciones de mujeres que transforman el mundo", reza la entidad. Desde ahí diseñan las próximas ediciones de la revista, que desde su nacimiento en 2017 ha publicado un total de seis números.

En palabras de la presidenta, "Blanco, negro y magenta nació de la necesidad de hacer públicas las actividades de la asociación de mujeres artistas [de la que ambas forman parte]". Sin embargo, no buscaban un mero boletín de la asociación, "querían hacer algo con contenido periodístico". De este modo, la revista incluye artículos, crónicas, entrevistas, reportajes, así como firmas invitadas de profesoras, historiadoras, comisiarias y criticas de exposiciones, entre otras.

Eso sí, siempre enfocado al movimiento social feminista de las artes. "Hay otras revistas de esta disciplina, pero ninguna tan enjardinadas en el movimiento de mujeres como lo estamos nosotras". "Intentamos que tenga un contexto social en el que se marca el trabajo de las mujeres artístas, porque nostras sabemos que viven en su tiempo y son un termómetro de la realidad", añade.

La mirada "crítica" con la que ellas contemplan la cultura se respalda en un pilar fundamental: la exclusión. Defienden que las mujeres "están invisibilizadas, incluso borradas de la historia cuando habían aparecido". Llegados a este punto, las artivistas –como se hacen llamar– dejan la teoría a un lado: "Un buen ejemplo es Maruja Mallo, cabecilla de la Residencia de Estudiantes, que con el tiempo desapareció. Fueron sus compañeros los que lo provocaron", dice Concha. Ana escoge otro caso más cercano. "Desde que el Museo del Prado abrió sus puertas, solo ha hecho una exposición sobre una artista (Clara Peeters)". Es por eso que "algunas mujeres llaman a la pinacoteca el 'Museo del Patriarcado'".

Sin embargo, para las promotoras de la revista "el talento está igual de bien repartido, el problema es social". A las magentas, como también se les conoce, no les gusta la metáfora de las gafas moradas. Ana le añade un nuevo sentido: "Parece que nosotras usamos un filtro de color y somos las feministas quienes vemos todo teñido de morado, pero es el resto de gente quienes llevan unas gafas de no ver. ¡Quitaos vosotros las gafas oscuras y ved la realidad en su diversidad!", reivindica.

De ahí, que la revista tome por nombre negro, blanco y magenta. "El color blanco identifica a las adolecentes en cuanto a la pureza, el negro, a las góticas y las magentas, todas las demás, con sus puntos blancos y negros, explica Concha. Porque el origen del nombre surge de una exposición, comisariada por ella, que trataba de representar todos los estereotipos de las adolescentes.

Todo un conjunto de elementos que hacen de esta publicación, cuatrimestral y gratuita, una contribución al boom feminista contemporáneo. Aunque hable de mujeres, también está dirigida a hombres. Y aunque los hombres sean un mínimo porcentaje de los lectores de Blanco, negro y magenta, también "son muy afines". A pesar de lo mucho que queda por hacer en el ámbito de la igualdad, "está manos de las mujeres aprovechar esta corriente feminista y conseguir que no se convierta en una moda", concluye la presidenta de la asociación de mujeres, Concha Mayordomo, quien el pasado lunes recibió un premio por su trayectoria artística.

Páginas para la reflexión

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La revista digital Blanco, negro y magenta es cuatrimestral y gratuita. Dirigida por dos mujeres, se trata de un espacio de arte y feminismo, un lugar de encuentro y reflexión. "Imágenes y palabras que invitan al movimiento, a la acción pero también al recuerdo a la reivindicación", prometen las impulsoras.